Hola a todos desde Barcelona. Como sabéis (y si no lo sabéis, lo sospecháis) se nos han jodido todos los planes que teníamos en 2020, incluído un gran viaje veraniego. Aprovechando que nos conocimos en 2000, para celebrarlo íbamos a dar la vuelta el mundo pasando por Nueva Zelanda y Canadá. Hemos comprado un montón de ropa térmica que ahora no vamos a usar - coño, estoy pensando en aprender a esquiar solamente para darle uso a toda esa mierda - y en fin, esperamos poder hacer el viaje en 2021. Nada nos lo asegura, pero somos optimistas.
En línea con el buen sentido del humor que demostramos en este blog (aunque seguro que hay alguien a quien no le hace ni puta gracia y en tal caso, amigo lector crítico, te puedes ir directamente a la mierda y ducharte con vinagre y caca de mono el resto de tu vida), ya que no podemos dar la vuelta al mundo, hemos decidido dar la vuelta a la manzana. La idea original es de nuestro amigo Óscar Cuesta y tenemos que decir que fue una vuelta a la manzana muy provechosa. No diremos dónde ni cómo, pero durante la vuelta a la manzana hasta nos hicimos el test del COVID-19 - por cierto, nos salió negativo a los dos, sin anticuerpos.
La primera decisión era muy importante: dar la vuelta a la manzana para un lado o para el otro. Parece que no, pero esta entrada del blog hubiese sido muy distinta sin vamos para el otro lado, claro, igual no nos habríamos fijado en las mismas cosas. Salió dar la vuelta en el sentido contrario de las agujas del reloj, así que lo primero que vimos es un chorro de tiendas asiáticas. Lo primero que vemos es un todo a 100 que ahora es más bien una tienda de plantas. Suponemos que el dueño tuvo un problema con la mafia china porque le faltan tres dedos, pero es un crack y alguna vez le hemos defendido cuando algún gilipollas se caga en él delante nuestro. Es un tío currante, amable, aunque quizás tenga un pasado tortuoso, quién sabe. Antes de llegar a la esquina hay una frutería pakistaní, una peluquería china, un badulaque con una gran selección de sangrías cutres pero que nos da mucho avío, sobre todos los fines de semana, y un bar regentado por chinos, el Luna. Es uno de mis sitios favorito del barrio, porque está en el chaflán, tiene buenas vistas, corre el airecillo, la cerveza está fría y el café está bueno. Qué más se puede pedir, oiga.
Pasada la farmacia, en la que intentamos entrar lo mínimo por motivos obvios (mala señal entrar mucho en una farmacia, ¿no? Hay un límite en la cantidad de pañuelos de papel, pasta de dientes o condones que se pueden comprar, con casi todo lo demás, es que algo chungo te pasa) está la joya de la manzana, la Lactancia Municipal. Belén os explica perfectamente su historia en el vídeo, pero la Lactancia hoy en día es una Residencia para personas mayores. Tras una serie de comercios random y un restaurante peruano de los muchos que hay por la zona llegamos a la Floristería Vilaplana, que estaba cerrada, y de ahí al Piccata.
El Piccata es nuestro restaurante de referencia en la manzana. Su sueño, David, apareció en el blog cuando fuimos a Japón: fuimos a cenar juntos en Tokyo y acabamos en un karaoke muertos de risa. David está sorteando la crisis como puede, y tiene la ventaja de que tiene una potente legión de fieles clientes en el barrio, con lo cual depende del turismo mucho menos que casi todos los restaurantes de Barcelona. Aprovechamos para saludarlo y recordar los tiempos de Japón. David es un gran viajero, más que nosotros, pero por mucho que lo intentamos: 1) no conseguimos que escriba su blog y 2) no nos contrata para viajar con él y hacerle un blog y una película. Pero ha ido a sitios muy chulos, la verdad. Al otro lado de la calle está la Casa Golferix, que si bien no está en la manzana, hemos decidido hacerle un vídeo.
