martes, 25 de agosto de 2026

Japón, día 10: sudando en el Fushimi Inari



Hola a todos desde Kyoto. Mañana seguimos nuestra Aventura Global por la bonita ciudad de Nagoya, que ha recibido varios premios de sevillanía por su rima excesivamente malsonante. De momento estamos aquí hasta las 10:30 de la mañana. Vamos a intentar cambiar el billete de tren por uno más barato sin asiento reservado, como hicimos improvisando en Osaka. Si nos sale bien, es una jugada bastante buena.




Mi Gran Reto de Comidas de ayer era una cena en un restaurante de lujo en el corazón de Gion, el barrio de las geishas de Kyoto. Fue un menú de ocho platos con algunos de los mejores trozos de carne que hayamos probado en nuestras vidas. Nos cocinaron todo delante de nosotros con una atención al detalle y una exquisitez impresionante: cuando penséis en lo meticulosos que son los japoneses, no os hacéis una idea en realidad. ¿El precio? Es mejor que ciertos números no salgan a la luz, pero digamos que nunca había pagado tanto por una comida. Me dieron una buena hostia, vaya. :) 








Pero vaya si mereció la pena, qué cojones. Un día es un día, igual ninguno de los tres vuelve por aquí, ¿quién sabe? Acabamos la noche volviendo al Rocking ING bar, el mismo de la noche anterior. Intentamos ir a un bar de vinilos y estaba petado de guiris, así que fuimos sobre seguro a un bar en el que escuchar buena música, hacer coña con el camarero y echarnos unas buenas risas. De hecho, hoy volvemos al ING porque Júpiter está en Kyoto y hemos quedado con él.



Lo primero que he hecho al levantarme por la mañana es mirar la predicción del tiempo. Lo bueno es que no iba a llover y podíamos subir al Fushimi Inari sin problemas. Lo malo es que daban 39 grados con una humedad del 80%, o sea, un tiempo parecido al del apocalipsis. Bueno, eso no nos iba a frenar porque llevamos años queriendo hacer esto, Belén y yo, porque ya estuvimos, y Nacho porque lo había mirado.








El Fushimi Inari es un santuario sintoísta, no un templo, ubicado en la base del Monte Inari, montaña patrona de los negocios en Japón. El camino a la cima está cubierto por 32.000 torii, puertas naranjas que están puestas una detrás de otra. Hay varias formas de subir y nosotros hemos ido un poco por la que nos ha dado la gana. Los torii son donaciones de particulares, familias o empresas. También está la posibilidad de comprar pequeños toriis y pedir prosperidad para tu negocio, que es lo que ha hecho Belén para su efervescente negocio como directora de casting.



He perdido la cuenta, pero hemos debido subir unos 1.300 escalones, bajando también unos cuantos. Es un momento interesante para reflexionar, aunque, claro, está todo lleno de guiris, algunos respetuosos, pero otros haciendo el cafre. Llegamos bastante bien a la base del santuario, hay una parada de metro llamada Fushimi Inari que es final de trayecto, hay que ser muy torpe, rozando la incapacidad mental, para perderse. Una vez llegas ahí, se trata de subir y en un día como el nuestro en Kyoto, sudar.






A mitad de camino y tras 20 minutos subiendo y sudando la gota gorda, nos pasó rozando un jipi con una motocicleta a 140 kilómetros por hora, dándome una colleja, derrapando y frenando (sin tocar ningún torii, con una destreza increíble) a 10 metros de donde estábamos. Mientras se quitaba el casco, fui directamente a cagarme en todas sus muelas.

- A ver, pedazo de subnormal, que casi me matas. Además, ¿quién coño sube al Fushimi Inari con una Kawasaki Z1000, puto suicida?

+ (quitándose el casco) ¡¡¡CALVICHIIIIIIII!!! Qué viejo estás, cabrón miserable. 

- ¡COÑO, SI ES LEE E. FITTIPALDI! ¡BELÉN, MIRA QUIÉN ES!

