lunes, 17 de agosto de 2026

Japón, día 2: La vida... y cómo vivirla



Bueno, a ver por dónde empiezo, porque lo del día de hoy ha sido legendario, uno de los mejores de nuestra vida. Días así dan sentido a la existencia de cualquiera. Supongo que lo correcto es empezar por el principio y tratar de sintetizar sin dejarme ningún detalle. Va a ser chungo, la verdad.

Hemos ganado la batalla al jet lag y estábamos bastante frescos en el desayuno del hotel. Como quedamos anoche, hemos vuelto al templo Senso-ji para verlo en plena ebullición por la mañana. Ha merecido mucho la pena porque la experiencia no tiene nada que ver, gente por todas partes y muchas tiendas de souvenirs, comida y artículos de cosmética en el barrio adyacente al templo. Hemos probado nuestra buena suerte: a Nacho le ha salido mala, a Belén medio buena y a mí la mejor posible. No creo mucho en estas cosas salvo cuando me favorecen, así que chupadme los pies para tener buena suerte, gafes, malas personas.





Hemos petardeado por ahí y Belén nos ha regalado un mochi de fresa y chocolate que estaba muy bueno. No es el momento de hacer shopping, eso lo dejamos para el final del viaje. Eso sí, he localizado la tienda de maletas de la señora Karen para cambiar mi maleta churripuerca por una nueva y más moderna mañana, y es que la maleta que llevo está más anticuada que Marianico el Corto.






Tras hacer un reto de bebidas en un 7-Eleven (está grabado en vertical, voy a ver si lo publico como Short en YouTube) decidimos ir a Shinjuku. Por el camino pasamos por las oficinas centrales de Bandai, que están en Asakusa. Hicimos unas fotos y nos fuimos un poco decepcionados porque no había tienda oficial en el edificio. Estamos siempre buscando al padre de Shin-chan, al que ponía voz nuestro amigo ya fallecido Corti. Hemos tenido suerte, pero eso vendrá más adelante.









Una vez en Shinjuku la cosa no pintaba demasiado bien. Fuimos a Omoide Yokocho, una calle semiclandestina, y al edificio Shinjuku Toho Building, que es de donde sale una cabeza gigante de Godzilla. Tras dar un par de vueltas, comimos muy bien en un sitio llamado Kim Café por un total de 24 EUR los tres, y conseguí apagar la vibración de mi móvil, que daba aviso de haber alcanzado el límite de datos. Vibraba cada 10 segundos en plan, hijoputa, te has pasado un huevo del límite, te van a meter una roncha que te vas a cagar. El caso es que tengo datos ilimitados, así que he puesto 20 Terabytes de nuevo límite. A ver si ahora tienes cojones de vibrar más, so cabrón.

Fuimos a un sitio en el que la chavalería (fundamentalmente femenina) se hace fotos retocadas y nos hicimos una pequeña sesión. La liamos bastante en la máquina porque no teníamos ni idea de cómo funcionaba. Fue muy divertido, la verdad. De ahí nos fuimos al cruce de Shibuya, pero de camino paramos en un Uniqlo que vendía ropa de segunda mano (no compramos nada) y a un sitio llamado JINS que te hacen gafas graduadas en menos de media hora y a muy bajo precio. Nos hemos hecho unas gafas cada uno (las mías del serca, las de Belén del lejos, las de Nacho progresivas) por 190 EUR en total. Eso sí, las de Nacho las recogeremos la semana que viene. Lo han apodado Joe Milks en la tienda porque ve menos que Pepe Leches. Es coña, me lo he inventado yo. :)





Llegamos por fin al cruce de Shibuya unos minutos antes de quedar con Júpiter, nuestro guía local, recomendado a Belén en Barcelona. Júpiter ha hecho que un buen día se convierta en extraordinario, la verdad. Vaya crack. Antes me escapé un momento a Tower Records Shibuya, la mayor tienda de discos del mundo, para comprar un par de camisetas. Ya volveré el día del shopping. Júpiter, Nacho y Belén vinieron a recogerme y ahí empezó la locura. Bueno, quizás empezó antes al cruzar en Shibuya, todo lleno de turistas haciéndose fotos y gente local andando en cinco direcciones distintas, parecía que iban a chocar todos entre ellos. Un caos controlado, una maravilla.











Nos prometió ir a sitios no turísticos y cumplió con lo prometido, pero lo primero fue llevarnos a la sexta planta de un centro comercial que estaba lleno de tiendas de anime: Godzilla, Sega, Nintendo y Pokémon, mayormente. Belén se ha comprado una camiseta de Godzilla enfrentándose a la famosa gran ola japonesa de Kanagawa. De ahí nos fuimos a un callejón oscuro de Shinjuku y entramos en un bar en el que cabían seis personas. No eran ni 10 metros cuadrados pero no solo hemos bebido, también nos ha cocinado una tortilla utilizando agua con gas que estaba verdaderamente cojonuda. Ya hemos salido un poco piripis del bar, hemos ido a un bar a cenar, recogiendo las gafas que habíamos comprado. Hemos hecho un video bastante chorra para ilustrarlo.