El tercer tramo de nuestra manzana es el más soso de todos. Hay otra farmacia (cruzando la calle hay una tercera, por si acaso), un restaurante tailandés al que deberíamos ir más pero como el Piccata está en medio nunca vamos, y un hotel, el Leonardo Gran Vía, que irónicamente está en la Calle Diputación, que es la paralela a Gran Vía. Gilipolleces de directivos idiotas, seguro. Tiene bastante más gracia todo lo que hay alrededor y no está estrictamente en la manzana, principalmente la cafetería Ugot, con unas tartas brutales, y L'Atelier, una pastelería no muy lejana donde hacen los mejores croissants rellenos de Barcelona. Iría a una competición con estos croissants y me llevaría el primer premio, seguro.
En el último tramo de la manzana está el mítico Tango, una sala de fiestas perfectamente insonorizada. Es increíble, porque el local es grandísimo y no se oye un puto ruido fuera. El Tango, con los años, ha evolucionado y tiene dos versiones: a veces cambia durante el día. La primera es la versión clásica, una sala especializada en gente de más de 55 años con ganas de bailar. Os sorprendería la fauna que hay dentro, tíos echaos p'alante pensando que aún pueden follarse a alguna de las viejas, señoras con más pintura que la puerta de un estadio de fútbol dejándose querer... Suponemos que la música serán pasodobles, Raphael, Julio Iglesias y demás. La segunda versión es un discoteca gay, de ambiente, con su cuarto oscuro para hacer marranadas - no es que hayamos ido, es que hay carteles que indican dónde ir. No hemos ido a la versión pollavieja cañí, pero sí a la versión gay, particularmente en los dos últimos fines de año, y nos hemos reído un montón. Sería divertido, eso sí, que alguien se equivoque y vaya al horario equivocado, particularmente en el caso de un machito sesentón con dos viagras en el cuerpo, dispuesto a impresionar a las señoras con su temple y su rabo potente, y que de repente vea el percal de gente joven disfrazada y abiertamente gay. Vaya shock.
No queremos olvidarnos del Bar Diamante, el punto de encuentro por excelencia, estratégicamente colocado entre nuestra casa y el Mercadona. Herminio, su dueño, se parece a Josep Pedrerol y es un currante ejemplar. Parece muy serio pero luego tiene un sentido del humor bastante sarcástico. Está en el chaflán, justo al lado del Tango, y aunque hay tres bares en esta esquina, el bueno es el suyo. También está la Ferretería Usmania, lugar a evitar por sus altos precios, pero claro, si se te jode alguna cosa urgente, es la opción por defecto. Teníamos un restaurante chino debajo de casa pero salieron pitando con el tema de la pandemia y no han vuelto. Eso sí, se han dejado el wifi puesto, lo cual es muy importante. Nuestro wifi no llega al cuarto de baño pero el suyo sí, y si queremos cagar mirando Internet, es ellos o nada. Espero que no se den cuenta de su error en un tiempo. Es fundamental, oigan.
Queda pendiente hacer una vuelta a la manzana expandida: esto es, la vuelta a la manzana pero por la acera del otro lado. Si la hacemos, veréis que hay desde una escuela de protocolo (¡hola, Pablo!), un puticlub chino (¡hola, Eustaquio!), tiendas de comida argentina, un parking, el hotel Villa Emilia, una tienda ultrarrancia y carísima, una copistería con un perro dentro y hasta un spa. Eso lo dejamos para otra ocasión, si este post tiene éxito, que tampoco es plan de ir haciendo el gilipollas por el barrio. ¡Hasta la próxima!
PS: Este blog no está completo sin una toma falsa...
PS2: Estamos disponibles para dar una vuelta a vuestra manzana y hacer un vídeo parecido. Nuestras tarifas son insultantemente elevadas, pero obtendrá un blog de gran calidad.
Hola a todos. Ha pasado un cierto tiempo, ¿eh?
Que os podemos decir, 2020 no está siendo el mejor año de nadie. Bueno, a lo mejor, si eres el tío que inventó la aplicación Zoom, que ahora usa todo el mundo, igual estarías metido en una bañera de billetes de 100 dólares riéndote a carcajadas, pero salvo que tu nombre sea Eric Yuan (que es el fulano en cuestión), lo más normal es que 2020 esté siendo un año peor que casi todos los anteriores. El COVID-19 nos ha hecho renunciar a muchas cosas, y aún así tenemos que estar agradecidos de que no se haya llevado por delante a ningún ser querido de momento. Eso sí, ha acabado con todos nuestros viajes, conciertos y principales opciones de ocio. Encima se ha tenido que cancelar la Final Four de la EuroLeague, las finales de la EuroCup... no creo que haya odiado en mi vida a nada más que al puto COVID-19. Ojalá encuentren una vacuna, porque la Nueva Normalidad no me mola nada. A mí me gusta la antigua normalidad y el derecho a hacer lo que me apetezca cuando me apetezca, siempre que me lo pueda permitir y no le haga daño a nadie.