Lee nos contó que toda la pasta que había ganado en los dos o tres últimos años la perdió en dos divorcios y jugando al cinquillo, así que ahora se había metido en algo llamado All Japan Road Race Championship (MFJ Superbike), donde estaba currándolos a todos porque "son unos mierdas que pisan el freno en cada curva". Nos gustó mucho ver a Lee otra vez, que siguió su camino para alcanzar la cima del Monte Inari en 17 segundos. Hay que recordar que Lee E. Fittipaldi no existe, es un personaje ficticio en este blog, producto de nuestra imaginación, e intentamos que su vida sea lo más interesante posible.






Volviendo a la realidad, sí, llegamos a la cima, que es bastante decepcionante. Sí, hay un santuario arriba, pero es una birria de santuario para la paliza que te pegas. Uno espera poco más o menos que el Vaticano, pero no. La montaña tiene un desnivel de 233 metros, que son 63 más que el Castillo de Montjuic en Barcelona, o sea, que hay que echarle cojones para subir en un día de calor abrasador: prácticamente hemos visto a Belcebú haciendo una barbacoa en la calle. Otra curiosidad que no viene en las guías: el agua vale cada vez más cara según subes, qué hijos de puta, tanto en tiendas como en máquinas expendedoras. Consejo: comprad botellas de agua congeladas en un convenience store y id bebiendo de allí.






Belén y yo hemos acabado reventados del todo. Nacho estaba fresco como una rosa con su camiseta del Sevilla de Ivica Dragutinovic que le he regalado por sorpresa antes de empezar el viaje, pero Belén y yo íbamos pidiendo la hora en la bajada. Belén ha aguantado como una titana con un mareo importante y yo estaba sudando por todas partes. Me caían gotas de sudor de la visera de la gorra; la he tenido que lavar. Ha habido un momento en que me he quitado la camiseta y la he exprimido para sacar sudor de allí, para el disgusto de unos guiris que me miraban como si estuviese loco. Al final hemos llegado abajo, completando nuestra misión, y lo hemos celebrado con Coca-Cola Zero con más hielo que en el iglú de Pingu.






No hemos hecho nada más así de interesante, pero yo os lo cuento para rellenar un poco el blog, por si no teníais suficiente con la gilipollez esta de Fittipaldi. Hemos ido a comer a un centro comercial, en un bar de pasta malísimo. Toda la cocina europea aquí es un auténtico asco comparada con la original. Lo contrario no es siempre así: en Europa hay buenos bares asiáticos en general y japoneses en particular, aunque no todos lo son ni muchísimo menos. Aquí nadie come cerdo agridulce o pollo con almendras, ni en China tampoco. Aquí lo que va son sopas, tonkatsu, bolas de pulpo, comida buena en general.

Hemos hecho un par de compras de las cuales no me está permitido revelar detalles, y nos hemos vuelto a nuestro tríplex en Kyoto para hacer las maletas. Por fin voy a viajar con Karen, mi nueva maleta, a ver qué tal. Esta noche tenemos una cita con Júpiter y la última parada en Kyoto del Gran Reto de Comidas, que continuará en Tokyo los días 27, 28 y 29.

Lo estamos pasando muy bien, la verdad. ¡Mañana más!

Javi

PD: Sí, la sociedad japonesa es consumista: todo el mundo trabaja y gasta a todo meter. Les gustan las sorpresas, por eso prosperan negocios como las máquinas de bolas con regalos desconocidos, sobres sorpresa y todo tipo de ludopatía con un premio garantizado, aunque sea mierdoso. Y son coleccionistas, por eso aún hay tiendas de vinilos y CDs por aquí, como si fuese España en los años 90. Es maravilloso. Me representan.