La cena fue en un bar que se llama 正々堂々, sin traducción en Google Maps, y que significa "de manera justa y honesta". Cenamos excelentemente, comida local a muy buen precio. De ahí Júpiter nos llevó a su bar favorito, un antro en el primer piso de un edificio ruinoso en el que no cabían más de 10 personas. Estábamos el camarero, antigua estrella del rock japonés, un señor de unos 85 años que venía con el oxígeno puesto, una señora de unos 60 años que intentaba (con cierto éxito) meterle mano a Belén y nosotros cuatro. Hasta nos hicimos todos una foto juntos. Acabamos la noche en otro bar en el que había estado Bad Bunny hablando con tres estadounidenses de 20 años que estaban acabando su viaje. Parece que lo pasaron bien. Es la hostia ser joven. Fue en la zona llamada Golden Guy, llena de bares. Pasamos por la tarde y aquello estaba muerto. De noche es otra cosa, people.









Pensando en todas las cosas que hemos hecho y con el buen rollo con el que las hemos hecho, puedo decir que este ha sido uno de los mejores días de viaje de nuestra vida. Y lo mejor, es solo el primer día completo de esta Aventura Japonesa. Los records están para ser superados, así que vamos a por más, con alegría, mirando hacia adelante y alegrando la vida a quien pueda llegar a este rincón olvidado de Internet. 







Mañana más.

Javi

PS: Belén perdió un tapón para los oídos esta mañana. Por lo que sea, probablemente porque ronco como un camionero ucraniano después de una borrachera de cumpleaños, Belén duerme con unos tapones especiales que aislan 
del ruido. Lo hemos buscado por todas partes, pero no aparecía. Lo ha encontrado la chica de la limpieza del hotel. Mañana le haremos un regalo. Me la imagino mirando cada centímetro cuadrado de la habitación.

PS2: La he liado muy parda en el edificio de JINS, la tienda de gafas, que tiene siete plantas pero solo tres son de la tienda. Me estaba meando y pregunté en la tienda y me dijeron que el meadero estaba en el "top floor". Era el tercer piso, el top floor de la tienda, no del edificio. He subido hasta la séptima planta, que era una oficina de no sé qué carajo, y he ido planta por planta buscando el servicio, meándome vivo. ¡Pero lo conseguí!

PS3: Sí, encontramos dos figuritas del padre de Shin-chan y ya están en nuestras maletas. Bueno, provisionalmente, que mañana tenemos que visitar a Karen la de la tienda de maletas. 

domingo, 16 de agosto de 2026

Japón, día 1: En Tokyo, ¡promesa cumplida!


Hola a todos desde el aeropuerto de Hong Kong. Ya lo sé, no es Tokyo y no, no vamos a estar en Hong Kong más que unas horas, pero aprovecho para empezar el blog de Japón antes de llegar y así me mantengo despierto. Belén está paseando por la terminal del magnífico aeropuerto de Hong Kong, mi favorito del mundo mundial, y Nacho se ha ido con ella.

Hemos empezado el viaje de forma muy accidentada. Tras una noche de nachos, hamburguesas y cervezas en El Desván, nos levantamos temprano para cerrar las maletas e irnos a la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. El trayecto fue un poco extraño porque el conductor de Cabify era prisionero de un ataque de ansiedad legendario, gigantesco, extraordinario. Estaba más ansioso que Andrea Janeiro en un Kentucky Fried Chicken, que Dani Carvajal en una fiesta del partido comunista. El tipo no hacía más que dar golpes al volante, decir "Barceloooona" con la o larga y repetir la hora.

Al parecer, el problema es que tenía que pagar unos céntimos si tardaba mucho en salir de allí. Nos propuso ir a salidas y lo mandamos al carajo porque no teníamos prisa, y cuando vio la fila de coches atascados, al tipo le dieron los siete males. Barceloooooona, diez y media. Así hasta que llegamos y oh sorpresa, no aparecía nuestro vuelo en el panel. Su puta madre, ¿qué tipo de cagada hemos metido? Bueno, una bastante leve.

Resulta que Cathay Pacific se ha mudado a la Terminal 2. Es el único vuelo de toda la cadena de OneWorld en salir de la T2. Ni nos planteamos mirarlo, la verdad. No fue un problema porque íbamos con mucha antelación, que es lo que hay que hacer en estos casos porque los imprevistos suceden y al final acabamos con la misma ansiedad que el taxista de los cojones. Cogimos un autobús gratuito que va de una terminal a otra y llegó el momento de la magia de Belén.





