jueves, 27 de agosto de 2015

Día 17: Kumamoneando a lo grande



Hola a todos desde Kumamoto. Como diría Belén, hoy nos hemos salido del camino de baldosas amarillas para ir a un destino no tan turístico pero que tiene cosas muy bonitas que ver. Se nota que no es un destino como los demás - no hemos visto ningún español y tampoco italianos, tan solo un par de parejas de americanos aquí y allá. Principalmente, la gente viene aquí a ver el Castillo de Kumamoto, tremenda fortaleza de hace más de 500 años que está prácticamente intacta. Lo hicieron tan bien que estoy seguro que a estos jipis no los conquistó nadie durante siglos. Es que no hay cojones de pasar - paredes altas y empinadas, un foso alrededor... es inaccesible.






Sin embargo, antes de iniciar el viaje - y como muchos sabéis - nos enteramos que Kumamoto tiene una mascota que ganó un premio nacional aquí en Japón, llamada Kumamón. Orgullo de la ciudad, parece. Kumamón está por todas partes y este vídeo nos hechizó en su momento. El oso tiene gracia, el jodío, aunque - ver segundo vídeo - hay un lobby de gente que dice que es un pirómano que actúa por la gloria de Satán.







Luego llegaremos al tema de Kumamón. Hoy hemos alcanzado el conocimiento a través de la ignorancia, gran virtud que tiene el ser humano a veces - y no es por la enigmática estatua que está en el vídeo anterior. A ver, si semejante pensamiento filosófica tuviese que ver con una tuerca con dos cojones colgando, pues no tendría mucho sentido. Pensaréis que es filiosofía barata, pero tendréis que seguir leyendo para averiguar de qué hablo. El día ha empezado en Miyajima, saliendo bastante pronto del hotel. No teníamos muy claro a qué hora salía el tren directo a Kumamoto pero hemos estimado que cogiendo un ferry a las 09:25 nos valía para ir sobrados. La combinación ferry + metro tarde unos 40 minutos y vimos que el siguiente tren de Hiroshima a Kumamoto era a las 10:23. Llegábamos a Hiroshima a las 10:19, pero sabíamos el número de vía. Hemos llegado sobre el límite. Bueno, casi.

Belén: Javi, ¡¡¿¿¡¡qué coño haces !!??!!
Javi: Lo siento, pero voy en ayunas y yo sin un café con leche no me subo. ¿Quieres uno?
Belén: ¡Va, que el tren está aquí!

El caso es que me ha dado tiempo a comprarlo y hemos subido, sin asiento reservado, al tren que iba a Kumamoto. Nuestra sorpresa llegó cuando apareció el revisor. La conversación, un tanto adulterada, fue así.

Revisor: Lo siento, jovenzuelos, pero ustedes no pueden estar en este tren.
Javi y Belén: ¡Pero si tenemos el Japan Rail Pass pata negra, el verde, el guay! ¿Cuál es el problema, oficial?
Revisor: Un segundo... (saca una tablet, traduce algo y nos la enseña) - este es un tren superrápido y no entra en el pase. (traduce algo más) Quizás ustedes quisieron coger un jarro de cerezas.
Javi: ¿¡¿Qué?!?
Revisor: Sakura. Es un fallo del traductor, guiri sabihondo garrulo cabronazo.
Belén: ¿Y ahora qué? ¿Qué tenemos que hacer? Somos dos guiris desvalidos sin mucho dinero.
Revisor: A ver, señora, déjese de hostias porque si se han sacado el Japan Rail Pass verde es que no duermen debajo de un arroyo. Como está claro que os habéis equivocado, os bajáis en la siguiente estación y desde allí cogéis otro tren a Kumamoto. Y lo dejamos pasar.
Belén: Es usted mi ídolo. ¿Quiere un abanico de Ming?
Revisor: Es mi deber. Mejor le da usted el abanico a otra persona.







Es verdad, el tipo rechazó el abanico. El caso es que nos bajamos en Kokura. Hemos tenido media hora para sacar billete, volver a los andenes y coger el tren y en ese tiempo hemos aprendido que Kokura iba a ser el destino de la segunda bomba atómica allá por 1945. La ciudad tenía un almacen de armas muy grandes, objetivo prioritario de los yankis... pero aquel día estaba nublado y como no vieron exactamente dónde tirarla para reventar dicho arsenal, se desviaron al segundo objetivo de la lista: Nagasaki. Lo dicho, la ignorancia del Japan Rail Pass se ha traducido, por casualidad, en conocimiento de la historia de la humanidad. Eso que ganamos todos.





