viernes, 21 de agosto de 2026

Japón, día 6: Muchísimo más en Osaka


Hola a todos desde Osaka, nuestra cuarta ciudad en otros tantos días. Mañana tenemos solo 15 minutos de tren de Osaka a Kyoto, donde estaremos cuatro días. Ventajas de una buena planificación, supongo. Como siempre, voy a rebobinar y a empezar por el principio del día. Siempre se me escapan cosas, pero yendo en orden suelen ser mínimas.




Nada más despertarnos, vi que teníamos un mensaje de los dos chicos ingleses que conocimos ayer en el MAC Bar de Hiroshima. Se han ido a Miyajima con el chinojaponés que conocieron ayer. Resulta que el chinojaponés está mazado y posa enseñando bíceps en Instagram. Seguramente su blog alternativo tenga más chicha que este: conocen a alguien y directamente se van a Miyajima juntos. No sé, es raro, pero viva la amistad, el amor, la guarrería o lo que sea que haya entre los dos ingleses y el chinojaponés.

Desayunamos muy temprano en el Oriental Hotel de Hiroshima con division de opiniones: Belén y Nacho piensan que fue un desayuno bastante decente, pero a mi entender era una mierda de categoría. De ahí volvimos a la habitación para ducharnos, rehacer las bolsas (las maletas siguen viajando con la empresa de los gatetes, la del catalán) y pillar un taxi hasta la estación de tren. Compramos unos sándwiches del 7-Eleven que son sensacionales. Al final no nos los hemos comido, pero caerán para el desayuno.




Como dije ayer, no hace falta ser muy listo para orientarse en el Shinkazen. Entras con tu código QR, buscas tu tren, vas al andén, buscas el vagón y te subes. Nada que no pueda hacer cualquiera por mucho que los carteles estén en japonés o en inglés. Una vez en Osaka, fuimos a dejar las cosas al Airbnb, que, pese a decirnos lo contrario por mensaje privado, no nos dejaron entrar antes de las 15:00. Entre pitos y flautas llegamos 40 minutos antes de la hora con el metro de Osaka, que funciona bien aunque con mala frecuencia de paso y eso sí, gente local quedándose sobados dentro de los vagones, esto ha sido muy divertido (ver foto de portada de esta entrada de blog). Total, que decidimos comer en un sitio para hacer tiempo.

Empecé a sentirme mal, con un dolor muy punzante en el vientre. Afortunadamente, todo ha quedado en un susto, nada que no se solucione con un Almax, un poco de reposo horizontal y un paso prolongado por el WC. Ya que estamos con el tema, aún no ha salido lo de los WC japoneses. Lo del chorro de agua en el ojete es opcional, hay que darle a un botón y entonces sale una especie de extensor que te echa abundante agua en todo el ojo del culo. O eso me han contado, porque aún no he pulsado ese botón. Me da palo. El caso es que estuve mucho mejor para dar una vuelta larga por Osaka.




Empezamos en Tenjinbashi-suji, una de las calles comerciales más largas del mundo: casi tres kilómetros de tiendas, principalmente droguerías. Insisto, el producto estrella es el spray que rebaja la temperatura corporal o la de tu ropa. El que traiga este invento a España se va a forrar a lo grande, tiempo al tiempo. Hicimos un Reto de Bebidas, muchas fotos y compramos un par de cosas más o menos necesarias. Nada del otro mundo. La mejor compra la hizo Belén, que se ha llevado una camisa típica japonesa por 700 yenes, menos de cuatro euros. Hay máquinas de cápsulas de juguetes por todas partes, cada tienda tiene dos o tres, y hay centros con cientos de ellas. Es una locura.





Cuando ya estábamos hasta los cojones de ver tantas droguerías, volvimos al metro y en cuatro paradas estábamos en Shinsaibashi-suji, la típica calle comercial de Osaka llena de carteles luminosos en japonés, restaurantes y turistas, muchos turistas por todas partes. Pedimos hora en un restaurante de sushi llamado Kura y nos dieron hora para las 21:00. Eso quería decir que teníamos hora y media para petardear por ahí, y vaya si lo hicimos. 












Acabamos llegando a Dotombori, una calle al lado del río llena de edificios luminosos, pequeños barcos llenos de turistas y el primer anuncio que se puso allí, el Glico Man. Fue instalado por primera vez en 1935 anunciando unos caramelos. La actual es la sexta versión del cartel.