Eso sí, antes del COVID-19, 2020 ya era un año de mierda para nosotros. Lo único que ha hecho el virus es intensificar la sensación. Si miráis nuestras últimas entradas de blog, en Julio de 2020, veréis que fuimos a una gran boda bosnia entre Selver y Jasmina. Dicho mal y pronto, Selver se ha muerto. Nos ha dejado. Poco después de su boda, en un viaje de trabajo a Rusia, le detectaron algo llamado arteria elongada que obligó a que le operaran a corazón abierto en Moscú. Sobrevivió la operación y regresó a España, estaba en proceso de recuperación, inluso había venido a cenar a casa con Jasmina. Y un día, yendo al hospital para un chequeo rutinario, se cayó muerto, fulminado. La pena es grande, porque aunque siempre se hable bien de la gente que fallece, Selver realmente era un tío de puta madre. Positivo, gracioso, con un humor absurdo, una persona buena de verdad, de esas que de verdad merecen la pena. Solíamos comer juntos una o dos veces por semana y disfrutaba mucho de nuestras conversaciones junto con Dani, Ed, Xavi y últimamente Miguel, compañeros de EuroLeague. Es jodido que con tanto hijo de puta en el mundo, esta mierda le tuviese que pasar a él, pero yo al menos utilizaré su ejemplo para intentar ser mejor persona. Dedicar más tiempo a la gente que nos importa porque, no lo olvides, mañana me puede tocar a mí. O a ti.
En fin, esto no deja de ser un blog de viajes, aunque ahora, la verdad, me alegro de no haber escrito nada sobre lo que teníamos planeado para este verano. Belén y yo nos conocimos en 2000, así que en 2020 haremos 20 años desde ese momento, y queríamos dar la vuelta al mundo para celebrarlo. Es el viaje más caro que íbamos a hacer y ya lo teníamos todo preparado. Los que nos conocen saben cómo planeamos estos viajes: con una atención al detalle espectacular, tipo mirar el precio de un vuelo 10 días seguidos hasta que baja un poco, buscar y rebuscar hoteles con muchísima anticipación hasta que sale el que nos gusta en una buena relación calidad-precio, pasar horas y horas mirando excursiones y comentarios de la gente para elegir la opción correcta... todo ha saltado por los aires. Suerte que hemos recuperado todo el dinero de hoteles y excursiones. Y ahí ando, peleándome con las líneas aéreas para poder recuperar el máximo de dinero, ya sea con crédito de vuelo o devoluciones, directamente.
El viaje era de puta madre y ahora dudo que lo vayamos a hacer igual. Salíamos de Barcelona dirección Singapur, pasaríamos dos días en una de nuestras ciudades asiáticas favoritas - no vamos desde 2011 - y de ahí daríamos el salto a Sydney para estar allí tres días. Una vez bien aclimatados, iríamos a Nueva Zelanda durante 12 días, cinco en la isla sur y siete en la norte, con un montón de excursiones que iban desde volcanes a fiordos pasando por una cena con maoríes. Cago en la puta, es escribir esto y ponerme de mala hostia. Íbamos a coger un vuelo la mar de raro, de Auckland, la capital de Nueva Zelanda, a Vancouver, Canadá. El vuelo atravesaba la Línea Internacional del Día, esto es, que en un momento dado de hoy pasábamos a ayer. De hecho, el vuelo salía a las ocho de la tarde del 12 de Agosto y llegaba... a las 2 de la tarde del 12 de Agosto. Seis horas antes. Recuerdo hablar de esto con mi buen amigo Carlos en una cafetería de Sevilla y que casi me explotase la cabeza cuando me di cuenta. Estaríamos cinco días en Vancouver, cinco en Toronto, tres en Lisboa y otros tres en Sevilla antes de volver a Barcelona.