Hemos comido en el buffet del hotel, 15 EUR por cabeza y hasta las mismísimas trancas. Hemos llegado al Castillo de Kumamoto a las 14:05, más o menos, cogiendo un taxi que tenía cargador de iPhone y Android. Qué puto amo, el taxista guay. Sabíamos que el castillo era grande, pero es que es enorme, y bien conservado. Se puede subir hasta arriba y notas el peso de la historia, cómo se defenderían de los malos durante siglos y siglos. Tremenda fortaleza, como dije antes. Muy bien conservada, una visita muy bien estructurada y solo por 200 Yenes, que al cambio es como un euro y medio. Creo que si se coge el Japan Rail Pass, merece la pena desviarse para ver esta maravilla de castillo. A ver, el tren es gratis con el pase, el hotel nos ha costado 77 EUR con desayuno incluído y la entrada al castillo roza lo ridículo. Un día bien empleado. Hasta nos hicimos fotos con unos samurais. Igual eran unos julais disfrazados, pero ellos decían que eran samurais. Aunque yo les dije que era actor porno y hasta se sorprendieron. Pringaos.













Podríamos haber visitado parques y jardines. Hay un museo del arte y nosequépollas - ¡palabra esdrújula! - pero qué coño, queríamos ver a Kumamón. Tampoco es que haya sido muy difícil. Ha sido bajar del tren y antes de picar billete para salir ya había una tienda con todo tipo de mamonadas de nuestro oso favorito, el amigo de los niños, el compañero total. No hemos conseguido ver a nadie disfrazado de Kumamón, y de esa que se ha librado ese hijoputa porque el cachondeo iba a ser máximo con él. Hemos dado una vuelta por el centro - muchas tiendas, mucho que ver. Belén se ha comprado un vestido japonés, he visto una camiseta que ponía en letras japonesas "sin alcohol no hay vida" pero no me cabía... hemos comprado arroz para ver si la cámara revive metido en él... y por supuesto, hemos adquirido grandes cantidades de merchandising de Kumamón para tener algún detalle con la gente que siempre está ahí, con nosotros. Es más el detalle y el hecho de que lo traemos desde el quinto coño, más que el producto en sí.





Tras una parada en el hotel, vamos a ir a cenar y después de copas. He localizado un bar, llamado Rock Bar Days, que promete ser una pasada. Os lo contaremos mañana ya desde Kobe, destino que improvisamos sobre la marcha, muy famoso por su deliciosa carne que, sin duda, probaremos.

PD: El Kit Kat de té verde es una pasada. Mucho mejor que el normal. Y diría que más popular por aquí.



PD2: Casi se me olvida. El Reto de Bebidas Japonesas no ha salido muy bien hoy... Otra vez, Belén ha tirado a dar.



PD3: Unos segundos para vosotros, unas horas para nosotros. Hemos vuelto de nuestra salida nocturna en Kumamoto y ha sido espectacular. Fabuloso. ¡Increíble! El vídeo que está antes de estas líneas es un adelanto de lo que podréis leer mañana. Bueno, eso y todo lo que hemos puesto en Twitter. Hemos triunfado con la comida y el bar de música. Si lo llegamos a saber, nos quedamos en Kumamoto un día más. ¡Qué cachondeo!

7 comentarios:

  1. Kumamon qué grande!!!

    Pero la china de dos coletas de la coreografía le hace sombra a Kumamon!!!!!

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    1. No te imaginas el ambiente que hay en Kumamoto! Hoy ya en Kobe. Besitos mi niña

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  2. HOLAAAAAA, ya estoy en Palma y, lo primero que he hecho es ponerme al dia de nuestro viaje. siento mucho la hnula comunicacion que he tenido (problemas de telefono), ahora leere y, mirare todo lo que habeis hecho, os quiero chicos

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    1. Nos alegra que te pongas al día. Esperamos que lo disfrutes ;)

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  3. Buenisimo el video de Kumamoto!!! Jajajajaja
    Me encanta leeros aunque tengo poca cobertura, me va a dias y voy seleccionando. Geniales!
    Marta

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  4. Buenisimo el video de Kumamoto!!! Jajajajaja
    Me encanta leeros aunque tengo poca cobertura, me va a dias y voy seleccionando. Geniales!
    Marta

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