Antes de ir al restaurante, fuimos al sótano de un edificio para beber una rápida en un bar de los Rolling Stones. Realmente suena mejor de lo que parece, porque el camarero, de nombre Masayo, era increíblemente sieso, mirándonos con cierta condescendencia. Coño, que eres Masayo el del bar de mierda del sótano de Osaka, no el puto Mick Jagger. También probamos el takoyaki, una bola de pasta rellena de pulpo. El camarero hablaba español y conocía a Kitoyake, que es de Osaka. Es un jugador japonés que pegó un petardazo legendario en el Sevilla FC, se adaptó menos que Jesulín de Ubrique en el PACMA. 

El restaurante de sushi estuvo bien, comimos hasta hartarnos por 11 euros por persona y hasta nos regalaron unos cinco o seis regalos sorpresa que entre todos juntos podrían valer 12 céntimos de euro. Regalos de mierda, sí, pero fue divertido y la comida estaba buena.

Mañana visitaremos el Castillo de Osaka y seguramente haremos alguna actividad recreativa antes de irnos a Kyoto. Si todo va bien, el domingo tendremos una agradable sorpresa. Ya veréis.







Voy a subir vídeos y descargar fotos. Ha sido un gran día en Osaka. La verdad, no recordaba nada de Dotombori, no me suena que hayamos estado. Todo lo demás sí lo habíamos visto, pero solo por ver esto ha merecido la pena volver, y diría que Nacho ha flipado, así que misión cumplida. So far, so good.

Javi

PS: Un breve comentario sobre la tarjeta PASMO, que sirve para pagar en todos los metros de Japón, incluido el ferry a Miyajima, y en muchos pequeños comercios. Imaginaros que con la misma tarjeta se pudiese acceder al metro de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Necesitamos algo así, nos llevan años de ventaja.

PS2: Hoy nos han rechazado una bolsa del amor de Belén. Esta no la vimos venir.

PS3: Un 10 rotundo para Belén por liderar en el día de hoy, haciendo una hoja de ruta impecable y ejecutándola de manera magistral, empezando suave con la calle larga de tiendas de día y acabando por todo lo alto con el Dotombori. Ha sido fantástico.

jueves, 20 de agosto de 2026

Japón, día 5: Hiroshima tiene de todo


Hola a todos desde Hiroshima, donde estamos haciendo un pit-stop en el hotel antes de irnos a cenar, así que voy a ir adelantando el blog antes de que me toque hacerlo a medianoche. Sospecho que no vamos a salir hasta tarde (iba a decir "a quemar la ciudad", pero no es elegante), así que espero acabar a una hora decente. Por cierto, el desayuno del hotel va de las 06:45 a las 09:30. Es inaudito. El Hotel Oriental de Hiroshima nos ha proporcionado una amplia habitación triple en la que estamos muy cómodos. Ayer lo de ryokan estuvo bien, pero levantarse cada vez desde el suelo es una puta tortura. Los japoneses deben tener las lumbares más duras que el bíceps de Topuria.

Como siempre, rebobinamos al principio del día. Hicimos check-out en el hotel, que nos ofreció llevarnos al ferry gratis. Le dijimos que íbamos al café de enfrente y que luego veríamos si bajábamos andando (15 min) o con ellos. El café de enfrente era muy extraño, parecía una habitación particular y no servían café con leche. La única leche que había era vegetal. Las opciones del menú eran un pastel de limón y dos helados (sí, helados para desayunar), uno de ellos de gorgonzola. Usamos la excusa de que Belén es diabética para salir por patas, aunque deberíamos haber sido sinceros y decirle que su local era muy elegante pero su oferta gastronómica matutina era una porquería, un insulto a esa institución mundial que es el desayuno. Mamones.






Volvimos al hotel casi de rodillas a suplicar que el señor recepcionista nos bajase donde queríamos ir, que era el Starbucks. El tipo sonrió socarronamente en plan "guiris de mierda, se van al Starbucks" cuando le dijimos nuestro destino final. No soy fan del Starbucks pero he de reconocer que desayunamos bien y desde luego, mejor que en el sitio fisno ese de mierda. Echamos un último vistazo al torii y nos fuimos a la calle comercial a petardear, comprando alguna cosilla. Cogimos el ferry hasta Miyajimaguchi y de ahí el tren regional hasta Hiroshima, todo con la tarjeta PASMO y sin perder un segundo. Como dijo Nacho, fue automático.