Siento un viaje largo, seguro que hay nuevos accesos al blog. Hemos cogido por costumbre regalar cosas a la tripulación y el personal de tierra de las compañías aéreas porque es un trabajo muy desagradable, tratas con gente muy borde, la verdad, así que un poco de amabilidad nunca viene mal a nadie. A veces, la gente corresponde a nuestra amabilidad. En esta ocasión, Belén preparó chocolatinas y gominolas con una tarjeta personalizada explicando el viaje, a saber, que Nacho ha cumplido 18 años y le hemos regalado un viaje a la carta, que resulta ser Japón porque lo decidió con siete años cuando fuimos nosotros por primera vez. Lo prometimos y lo vamos a cumplir (recordad, aún estamos en Hong Kong, falta un poquito).

El jefe de Cathay Pacific en Barcelona (Carlos) vino a hablar con nosotros y felicitó a Nacho por su cumpleaños y por tener unos tíos tan cojonudos (nunca sorpresa, ya sabemos que somos la hostia, hombre). Quiso corresponder a nuestro gesto regalándonos el fast track y darnos acceso a la sala VIP de la T2. Fantástico, fue una parada muy rápido pero bastante productiva, hasta brindamos con cava. No, no nos pasaron a business, pero qué más da, esto no es algo que hagamos buscando un objetivo. Es ser amable con la gente. Veréis más ejemplos durante al viaje.



Conceptualmente, doce horas de vuelo directamente a Hong Kong ya son una puta mierda en sí, pero si te toca detrás un hijoputa que te da patadas sin parar es muchísimo peor. Ha sido mi caso: no sé cómo han dormido estos dos pero Belén se ha traído lo que llamamos "el asiento de la cula", esto es, un asiento acolchado que usa para trabajar en el día a día. Sospecho que ella ha dormido mejor que nadie en el avión. En el colmo de los colmos, el tipo de detrás pasó de darle patadas al asiento a estirar el pie, meterlo en el asiento de delante y tocarme para despertarme. Una vez. Dos veces. A la tercera le cogí el pie al vuelo, me di la vuelta y le dije que no me tocase más los cojones.

Pero siguió dando por culo. El tipo era una máquina inmisericorde de dar por culo. El vuelo en sí, bien. La comida fue correcta y tenían dos conciertos de Oasis en el sistema de entretenimiento, lo cual tiene gracia porque estuvieron en la lista negra de la aerolínea durante muchos años por un incidente que nada tuvo que ser con los hermanos Gallagher. Bonehead, el guitarrista, que pilló una papa legendaria y la lió parda.






El aeropuerto de Hong Kong es fantástico y está igual que la última vez: tiendas de lujo impresionantes, muy espacioso y un montón de tiendas muy peculiares de camino a la Puerta 67, que es donde estamos. Hemos echado una primera partida de cartas en una pizzeria donde fuimos a tomar un café. Nos obligaron a consumir algo porque el café era solo para takeaway, así que pedimos un cruasán y palante. Parecíamos el tipo ese de la película Clerks que compra unos chicles para pasar a ser un cliente y cagarse en todos los que compraban tabaco. Seguramente esta referencia no la pille ni Dios, soy consciente.



Llegamos a Japón tras un vuelo en el que los tres dormimos casi todo el trayecto. Ha resultado ser una buena idea porque hemos aguantado mucho mejor. En el menu de Cathay Pacific había un entrante, un principal y tres postres, ni puta idea de por qué. Al llegar a Japón tuvimos que pasar dos controles, uno de entrada que se puede preparar de antemano y otro de aduanas que es un poco a caraperro. Belén había alquilado una mini-van para llevarnos a nuestro hotel, el Kamzashi Tokyo Asakusa. Ha resultado ser la mejor decision del viaje de ida porque hay cerca de 80 kilómetros entre el aeropuerto de Narita al centro de Tokyo.





Total, que ya estamos aquí. Lo primero que hemos hecho es subir a la azotea del hotel a ver las magníficas vistas y justo después, visitar el templo de Senso-ji, justo al lado del hotel y muy cerca de la SkyTower, lo cual le da al templo un aire retrofuturista: es un sitio muy tradicional rodeado de tecnología. Hay una pagoda de cuatro pisos y volveremos mañana para verlo en plena ebullición. 








Fuimos a cenar al Sushiro, el típico sitio de sushi en el que te llegan los platos por una minicinta transportadora. Muy rico, y hemos comido hasta hartarnos por 12 EUR por persona. Para hacer tiempo, hemos dado un paseo en el que nos hemos metido en un Pachinko para que Nacho lo vea, he usado 1000 yens (unos cuatro euros) perdiendo casi todo y sin tener ni la más minima idea de qué estaba haciendo porque estaba todo en japonés, hemos entrado en una caótica tienda llamada Don Quijote, tal cual, y hemos hecho el primer Reto de Bebidas de la temporada.