PD2: Kyoto tiene un delicado equilibrio entre tradición y tecnología; entiendo por qué le gusta tanto a Belén. Hay templos y se siguen muchas tradiciones basadas en el silencio, el respeto y el desear buenas cosas a las personas y a la vez, muchas opciones de hacer prácticamente cualquier cosa que se te ocurra. Hay que venir aquí una vez en la vida.

lunes, 24 de agosto de 2026

Japón, día 9: Calor, templos y actividad paranormal en Kyoto



Hola a todos desde Kyoto. Por fin había pillado un poco de sueño, estaba durmiendo la siesta tan tranquilamente cuando ha sonado un trueno acojonante, del verbo asustar. Tanta ha sido la cosa que Nacho ha bajado las escaleras y ha soltado siete u ocho palabras malsonantes con una expresión de miedo parecida a la de haber visto a Satanás en la puerta del Airbnb. Belén está por ahí, dando una vuelta por una de sus ciudades favoritas del mundo. Luego intentaré convencerla de que escriba un poco sobre su experiencia porque está siendo muy chula, y es mejor que leerme a mí divagar sobre cómo estaba durmiendo la siesta y demás mierdas parecidas.




Ayer nos quedamos en el Gran Reto de Comidas, que empezó con Nacho petándolo a lo grande. Nos llevó a un yakiniku, restaurante especializado en carne, muy distinto al que nos llevó David por la mañana. Menos refinado pero en pleno centro turístico y con carne y marisco. Las vieiras con mantequilla fueron especialmente buenas, y probamos seis tipos distintos de carne y un postre espectacular. Sí, es crema catalana, ¡en Kyoto! Una gran experiencia. El Gran Reto de Comidas continúa esta noche con mi sorpresa, que espero que sea muy especial. Ya os contaré, es una pasada.



Después nos fuimos a un par de bares que estaban muy cerca del restaurante del reto. El primero se llamaba Joker: un bar muy guay en el sótano del hotel con una parroquia muy fiel, todos se conocían y se saludaban, y la Asahi mejor tirada de Japón: bien fría y en una jarra muy gruesa. La música no era muy buena y eso arruinó la experiencia. Nos fuimos a otro bar llamado Rocking IMG en la segunda planta de un edificio. El camarero parecía el hermano gemelo del dueño del MAC Bar de Hiroshima, les enseñamos los discos que había comprado en Tower Records y empezó a poner música de David Byrne y The Strokes. Estuvimos jugando a las cartas, escuchando música y saludando al camarero, que al final se llevó una de las Bolsas del Amor de Belén. Hasta nos puso un par de canciones de Extremoduro. 




Ah, las Bolsas del Amor. ¡Qué momentazos nos están proporcionando! Regalamos dos en Tower Records y se pusieron súper contentos. Hoy hemos dado una Bolsa del Amor a un taxista perfectamente uniformado que utilizaba el Google Translate para que el recorrido fuese un poco más turístico. Ha habido dos chavales japoneses que han accedido a hacerse una foto con Belén y también han recibido amor. En forma de bolsita, no piensen mal, coño.






Hoy ha hecho un calor horroroso, histórico, algo así como 40 grados con una humedad relativa del 70%. Hacía más calor que en una barbacoa en Mercurio, que haciendo flexiones dentro de un asador de pollos, que cargando sacos de arena en el centro del desierto del Sáhara, donde sale la H intercalada en el mapa. Un calor de mierda, vaya, y encima a mí se me han olvidado los libros que estamos sellando en los templos. Nos dimos cuenta antes de subir al autobús y tomamos la sabia decisión de ir a todas partes en taxi en vez de cocernos vivos en la calle. Total, ¿qué son 50 EUR extra en un viaje así para cuatro taxis de trayectos largos? Creo que ha sido la mejor decisión del día.



Nuestra primera parada fue el Pabellón Dorado, o Templo Kinkaku-ji. Es el que sale en la portada del blog y, por supuesto, es una pasada haber tenido la oportunidad de volver. Era un día horrorosamente soleado y eso hizo que el pabellón dorado se reflejara en el agua. Hasta aquí todas las ventajas de tener sol en el día de hoy. Media hora hemos durado en el puto pabellón dorado, abrasados por el calor, sudando la gota gorda, medio mareados del impacto del sol. Hemos sellado nuestros libros en el pabellón dorado, era importante para nosotros. Ha sido muy especial volver.







