Nada más despertarnos, vi que teníamos un mensaje de los dos chicos ingleses que conocimos ayer en el MAC Bar de Hiroshima. Se han ido a Miyajima con el chinojaponés que conocieron ayer. Resulta que el chinojaponés está mazado y posa enseñando bíceps en Instagram. Seguramente su blog alternativo tenga más chicha que este: conocen a alguien y directamente se van a Miyajima juntos. No sé, es raro, pero viva la amistad, el amor, la guarrería o lo que sea que haya entre los dos ingleses y el chinojaponés.
Desayunamos muy temprano en el Oriental Hotel de Hiroshima con division de opiniones: Belén y Nacho piensan que fue un desayuno bastante decente, pero a mi entender era una mierda de categoría. De ahí volvimos a la habitación para ducharnos, rehacer las bolsas (las maletas siguen viajando con la empresa de los gatetes, la del catalán) y pillar un taxi hasta la estación de tren. Compramos unos sándwiches del 7-Eleven que son sensacionales. Al final no nos los hemos comido, pero caerán para el desayuno.
Como dije ayer, no hace falta ser muy listo para orientarse en el Shinkazen. Entras con tu código QR, buscas tu tren, vas al andén, buscas el vagón y te subes. Nada que no pueda hacer cualquiera por mucho que los carteles estén en japonés o en inglés. Una vez en Osaka, fuimos a dejar las cosas al Airbnb, que, pese a decirnos lo contrario por mensaje privado, no nos dejaron entrar antes de las 15:00. Entre pitos y flautas llegamos 40 minutos antes de la hora con el metro de Osaka, que funciona bien aunque con mala frecuencia de paso y eso sí, gente local quedándose sobados dentro de los vagones, esto ha sido muy divertido (ver foto de portada de esta entrada de blog). Total, que decidimos comer en un sitio para hacer tiempo.
Empecé a sentirme mal, con un dolor muy punzante en el vientre. Afortunadamente, todo ha quedado en un susto, nada que no se solucione con un Almax, un poco de reposo horizontal y un paso prolongado por el WC. Ya que estamos con el tema, aún no ha salido lo de los WC japoneses. Lo del chorro de agua en el ojete es opcional, hay que darle a un botón y entonces sale una especie de extensor que te echa abundante agua en todo el ojo del culo. O eso me han contado, porque aún no he pulsado ese botón. Me da palo. El caso es que estuve mucho mejor para dar una vuelta larga por Osaka.
Empezamos en Tenjinbashi-suji, una de las calles comerciales más largas del mundo: casi tres kilómetros de tiendas, principalmente droguerías. Insisto, el producto estrella es el spray que rebaja la temperatura corporal o la de tu ropa. El que traiga este invento a España se va a forrar a lo grande, tiempo al tiempo. Hicimos un Reto de Bebidas, muchas fotos y compramos un par de cosas más o menos necesarias. Nada del otro mundo. La mejor compra la hizo Belén, que se ha llevado una camisa típica japonesa por 700 yenes, menos de cuatro euros. Hay máquinas de cápsulas de juguetes por todas partes, cada tienda tiene dos o tres, y hay centros con cientos de ellas. Es una locura.
Cuando ya estábamos hasta los cojones de ver tantas droguerías, volvimos al metro y en cuatro paradas estábamos en Shinsaibashi-suji, la típica calle comercial de Osaka llena de carteles luminosos en japonés, restaurantes y turistas, muchos turistas por todas partes. Pedimos hora en un restaurante de sushi llamado Kura y nos dieron hora para las 21:00. Eso quería decir que teníamos hora y media para petardear por ahí, y vaya si lo hicimos.
Acabamos llegando a Dotombori, una calle al lado del río llena de edificios luminosos, pequeños barcos llenos de turistas y el primer anuncio que se puso allí, el Glico Man. Fue instalado por primera vez en 1935 anunciando unos caramelos. La actual es la sexta versión del cartel.
Antes de ir al restaurante, fuimos al sótano de un edificio para beber una rápida en un bar de los Rolling Stones. Realmente suena mejor de lo que parece, porque el camarero, de nombre Masayo, era increíblemente sieso, mirándonos con cierta condescendencia. Coño, que eres Masayo el del bar de mierda del sótano de Osaka, no el puto Mick Jagger. También probamos el takoyaki, una bola de pasta rellena de pulpo. El camarero hablaba español y conocía a Kitoyake, que es de Osaka. Es un jugador japonés que pegó un petardazo legendario en el Sevilla FC, se adaptó menos que Jesulín de Ubrique en el PACMA.
Antes de ir al restaurante, fuimos al sótano de un edificio para beber una rápida en un bar de los Rolling Stones. Realmente suena mejor de lo que parece, porque el camarero, de nombre Masayo, era increíblemente sieso, mirándonos con cierta condescendencia. Coño, que eres Masayo el del bar de mierda del sótano de Osaka, no el puto Mick Jagger. También probamos el takoyaki, una bola de pasta rellena de pulpo. El camarero hablaba español y conocía a Kitoyake, que es de Osaka. Es un jugador japonés que pegó un petardazo legendario en el Sevilla FC, se adaptó menos que Jesulín de Ubrique en el PACMA.
El restaurante de sushi estuvo bien, comimos hasta hartarnos por 11 euros por persona y hasta nos regalaron unos cinco o seis regalos sorpresa que entre todos juntos podrían valer 12 céntimos de euro. Regalos de mierda, sí, pero fue divertido y la comida estaba buena.
Mañana visitaremos el Castillo de Osaka y seguramente haremos alguna actividad recreativa antes de irnos a Kyoto. Si todo va bien, el domingo tendremos una agradable sorpresa. Ya veréis.
Voy a subir vídeos y descargar fotos. Ha sido un gran día en Osaka. La verdad, no recordaba nada de Dotombori, no me suena que hayamos estado. Todo lo demás sí lo habíamos visto, pero solo por ver esto ha merecido la pena volver, y diría que Nacho ha flipado, así que misión cumplida. So far, so good.
Javi
PS: Un breve comentario sobre la tarjeta PASMO, que sirve para pagar en todos los metros de Japón, incluido el ferry a Miyajima, y en muchos pequeños comercios. Imaginaros que con la misma tarjeta se pudiese acceder al metro de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Necesitamos algo así, nos llevan años de ventaja.
PS2: Hoy nos han rechazado una bolsa del amor de Belén. Esta no la vimos venir.
PS3: Un 10 rotundo para Belén por liderar en el día de hoy, haciendo una hoja de ruta impecable y ejecutándola de manera magistral, empezando suave con la calle larga de tiendas de día y acabando por todo lo alto con el Dotombori. Ha sido fantástico.































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