Teníamos tres objetivos en Hiroshima. El primero era visitar una calle comercial llamada Hondori, de unos 600 metros de longitud con todo tipo de tiendas, había hasta un outlet de Skechers. Habría unas 200 tiendas o así: pop-ups de cosmética, todas las marcas locales con un Uniqlo gigantesco, y un centro comercial donde compré el Otamatone, extraño instrumento musical japonés con el que voy a tocarle los cojones a todo el mundo a partir de ahora. Ya hice una prueba en Tokyo, en el bar del amigo de Júpiter, con resultados catastróficos para cualquiera que le guste la música. El mío es más pequeño y edición Kabuki.





Estuvimos dando una vuelta por el centro comercial antes de ir a nuestro segundo objetivo del día: un edificio de varias plantas llamado Okonomimura, lleno de pequeños restaurantes donde te preparan delante de ti el plato estrella de Hiroshima: el Okonomiyaki, una especie de tortilla de fideos y col que sabe mucho mejor de lo que estoy explicando. Coño, con esta descripción no se la comería ni Dios, menos mal que tenemos vídeos y fotos del producto final.





Belén ha repartido sus bolsitas del amor por todo Japón e Hiroshima no es una excepción. Hoy ha repartido tres: una al taxista que nos trajo al hotel, que nos regaló unos palillos para Nacho sin esperar nada a cambio. Cuando recibió la bolsita con la explicación en japonés de por qué estamos en su país, el tipo flipó. La cocinera del Okonomiyaki también recibió nuestro regalo por su trato y amabilidad. Nos devolvió tres origamis y un cuenco para beber té para Nacho, que siempre es el receptor de todos los pequeños regalos por ser nuestro invitado. El caso es que Nacho aborrece el té, piensa que es agua sucia y se lo va a beber su tía. Ah, qué ironía. El tercer receptor de nuestro regalo fue un dependiente de una tienda de pegatinas que no se merecía la bolsita, gordo de mierda timador, que al final nos cobraste de más.





Volvimos a la calle comercial para comprar alguna cosilla, sobre todo un spray fresco para la ropa que es una maravilla y que estará muy pronto en Europa. Estoy tan seguro de ello que hemos hecho un video. Pasó una cosa muy graciosa. Delante de una de las tiendas había un tío vestido de samurái y solo se veía la armadura. Nacho y yo nos acercamos y no se movía nada de nada, así que decidí gastarle una broma a Belén. "¿Te puedes poner al lado de la estatua esa del samurái y te hago una foto?" El resultado es descacharrante. Estuve riéndome varios minutos. Recordó a aquello que pasó en 2013 cuando fuimos a Vancouver. No fue tan gracioso como aquello, que casi me muero de risa allí mismo, pero tuvo gracia. Tambien tuvo mucha gracia el Reto de Bebidas de hoy, que Belén ganó por goleada. Ha sido muy gracioso, estos dos estaban descojonados con mi reacción. Ojo porque este reto de bebidas es HISTÓRICO.



Rápidamente cambiamos de registro.



Al final fuimos al Museo Memorial de la Paz en Hiroshima, que sirve para recorder al mundo entero el horror que causó la bomba atómica cuando fue lanzada el 6 de Agosto de 1945. El museo cuesta solo 200 yenes, poco menos de un euro, y muestra fotos explícitas de las consecuencias de aquella catástrofe provocada por el ser humano que esperamos que nunca se repita. Ya que ellos han sido tan directos, vamos con los datos tal y como son: alrededor de 80000 personas inocentes murieron de forma instantánea, 60000 más fallecieron antes de que acabase 1945 y la radiación acabó con 60000 más, sin contar los efectos secundarios físicos y mentales que tuvieron los supervivientes y sus generaciones posteriores. El museo muestra la realidad tal y como fue: muertos, heridos, consecuencias de la radiación... Lo que más me ha afectado es ver que hubo mucha gente que murió días después con las arterias y venas perforadas. Empezaron a tener manchas internas de sangre hasta morir desangrados. Una barbarie.






También vimos lo que llaman el Monumento de la Paz de Hiroshima o la Cúpula de la Bomba Atómica. Es un edificio que estaba a 150 metros del epicentro de la bomba, el más cercano que resistió el impacto. Se decidió conservarlo tal cual para que la gente nunca olvide lo que pasó, y el recinto del edificio contiene varios monumentos construidos a posteriori, incluyendo una campana que los visitantes pueden tocar en honor a la paz mundial. Es un sitio con una energía negativa difícil de describir, pero es necesario visitarlo. Fue un contraste fuerte, pasar de estar todo el día descojonados a tener un nudo en la garganta... pero es necesario hacer estas cosas. De hecho, es la única petición explícita de Nacho en el viaje: visitar este museo. Le honra muchísimo.

Volveré después de la cena, que tengo que despertar a estos dos, que se están pegando un siestorro a las ocho de la tarde. Son mis ídolos.