Tras tomar algo fresco en literalmente CUALQUIER SITIO QUE TUVIESE AIRE ACONDICIONADO, nos fuimos al Bosque de Bambú de Arashiyama, con un número creciente de turistas, incluyendo muchos italianos y unos indios muy maleducados gritando y saltándose las pocas normas que había en el parque. Hijos de puta. No nos veréis en la India ni aunque tengamos que recibir un Óscar de Bollywood. Por cierto, no hay tantos españoles como decían. Se ve que el año pasado vinieron muchos españoles a Japón, y este año hay algunos, pero no son hordas de hispanos.










Nuestra tercera parada ha sido el Mercado de Nishiki, también ultraturístico. Allí la gente va a comprar souvenirs y todo tipo de mierdas, y a comer. Vaya, lo que viene a ser un típico mercado asiático. Hemos comido por menos de 10 EUR por cabeza: Nacho ha tirado por el udón, Belén por las gyozas y yo me he pedido una cosa imposible de describir que era como un okonomiyaki de pulpo. Estaba bueno.












Ahí nos hemos separado: Nacho y yo hemos ido a comprar un par de camisetas a Adidas y también he pillado una de Japan Underground, una tienda muy chula con pop-up stores por todo Kyoto. Hoy estaban en una tienda tradicional de kimonos, cágate. Belén ha tenido una tarde más productiva. Os dejo con ella y se despide hasta mañana su humilde servidor Javi.



(anexo by Belén)


Belén a la fuga: después de comer, estos dos estaban más apagados que un televisor viejo a las tres de la mañana, así que he decidido abandonarlos elegantemente... vosotros os vais de siesta, y yo de petardeo por Kyoto. La verdad es que no tenía un plan, pero sabía que en algún momento iba a darme un masaje y me ha parecido una ocasión perfecta para darme un meneo.

Me he decantado por un centro llamado PLATINUM AROMA, sí, lo sé, suena a puticlub con olor a pachuli, pero no, nada más lejos de la realidad. Es un centro muy serio ubicado en la séptima planta de un edificio. Me han hecho un masaje de espalda y cabeza de 60 minutos por 5500 yenes, lo que viene a ser unos 30 EUR y ya os puedo decir que ha sido una de las mejores inversiones del viaje. La locura ha llegado al final, cuando la baba ya se me caía por el lado del gusto, le di las gracias a la masajista por su maravilloso trabajo y me dice señalando el techo:

ELLA: ¿Mamá?, como preguntando si mi madre está en el Cielo (muerta, vaya), le digo que sí y me dice:

MAMA SAYS COOKIE, LIKE BISCUIT.

Me he quedado un poquito en shock, porque a mi madre le llamábamos cariñosamente Cuqui y le digo: ¿cómo? Me lo vuelve a repetir y utilizando el traductor online, le he explicado que a mi madre le llamábamos Cuqui, ella ha asentido amorosamente y se ha marchado... no sé, creo que es lo más paranormal que me ha pasado en la vida, de todas maneras me ha sacado una sonrisa de amor. Seguro que ella está viajando conmigo; le encantaba viajar.








Después del fenómeno paranormal, del masaje y de dar vueltas por diferentes tiendas, bazares y callejones escondidos, me he decidido a hacer algo que no había hecho nunca: me he ido a un bar de animales. Lo sé, habrá quien diga que es explotación animal, pero ya os digo yo que a esos bichos se les trata mejor que a mí, pero a lo que voy y sin spoilers: había muchísimas opciones en 300 metros a la redonda: bar de hurones (paso, seguro que me muerden y además me recuerdan al Gran Lebowski), de gatos (menos, Javi y Nacho son alérgicos, solo me faltaba que se les pusieran los ojos como a Bob Marley por mi culpa), de cerditos vietnamitas, me lo he pensado, pero soy muy de comer cerdo y me ha dado cosita, de buhos... a este quiero ir con Nacho, puede ser la leche, así que finalmente me he decidido por un bar de perretes vestidos con tutús y puntillas y ha sido divertidísimo.




La cosa funciona así: primero, no entra todo el mundo; si te ven chungo, alcoholizado o violento, no entras, pero oh sorpresa, a mí me han dejado entrar. Pagas por el tiempo con los perros y puedes beber mientras estés allí y está incluido: hay una máquina de refrescos, agua y té. Solo puedes subir con tu móvil, sin zapatos y sin bolso, se deja todo en un locker.



