jueves, 9 de junio de 2011

Día 5: Adiós Kuala Lumpur, hola otra vez, Taipei



Hola a todos desde Taipei - no puedo creer que haya vuelto. No tengo mucho tiempo, así que iré cronológicamente. La última noche en Kuala Lumpur la pasamos en un restaurante italiano. Tiene cojones que probablemente los mejores raviolis que he comido en los últimos años sean en Malasia, pero es la verdad. El problema fue llegar al restaurante. Primero, la gente del hotel nos intentó timar con un conductor que decía que no sabía dónde estaba la calle con más restaurantes de la ciudad. Decidimos ir en transporte público, pero nos dejaba a 15 minutos andando. Llovía un poquito, pero al contrario que Belén - fuente natural de sabiduría - decidí no llevar ni chubasquero ni paraguas.



Un poquito. Su puta madre.



No llovió fuerte del todo en esos 15 minutos pero llegué al restaurante estresado porque no lo encontraba y hecho una auténtica sopa malaya. El caso es que el restaurante salvó la noche. Por la mañana vimos que aquella opción que teníamos para ir en Business definitivamente salió bien - por unos 37 EUR cada uno además. Esto es lo típico que si te sale bien, la empresa - Optiontown - son unos cracks, unos fenómenos, unos visionarios y si sale mal, unos sinvergüenzas hijos de puta que crean expectativas para nada. Salió bien, así que ole los cojones de Optiontown. Hacía 9 años que no viajaba en Business en un vuelo largo y era la primera vez para Belén. Asientos reclinables hasta 180 grados y un espacio brutal para dormir a pierna suelta, que es lo que hicimos. El mejor vuelo que recuerdo, oigan.


Taipei ha mejorado mucho en estos últimos nueve años. La ciudad ha ganado mucho en limpieza, los taxis ya no parecen sacados de una película de Almodóvar y todo lo importante está igual o mejor. Para mí es muy especial estar aquí y hacerlo con Belén es mucho mejor - me llegué a aburrir mucho en esta ciudad, la verdad. Ayer, eso sí, fue un día un poco fallido que acabó muy bien. Fuimos a un supuesto outlet que fue un fiasco - ropa mala y carísima. Eso sí, los carteles mostraban el descuento en % y pensábamos que era el precio - pensamos en comprar la puta tienda entera y montar un mercadillo en Barcelona. Fuimos a un sitio que servían pato Pekín que era el puto agujero más insalubre, sospechoso y siniestro de la ciudad. Nos fuimos, claro. Tampoco hicimos nada especial... hasta la noche.



De momento hay dos grandes cosas. Primera, el hotel es impresionante. De las mejores habitaciones que hemos estado nunca. Grande, espaciosa y con un centro de control domótico al lado de la cama que controlas el no molestar, las luces, la temperatura... una pasada. El cuarto de baño es casi tan grande como mi salón, el personal atento y amable... Coño, ojalá hubiese estado en este Royal Biz Taipei cuando estuve aquí, más barato e infinitamente mejor que el Sheraton, pero los puntos de hotel que pillé y cómo los utilicé con Belén marcan la diferencia.





Segundo, el Roxy Rocker. Quien me conozca sabe un poco que mi bar favorito del mundo se llama Roxy 99 y está aquí en Taipei. Pues bien, su dueño Ling Wei ha abierto un bar llamado Roxy Rocker que es aún mejor. Es impresionante. Primero, mantiene el espíritu del 99 - que ahora solo abre tres veces a la semana y al que iremos esta noche - con miles de CDs para elegir, siempre de música rock, indie y con gran selección. La guinda del pastel es que dentro del bar hay una habitación insonorizada con capacidad para 50 personas que es el paraíso de cualquier fan de la música. Hay revistas de música, docenas de ejemplares del difunto Melody Maker y la colección personal de discos de Ling, unos 10,000 ejemplares. Dentro hay una DJ que solo pincha los vinilos que le da la gente. Ella no puede pinchar nada salvo que no tenga peticiones. Hay acceso a Internet con dos iMacs y muchos sofás, es increíble...





Nada más llegar, Ling estaba avisado de que vendríamos y se portó como un caballero. Hablamos muchas veces hace 10 años, muchas veces iba al bar solo para hablar con él. Nos mostró el bar y estuvo superamable con nosotros, tratándonos como auténticos VIPs. No se podía creer que uno de los motivos por los que había vuelto es su bar. Pusimos cuatro canciones, encontradas en el caos de vinilos que hay por todas partes - Elephant Stone de Stone Roses, Man on the Moon de REM, Come on Eileen de Dexy's Midnight Runners y Bohemian Rhapsody de Queen. Ling y yo hablamos muchas veces del perfecto primer disco de Stone Roses y pese a que no están ordenados, tardé 10 segundos en encontrarlo. ¿Casualidad? Es muy divertido coger 30 discos al azar y ver portadas, si reconoces los grupos, si hay alguna muy hortera... mientras te tomas una cerveza en el sofá. Y cuando acabes, coges 30 más.








Hoy iremos al Taipei 101, el Chang Kai Shek Memorial Hall y el mercado tecnológico. Ya saben dónde voy a acabar la noche. En el mejor bar del mundo con la mejor mujer del mundo. Díganme qué plan supera esto, porque no lo puedo ni pensar.



PD: También fuimos el Snake Alley, el mercado de las serpientes. Me da mucho asco el tema, la verdad. Sitio sucio, rancio y lleno de bichas. Ir una vez está cojonudo por verlo, Belén incluso compró algo, pero ya es como la sexta vez que voy en mi vida. Y la última.

3 comentarios:

  1. Ostia, antes de leer el post, he visto las fotos y pensaba que habíais ido a una biblioteca o algo así, jajaja

    Mola mucho ese bar, genial!

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  2. increíble bar, has tenido que disfrutar como un enano. me sigue gustando mucho second coming de stone roses también

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  3. Mira que Taipei me motiva más bien poco, pero algún día habrá que pasar por tu bareto...

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