Bueno, hemos ido a cenar a un sitio de carne que ha elegido Nacho y la verdad es que ha estado muy bien. Long story short, hemos ido a un bar llamado MAC que nos recomendó nuestro amigo Júpiter, ese crack total. Es un bar con como 10000 CDs que te pinchan lo que tú pidas. Estaban poniendo rock setentero y hemos transicionado al britpop con Pulp, Oasis y demás. Estábamos con dos ingleses y un chinojaponés que simpatizaban con nuestra causa musical. Hemos echado un buen ratito y de ahí nos hemos ido a un karaoke a cantar una hora. En tres palabras: Nacho lo peta. Y sí, se nos ha hecho más tarde de lo que pensábamos, pero qué más da, estamos de vacaciones, joder. 

Eso es todo por hoy, que no es poco. Unas postdatas y lo dejo.

Javi

PS: No hay papeleras en Japón. Bueno, hay pocas, muy pocas. La gente carga con su basura durante horas. Es acojonante.

PS2: Creo que lo peor del día ha sido la espera para que nos sellasen el Tax-Free en la tienda de música donde compramos el otamatone. Han sido 10-12 minutos, pero han parecido doce horas. Hijos de puta, qué inutilidad. Por cierto, desde hace unos meses te descuentan el IVA directamente en las tiendas de Japón; presentas el pasaporte con un sello de entrada reciente y ya te lo hacen.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Japón, día 4: Ryokan, vistas y calor en Miyajima



Hola a todos desde Miyajima. La escena actual es la siguiente: estamos en un ryokan, habitación tradicional japonesa con suelo de tatami. Nacho y Belén están dormidos, reventados, semicomatosos, y yo estoy empezando a escribir el blog en una esquina de la habitación intentando no hacer mucho ruido. El problema es que no sé cómo ponerme. Si cruzo las piernas, estoy incómodo, si las estiro, es peor, porque el tour de force por Japón de hoy ha sido muy exigente físicamente hablando. Hasta Nacho está fundido: tiene 18 años y es deportista. Creo que los he reventado a los dos. #stillgotit

Vamos al principio: toque de diana a las 06:30 con las maletas hechas para dejarlas en recepción y que Yamato, la empresa del señor este catalán con dos gatetes en el logotipo, nos lleve las maletas a Kyoto para recogerlas el día 22. Así iremos a Miyajima, Hiroshima y Osaka con una bolsa más pequeña, aunque la de Belén pesa como si hubiese robado el banco de plomo de Tokyo. Desayunamos y a las 07:30 nos recogió un taxi muy pulcro que nos llevó a la estación de Tokyo a toda hostia.





Tenía curiosidad por ver cómo de difícil era lo de manejarse con los trenes en Japón. Todos habéis escuchado historias de gente perdiéndose y liándola parda. No es nuestro caso. No sé si es que somos muy listos o el resto de la gente es, dicho de forma fina, más despistada, pero solo se necesita un poco de organización. Tenemos un grupo de WhatsApp en el que puse todos los códigos QR de los trenes.

- El código QR es tu ticket
- En el código QR te indica tren, vagón y número de asiento
- El tren se mira en las pantallas, con mirar la hora de salida se encuentra fácil
- El vagón está indicado en el suelo del andén, todos los trenes miden lo mismo y paran igual








Vamos, que no hay que ser Einstein o Yoshiro Nakamatsu, que tiene publicadas 3,500 patentes y es un inventor muy famoso aquí. Las salas de espera son pequeñas pero tienen una pequeña tienda con snacks y café, y el tren es superespacioso, muchísimo. En el camino hasta Hiroshima, Belén escribió todas las postales del viaje. Si ya has recibido alguna vez las postales de Belén, ya sabes de qué hablo. Son increíbles.



Al llegar a Hiroshima teníamos que sacar billete para un tren regional a Miyajimaguchi, que conecta con el ferry a Miyajima. No teníamos billete porque sale uno cada 15 minutos. Salimos del Shinkazen, Belén fue al panel de horarios y yo a la máquina. El primero salía en siete minutos. ¿Da tiempo? Sí. Llegamos al sitio correcto, pasamos el billete, vía 1, venga, para alante. Menos mal que esto era complicado, pensé. Sabrá la gente lo que es complicado. Lo mismo con el ferry: un pedazo de cartel diciendo que aceptan la tarjeta PASMO. Tenemos PASMO, tenemos crédito, pues para alante. En una hora y 10 minutos estábamos en Miyajima.