Una vez que te has despojado de tus pertenencias, subes y te encuentras con un panorama absolutamente amoroso: unos 10 perretes vestidos que se acercan a saludarte. Te sientas, te ponen una mantita y ellos deciden si vienen a sentarse contigo. Ha sido como estar en una fiesta de los Bridgerton perruna, que monería oiga, que derroche de bonitez, de amor perruno, de sobredosis de corazoncitos rosas... vaya, me he muerto y resucitado de amor en varias ocasiones. Después de tantos inputs locos he decidido volver a casa para compartir con los chicos todas mis aventuras, que no han sido pocas.



Tengo que decir que Nacho es un excelente compañero de viaje, es divertido, se adapta a todo, come de todo, está siendo genial compartir con él esta Aventura Global y mira que yo tenía mil miedos, pero ya se han esfumado.

PS: Cuqui, mensaje recibido, ¡te quiero mucho!





PS2: Hemos visto un bar de armas, tal cual. Subes y disparas lo que quieras, y está permitido el acceso a los niños. Impensable.

PS3: ¿Qué mejor forma de premiar a los lectores del blog por llegar hasta aquí que con un Reto de Bebidas? ¡Vamos!

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domingo, 23 de agosto de 2026

Japón, días 7-8: Castillos en Osaka, ¡y David Doblas en Kyoto!




Hola a todos desde Kyoto, donde llevamos un par de días. Ayer estaba un poco perjudicado físicamente y la cosa no ha ido a mejor por la noche, pero sí desde el mediodía, así que reanudo mis nunca bien ponderadas labores blogueras. Ahora os explico en detalle. Bueno, sin dar todos los detalles.





Ayer desayunamos en el Airbnb y nos fuimos al Castillo de Osaka como primera parada de un plan que mandamos al carajo durante el día para empezar a improvisar como locos, que también mola. El Castillo de Osaka es una pasada, increíblemente bien conservado, imponente desde fuera, con una arquitectura de mucha atención al detalle. Fue construido por orden de Toyotomi Hideyoshi en 1583. Hay un culto exagerado a la figura del tal Hideyoshi, desde su casco, katana, habitaciones favoritas hasta las mujeres que le rechazaron pero que al final se casaron con él; tenía que ser un pájaro de cuidado. El tipo unificó Japón a base de hostias, vaya, allá por finales del siglo XVI.












Eso a nosotros nos la pelaba un poco, la verdad, porque pasó hace mucho tiempo y preferimos quedarnos con la idea de que Hideyoshi tenía un casco de pinchos que le hacía parecer un pavo real. Ese fue el casco que usó Nacho en la mítica foto que nos hicimos en el segundo piso del Castillo, vestidos con trajes de samurái y haciendo el mamarracho. Cómo fue la cosa que hasta los locales nos hacían fotos para enseñárselas a sus familias en plan "mira los guiris estos, cómo hacen el mongolo". Los cascos pesaban 30 kilos cada uno y se movían, era imposible ir a la guerra con esa mierda en la cabeza. El caso es que lo pasamos bien y nos llevamos un buen recuerdo de allí. Recomendadísimo.









Tras coger fuerzas en los alrededores del castillo decidimos ir a un sitio llamado Round 1, en el que puedes practicar muchos deportes y juegos indoor. Al llegar a la puerta vimos que tenía muy mala pinta, así que nos fuimos a comer. Mis compis me dieron libertad creativa para ir donde a mí me saliese de los huevos y fuimos a un sitio de Tonkatsu en la segunda planta de un edificio en una calle de mala muerte al lado del Round 1. El Tonkatsu es carne empanada, cerdo en este caso, pero hecha con la textura de la tempura. Era un sitio solo de locales, fliparon cuando entramos... y comimos de manera excelente por 21 EUR por cabeza. Punto para Javi, fuck yeah.