Y claro, todo eso se ha ido a la más absoluta mierda. Firmo perder poca pasta, porque las aerolíneas se han puesto duras con nosotros.
En lugar de eso, tenemos un plan bastante más modesto: me iré una semana a Sevilla a ver a mis padres y amigos, volveré otra semana más a Sevilla, Belén llegará el día 14 de Agosto y estaremos juntos en Urbasur hasta el 18, momento en el cual cogeremos un avión hasta Menorca, donde estaremos una semana. Punto y final. Demasiado que tenemos vacaciones y que nos las podemos permitir con la que está cayendo la verdad. Lo pensamos disfrutar a tope.
Desde luego, si en 2021 somos capaces de volar sin restricciones, replantearemos el viaje a Nueva Zelanda, pero sin dar la vuelta al mundo. Tenemos crédito retenido en Etihad y en Air New Zealand, bastante pasta, y eso nos obliga a tener que usarlo. Seguramente usaremos el crédito de Etihad para ir a Singapur o Kuala Lumpur, pararemos en Sydney porque nos mola, usaremos el crédito de Air New Zealand para ir desde Sydney y coger vuelos internos... y joder, ya veremos cómo mierda volvemos. Estando en las antípodas, la verdad, y eso es de perogrullo, hay la misma distancia volando por un lado del globo o por el otro. La verdad, volver por Asia es mucho más barato, aunque haremos lo posible por demostrar lo contrario y dar la puta vuelta al mundo.
A la vez, intentaremos hacer blog el tiempo que estemos de vacaciones. Estuvimos bastante activos desde que volvimos de Escocia hasta antes del COVID, la verdad. Me tocó ir a Kaunas para el Media Day de EuroLeague, y tuve un estrambótico viaje a Sacramento, USA, donde estuvo unas 22 horas y que da para un capítulo entero de un libro, pero que ya os contaré en persona. Fuimos a Roma en Noviembre, a Londres para mi cumpleaños a ver a Shed Seven y a The Wonder Stuff, estuvimos en Atenas justo antes de que se declarase la pandemia... Y nos hartamos de ver conciertos: White Lies, OMD, Fontaines DC, Primal Scream, 091, Divine Comedy, Kiko Veneno... yo estuve en Bruselas para ver a Liam Gallagher y viajé a Porto para ver a RIDE justo el día que falleció Selver.
Parecen recuerdos de una vida anterior, pero estoy seguro que encontrarán la vacuna, volveremos a reirnos todos juntos y disfrutaremos la vida que teníamos anteriormente con más intensidad, con más ganas de ver a nuestros seres queridos, siendo más conscientes de los buenos momentos.
Eso, o como seres humanos no habremos aprendido un carajo. ¡Esperamos que todos estéis bien! ¡Vamos p'alante!
PS: Con diferencia, es la entrada de blog más difícil que he hecho. Y eso que ha habido algunas a las dos de la mañana en un sudoroso tugurio de Asia, cinco horas antes de coger un vuelo. Esto ha sido mucho peor.
PS2: Somos peligrosos. Twitter nos ha cerrado la cuenta que teníamos allí, con un montón de recuerdos bonitos. Mientras la intentamos recuperar, usaremos nuestras propias cuentas para hablar del blog. ¿Qué coño habremos hecho para que Twitter nos toque los cojones de esa manera?
Hola a todos desde el Lago Ness, nueva etapa final de nuestra Aventura de este verano. El día ha empezado en Aberdeen, donde hemos hecho unas últimas compras - no muchas, porque vamos muy restringidos con el tema del peso en las maletas - antes de salir hacia aquí. Lo dicho ayer: Aberdeen no es imprescindible, pero sí es el mejor sitio donde parar si vas de Edimburgo a Inverness. Belén está mucho mejor tras dormir nueve horas anoche y yo, bueno, lo mío es el insomnio garantizado. Nunca duermo bien la primera vez que duermo en una habitación nueva, y no repetimos desde hace días, así que os podéis imaginar cómo estoy, que me duermo por las esquinas.