Hemos hecho una parada en el famoso torii rojo, que estaba en plena marea alta parcialmente cubierto por el agua. A las 19:30 o así es la marea baja y se puede ver en toda su dimensión y apreciarlo desde abajo. A ver, que yo creo que nadando también se llega fácil con la marea alta, pero es una gilipollez hacerlo. Es la gracia del torii, uno de los símbolos de Japón. Joder, si sale hasta en el WhatsApp como emoji.



Tras hacernos una buena sesión de fotos digna de cualquier guiri pesao... nos fuimos al hotel sorteando ciervos y yendo cuesta arriba con un calor de mierda. Menos mal que el catalán tiene las maletas gordas a buen recaudo, qué crack. A uno intentamos darle de comer, pero no nos persiguieron como en Nara. En general, Miyajima se ha convertido en un hub turístico con menos encanto que antes, pero todavía mola mucho.





Tenía una sorpresa preparada, que es este hotel tradicional y muy japonés. Nos probamos unas batas que nos han dado para el onsen (que es una especie de spa japonés) y estos dos cabrones se han reído de mí hasta prácticamente caerse al suelo. Debe ser porque no hay espejos y no se han visto, pero si ellos creían que iba hecho un mamarracho, pues ellos estaban con las mismas putas batas. Decidimos desafiar el calor y subir montaña arriba hasta el telesférico de Miyajima, porque arriba sabemos que están las mejores vistas que hemos visto en nuestras vidas, y hemos viajado un poco. Queríamos que Nacho viera esas vistas, era uno de los objetivos del viaje.












No ha decepcionado, claro, pese al palizón. A Belén le ha dado un mínimo parraque. He tenido que beber cuatro botellas de agua porque casi me deshidrato. Nacho dice que le han dado "los siete males", literal, pero tras subir lo que nos han parecido 1,452,989 escalones, hemos llegado al mirador.



Y wow. Qué maravilla. No se puede explicar y las fotos no hacen justicia al sitio. Hemos estado poco tiempo porque salía el último teleférico y en el estado físico en el que estábamos, habríamos tenido que bajar rodando. Pero qué cosa más increíble de lugar. Sin palabras.

Hemos vuelto casi arrastrándonos al hotel y estos dos han caído como si no hubiesen dormido desde que España ganó el mundial de fútbol. El de 2010, digo. Voy a hacer una pausa y luego sigo con lo que hagamos por la noche. Son unos segundos para vosotros, y unas horas para mí. No me he dormido ni un segundo para que ellos sean felices. He sido fuerte y me he mantenido despierto. 





Aquí estamos otra vez. Hemos ido a cenar supertemprano porque todo aquí cierra a las 20:00, hasta los 7-Eleven. De hecho, no había NADIE en la calle. Claro, la gente viene a pasar el día en Miyajima pero no se queda a dormir, como pasa en ciudades con muchos cruceros tipo Dubrovnik. Hemos ido a un sitio a comer sopa y ostras, que son la especialidad de la isla. Hay caladeros de ostras por todas partes alrededor de Miyajima y los bichos son supergrandes, nada que ver en sabor y textura a las de Europa. Hasta hemos probado la cerveza local de Miyajima que, oh sorpresa, estaba bastante buena.




El torii de noche estaba perfectamente iluminado, pero la marea no había bajado lo suficiente como para ir andando sin mojarse. Si querías hacerte la foto debajo del torii (nombre oficial: Torii Flotante del Santuario Itsukushima), tenías que meterte en el agua hasta las rodillas y, con mala suerte, si había una ola guasona, mojarte los huevos. Hemos decidido hacer fotos desde fuera, claro, que se moje su puta madre para una foto ultraposturera. También hemos ido al onsen del hotel. Tienes que ir en pelota picada, pero como estábamos solos, nos hemos quedado valientemente con el bañador puesto.



Vamos a acabar la noche viendo Pulp Fiction antes de cerrar el petate e ir a Hiroshima. Será otro gran día, garantizado.

Javi

PS: Los japoneses son muy agradecidos. De hecho, son extremadamente agradecidos. Exasperantemente agradecidos. Es raro que te hayas ido de un restaurante sin que cada persona te diga gracias (Arigato gozaimasu) cuatro veces. Imagina ir a un restaurante y que el camarero, a gritos, te diga ¡¡¡GRAAACIASSS!!! ¡¡¡GRAAAACIAAAS!!!, así cuatro veces. No sé, lo veo excesivo.


PS2: Parte de la experiencia de estar en un ryokan es vestir una yukata. Hombres y mujeres la llevan. Os dejo con nuestra pequeña sesión de fotos.