Decidimos ir a la estación de tren a cambiar el billete y descubrimos varias cosas. Primero, no se puede cambiar el billete si no tienes acceso a tus datos en la SIM española, que tengo desconectada. Tuve que cancelar el billete y sacar uno nuevo. Segundo y más importante, sacar un billete de Shinkazen en el momento es mucho más barato, rollo como la mitad, que tener asiento reservado. Tras varias visitas a la máquina de tickets y un intento frustrado de pasar porque hay que sacar dos billetes por persona, la tarifa y el asiento, pusimos rumbo a la lejana Kyoto: 15 minutos de tren bala.

Nuestro Airbnb en Kyoto tiene tres plantas. Abajo dormimos Belén y yo, en medio está la tele, una litera donde duerme Nacho, la cocina y una mesa donde jugar a las cartas, comer o desayunar. Arriba está lo que se llama La Habitación de Júpiter, que no se llama así por nuestro amigo. Es porque está a 725 grados centígrados, que es la temperatura de la atmósfera superior de Júpiter, el planeta. En general, la casa es grande y pequeña a la vez y no se puede estar sin aire acondicionado. Hoy teníamos 37 grados con humedad de casi el 60%. No he follado debajo de un plástico, pero la sensación térmica debe ser algo así.





No tenía energía en Kyoto. No podía más, así que pedí una pausa. Belén y Nacho se fueron a dar una vuelta y luego fuimos a un supermercado de verdad, no un convenience store, a hacer una compra para estos días. Pillamos cuatro cervezas grandes que cayeron a medianoche mientras Nacho y yo veíamos al Sevilla ganar en San Mamés por 1-3. Hicimos demasiado ruido, es verdad, y estaba prohibido, también es verdad, pero a ver cuándo el Sevilla se va a ver en una así en las próximas semanas. La medio fiebre, los problemas estomacales y el hecho de que se me olvidó el agua en el piso de arriba.






Por la mañana habíamos quedado con David Doblas, ex-jugador de baloncesto y actual segundo entrenador del equipo local en Kyoto. David lleva ocho años en Japón, habla el idioma perfectamente (aunque él diga que no) y de hecho hoy mismo ha renovado su carnet de conducir. Nos ha recogido en coche para charlar de todo un poco y llevarnos a un par de sitios no tan turísticos. El primero ha sido un yakiniku, una especie de barbacoa japonesa donde los trozos de carne y algunas verduras se asan directamente en una parrilla que hay dentro de la mesa. David ha sido el maestro de ceremonias y nos ha contado un montón de curiosidades sobre Japón. Es absurdo, no nos habíamos visto nunca o casi nunca, pero somos buenos amigos desde que hicimos un par de BasketCasts hace unos años. 

(para los no iniciados, BasketCast era un podcast que autoproducía y que ahora ha mutado en un monstruo mediático llamado EuroLeague & Friends Made in Spain que copresento con Quino Colom en el canal de YouTube de MARCA, líder de información deportiva en castellano) 








Después nos ha llevado a un templo en el que él no había estado, pero que ha sido genial, se parecía al templo de Pai-Mei en la película Kill Bill. El templo en cuestión se llama Hamuro-san Joju-ji, que escrito así parece que un pijo haya tenido un ataque de risa, jojují. Qué asco de gente. En fin, es un templo budista con un minibosque de bambú ideal para hacer fotos, unas escaleras hacia el templo llenas de vegetación y toda la tradición de un templo del siglo IX. Una pasada de sitio al que no habríamos ido nunca sin David, que además ha sido muy amable de dejarnos al lado de dos templos más que queríamos ver, el imponente santuario Yakasa y el templo de Sannenkaza, donde hemos sellado nuestros libros de goshuin. Será un recuerdo especial.












Esta noche empieza el Gran Reto de Comidas. Nacho nos lleva a un lugar secreto. ¿Cuál será? Lo sabréis mañana. De momento, nos vamos a petardear un rato antes de la cena.

¡Muchos recuerdos desde Kyoto!
Javi 



PS: Tranquilos, están bien. Es solo que había una cámara en el ascensor que se podía grabar desde el piso de abajo y tenían que hacer esto.