La primera parada del día, sorpresa para mí y organizado todo (obviamente) por Belén era el Castillo de Craigievar. Pensé que sería el típico castillo escocés, esto es, un montón de ruinas del Siglo XV con unas vistas brutales pero no, nada que ver. Primero, el castillo está intacto, tal y como se terminó en el Siglo XVII. Creo que ayuda mucho el hecho de que está bastante escondido - hay que conducir por una carretera de piedrecillas durante muchos kilómetros para llegar y claro, así no hay ejército invasor que pueda con ellos, porque ir para allá es de bajada, pero luego hay que subir con las armaduras y su puta madre. Segundo, precisamente por su ubicación, no están permitidos los autobuses turísticos: si quieres ir, tienes que ir expresamente.
Tercero: el castillo es rosa. Le dieron un tono rosa al granito local y de ahí salió el color final. Dicen que Walt Disney se inspiró en el Castillo de Craigievar para el Castillo de la Cenicienta, y visto lo visto, me lo creo totalmente. Hicimos una visita guiada de hora y cuarto que mereció la pena muchísimo, en petit comité, cinco personas, todos con muchas preguntas que hacer a la excelente y sarcástica guía. El castillo perteneció a la familia Forbes hasta los años 1960s y nos contaron varias historias muy buenas. La mejor fue que el chico de un clan rival se enamoró de una de las hijas del Forbes jefe, y el chaval no tuvo mejor idea que colarse en el Castillo de Craigevar, supongo que a ver si se la follaba. Cuál fue su sorpresa que a quien se encontró fue a su padre, que le retó en duelo en una de las habitaciones del castillo. El chico acabó saltando por la ventana, 22 metros al vacío, evitando que un miembro de su familia fuese matado por el clan rival.
Eso, o lo empujaron, vaya. El mejor chiste de la guía fue cuando fuimos a la azotea y yo me quejé de la cantidad de escalones que teníamos que bajar. "Bueno, hay otra manera de bajar y es más rápida, tú mismo". Hijaputa, qué carcajada me sacó. Tomamos un café excelente, compramos una pastilla de jabón deluxe (a veces me da por hacer estas cosas, olía muy bien, qué le voy a hacer) y salimos en dirección a... donde fuese que nos dieran de comer. Esta vez acertamos yendo a un lugar llamado Alford Bistro, elegante, con muy buen servicio y mejor comida. Era nuestra segunda opción, así que me alegro que esos cabrones de la primera opción estuviesen cerrados, ja, ja, joderos.
Por sugerencia de un follower de Aventura Global en Twitter, @powfelo, fuimos a la Destilería de Chivas, llamada Strathisla. Nos pillaba bastante de camino y hacían catas de whiskey, así que perfecto - Belén no iba a beber en ningún caso porque tenía que conducir, pero a mí me apetecía. Llegamos y una señora muy amable nos dijo con muy buenas maneras que nos fuésemos a tomar por culo, que todo lo que quedaba en ese día, desde las opciones de más pasta hasta las catas más sencillas, estaban reservadas por japoneses. Y eso que no se podían hacer reservas online, tócate los cojones. Con gran pesar y unas ganas de beber whiskey que ni John Wayne tras cruzar el Desierto de Sonora nos fuimos a la destilería inmediatamente más cercana: la de J&B. Resultó ser una puta fábrica de whiskey sin acceso al público en general - y a gilipollas como nosotros en particular. Muy amablemente nos mostraron el camino de vuelta a la carretera. Nos mandaron a la mierda, pero muy amablemente. Un vídeo más para la mítica sección "Momentos Chungos en Aventura Global".
Total, que no hubo cata de whiskey y seguimos hasta Elgin, ciudad con la enésima catedral destruída. Está un poco más entera que las demás pero vaya, sigue estando en ruinas. Se ve todo desde fuera y pagar nueve libras por la ruina de una catedral me parece un insulto, un abuso, una farsa, una auténtica pantomima. Hay que ser chorizo para sacarle los cuartos a la gente de esa manera. "Es que ayuda a la conservación del edificio". PERO QUÉ CONSERVACIÓN, SI AQUELLO LLEVA TRES SIGLOS EN RUINAS, HOSTIA. En una jornada de paisajes brutales por todas partes, aproximarnos al Lago Ness al atardecer fue bastante especial.
Lo que no estuvo tan bien fue la llegada a nuestro Bed and Breakfast. Primero, llovió todo el camino hasta el sitio y cuando tuvimos que sacar las maletas y cuando apretó más. Segundo, hemos tenido que subir las maletas por una escalera superestrecha, rollo la del castillo rosa. Hoy es nuestra última noche juntos en este viaje y hay que hacer las maletas bien hechas, esto es, con el peso correcto y tal. Tenemos un pesador electrónico que va muy bien y nos libra de pagar sobrecostes absurdos en los aeropuertos. Las caras de los tipos en el check-in cuando ven que nuestras maletas siempre pesan el máximo posible es un poema, en plan, a estos no podemos encularlos.
Tercero y más importante, llevamos todo el viaje pensando que tendríamos una habitación con vistas al lago y resulta que no. La tía del B&B dice que es la que reservamos, y punto, pero lo dudamos poderosamente. La vista es a la carretera, y cada vez que pasa un coche entra un ruido que ni un comedor social birmano. Encima la habitación es bastante pequeña y reubicar todo ha sido un poema. Al menos nos dejan cenar abajo - probablemente para que ellos limpien menos, no como cortesía - y podremos ver el lago un ratito.
Total, que nos vamos. Nos queda un día completo en Escocia - Belén se irá mañana por la noche a Palma y yo me iré al día siguiente a Faro, a hacer la tradicional ruta Faro - Isla Cristina - Islantilla - Sevilla, pidiendo más favores que Tsipras en la Unión Europea. Dejaremos aparcado el blog unos días y volveremos con dos entradas finales, una de Belén y otra mía, para rematar la temporada. Si os ha gustado, dejad un comentario aquí abajo, y si habéis llegado hasta aquí tras leerlos todos y aún así no dejáis un comentario tras proporcionaros horas de entretenimiento gratis, espero que un enjambre de abejas se introduzca en tu recto, se desorienten toas y empiecen a picar con gran violencia y precisión.
En serio, gracias por leernos. Seguiremos con nuestra misión de vivir lo mejor posible, conocer el mundo y explicarlo por aquí con cierta gracia. ¡Ha sido otro bun viaje veraniego!
Hola a todos desde Aberdeen, Escocia, donde hemos llegado esta tarde. Hemos dado un paseo por la ciudad y sí, hay monumentos interesantes, hemos podido entrar en la Catedral y no está mal, es una buena parada de un día si haces una ruta por Escocia. No es una ciudad superespecial, no vas a ver nada que se te caigan los huevos al suelo, pero no está mal. Hemos cenado en un italiano bastante bueno, con personal italiano. El problema es que los vecinos de mesa, italianos también, han recibido un trato de favor brutal con respecto a nosotros, que nos han tratado con la puta punta del pie. Me han dado ganas de empezar a hablar italiano y como podéis imaginar, lo que más sé son insultos de todo tipo. En fin, buena comida pero pésimo servicio. Hasta nunqui.
Empezamos el día con muchos problemas logísticas. Primero, Belén no está al 100% debido a una herida donde la espalda pierde su santo nombre. En el culo, vaya. Estas cosas pasan, y afortunado es el que no le haya pasado: recuerdo que me pasó a mí hace tres años y me quería MORIR. Belén es una titana, una ídola, una jefaza por conducir tantos kilómetros con tanta precisión en una situación personal tan incómoda. Eso solo lo hacen los cracks. Segundo, no había agua caliente en la habitación esta mañana. Resulta que están haciendo una obra al lado del lado del hotel y de algún modo ha afectado al agua caliente. Como el hotel (The Lane) tenía dos edificios, nos hemos ido al otro a ducharnos. Un poco raro, pero al menos el personal de hotel ha tenido reflejos y solucionado el problema, aunque sea de forma un tanto chapucera.
Tras un buen rato en la carretera, nuestra primera parada ha sido en un extraño sitio llamado Cupar. El pueblo no tenía nada de nada, el típico pueblo salido del culo de la civilización en la que la gente vive no se sabe muy bien por qué. Pero coño, al final nos hemos dejado una pasta en el puto Cupar. Belén y yo hemos tenido una escena muy cómica en la farmacia, en la que la farmacéutica se ha imaginado lo peor al decirle "no, no son hemorroides, es una herida". Encima el nombre de la crema que le ha dado, Anusol, no ayudaba PRECISAMENTE. Hemos comprado revistas, tomado una taza de té malísima que no sacaría puntos ni en un concurso que agua sucia. Hostia, pero esta gente se suponía que sabe de té, ¿cómo es posible que estuviese tan jodidamente malo? Al final hasta yo me he comprado una chaqueta en un outlet que había al lado de donde aparcamos el coche. De locos.
Llegamos at St Andrews sobre las 12:30 para ver un poco la ciudad antes de dirigirnos al campo de golf, el famoso Old Course. La catedral y el castillo están en ruinas, pero igualmente es interesante visitarlos. Comimos un riquísimo bagel de salmón cada uno antes de ir al campo de golf. Por supuesto, nos perdimos dos veces por culpa del puto Google Maps, que sabe de golf lo mismo que yo sé de política uzbekistana. Al final llegamos a un hotel cerca del campo de golf y un señor muy amable, recepcionista, nos indicó dónde ir con una perfección absoluta, paso por paso. Acojonante. Llegamos al club a las 13:58 y teníamos que andar 7-8 minutos al lugar donde empezaba el tour, vaya, que no llegábamos. Un tipo cogió un carrito de golf (buggy, los llaman) y nos llevó allí en un santiamén. Le dimos propina y todo.
Una vez allí, el tour iba un poco lento y Belén se retiró pronto porque no estaba en la mejor condición física. Para los que nos gusta el golf, fue muy interesante. Primero, contrariamente a lo que podría parecer, St Andrews es un campo de golf público y cualquiera puede jugr - el fee en verano para el Old Course, el más famoso de los seis campos de golf en ese área, ronda las 190 libras. Hay una lista de espera que flipas, pero puedes llegar a jugar. Segundo, los domingos no hay golf salvo que haya un campeonato grande tipo The Open. Se abre el parque a todo el mundo, pidiendo que no pisen los greens. En el tur vimos los hoyos 1, 17 y 18. El hoyo 1 es el mismo que es 18, más o menos, solo que uno se juega en dirección opuesta al otro. El 17 es uno de los hoyos de golf más cabrones que existen en el mundo, con un golpe de tee ciego al green, un bunker muy famoso donde salir es casi imposible y una carretera que si la bola cae allí, tienes que seguir jugando. Allí está un puentecillo del Siglo XIII, uno de los símbolos del golf mundial, donde no pude resistir hacerme una foto. Gran visita, recomendada.
De allí nos fuimos al Castillo de Dunnottar, petición expresa de Belén - y quién soy yo para oponerme, por Dios. Como siempre, la recomendación de Belén fue estelar, un castillo en lo alto de risco al lado del mar, con unas vistas impresionantes. Parte de Los Inmortales se rodó allí, también Hamlet. Verlo casi al atardecer fue muy especial, la verdad. Como la Catedral y el Castillo de St Andrews, el castillo de Dunnotar está el ruinas, pero eso no quita que sea una atracción turística de primer nivel. Hemos hecho unas fotos impresionantes. El sitio mola que te cagas.
Una vez en Aberdeen y antes de ser vilipendiados en el restaurante italiano, conseguimos llegar al hotel no sin suspense. Para llegar al parking del hotel (Siberia, 60 EUR la noche con desayuno, un chollo impresionante) había que dar una vuelta importante con una precisión de reloj suizo con una pistola en el pecho si fallas una decíma de segundo. Lo conseguimos, aparcamos de chiripa en el último sitio y entramos. Lo dicho, hemos dado una vuelta y Aberdeen mola, pero no tiene nada que hacer con St Andrews o, por supuesto, Edimburgo.
Mañana seguimos para Inverness antes de separar nuestros caminos - momentáneamente, claro - pasado mañana. Vamos a disfrutar, que esto es muy bonito y a saber cuándo volveremos...
PS: Conducir con estos paisajes es una pasada. Si no fuese por Belén y el coraje que tiene, no lo habríamos hecho nunca.
PS2: Podéis dejar comentarios sobre Escocia o lo que queráis (sin pasarse con temas chungos) debajo de estas líneas. PS3: Me he quedado dormido dos veces escribiendo el blog... Ahora sí, me voy a dormir.