Mañana será otro día: Shinjuku, Shibuya y una experiencia muy local con un amigo de Belén. Pero eso será mañana, porque ahora, amigos, me voy a sobar hasta que no pueda más...

miércoles, 12 de agosto de 2026

Preparados para la Aventura Japonesa de Nacho



Hola a todos desde Islantilla. Ya lo sé, ni es Japón ni se le parece. No pasa nada, es cuestión de (poco) tiempo. 

Estoy aquí para recoger a Nacho y llevármelo a Barcelona para desde allí salir a Japón. Decidimos entre todos irnos la segunda quincena de Agosto porque es justo después del 50 cumpleaños de Nacho Sr, mi hermano, el padre de Nacho. Es una cuestión de respeto: uno tiene que celebrar su medio siglo rodeado de las personas con las que quiere estar, y celebrarlo con una videollamada desde Tokyo no es forma de hacerlo. Así que cada cosa a su tiempo, pero en nada estaremos saliendo hacia Japón.

Belén ha liderado el plan durante el año, haciendo un montón de propuestas. Se han respetado las peticiones de Nacho, que no han sido muchas, y hay muchas cosas que consideramos esenciales y que volveremos a ver. La verdad, han pasado 11 años y si no fuese por el blog y un montón de fotos que hicimos y que Dios sabe dónde coño están, no nos acordaríamos de casi nada. Estoy seguro que Japón ha cambiado muchísimo pero a la vez, mantenido todas sus tradiciones intactas a pesar de las hordas de turistas que han visitado el país desde que el yen se dio la gran hostia.



¿Qué podremos ver en esta temporada de Aventura Global? Todos los sitios esenciales de Japón, claro. Si vamos a Japón, sería de gilipollas esperar ver el Castillo de Dresde en Alemania, no te jode. También repetiremos cosas que nos divirtieron, ya sean visitas a centros de ocio, bares, restaurantes divertidos, cameos de Lee E. Fittipaldi y mil cosas más.

Tres cosas esenciales que nos diferenciarán del resto y que hemos hecho porque nos apetece, claro.

1) El Reto de Bebidas. Aún está por definir quién comprará y quién beberá, aunque todos sospechamos a quién le va a tocar beber según que brebaje de naturaleza desconocida. Intentaremos hacer un Reto de Bebidas cada día, y alguno más aquí y allá, como hicimos en 2015. Prepárense para el espectáculo.



2) El Reto de Restaurantes. Esto es algo nuevo. Estamos tres noches en Tokyo al final del viaje y otras tres en Kyoto. Cada uno de nosotros ha reservado un restaurante en Tokyo y Kyoto sin que los otros dos sepan nada. O sea, uno de nosotros llevará a ciegas a los otros dos a un restaurante. Veremos qué tal sale pero nos parece muy divertido. En Kyoto, Nacho reserva el día 23, Javi el 24 y Belén el 25 de Julio. En Tokyo, Belén reserva el 27, Nacho el 28 y Javi el 29, que es la última cena del viaje.





3) No sé lo que hace la gente por la noche hoy en día, pero a nosotros nos gusta salir de vez en cuando y escuchar un poco de música. Estamos de suerte, porque Asia en general, y Japón en particular, tiene una cultura musical muy amplia, desde bares de vinilos en los que tú eliges la música hasta locales muy locos y divertidos en los que la gente baila sin parar. Intentaremos ir alguno de ellos, no cada noche, pero sí algunas. Y por supuesto, si se va a Japón, hay que darlo todo en algún karaoke. No es opcional. Esto hay que hacerlo por cojones.

Respecto a la logística, hay muchas cosas a considerar pero estas son las más importantes:




1) Hay que llevar una tarjeta SUICA y dinero en efectivo. Los japoneses, con muy buen criterio, prefieren el cash a las tarjetas de crédito. En mi caso, por consejo de un compi de curro (gracias, Martín), he creado una cuenta de yens en Revolut para ir sacando allí sin coste adicional. La tarjeta SUICA es recargable y aceptada prácticamente en todas partes. Es importante hacerse con una lo antes possible.

2) Ya temenos comprada la eSim. Los precios han bajado espectacularmente en los últimos años y ya no sale a cuenta comprar una tarjeta SIM en destino, es major llevarla ya comprada y activarla cuando lleguemos. Belén estuvo de 10 en este sentido, consiguiendo todo con descuento.

3) No hemos sacado el Japan Rail Pass. Hice los números y sacar el JRP es más cómodo, pero eran 150 EUR extra por persona comparado a sacar los tickets uno por uno, así que es como lo hicimos. A la hora de hacer el recorrido, decidimos ir al punto más lejano de Tokyo (que es Miyajima) el primer día, para así perder menos tiempo en días sucesivos.




4) Vuelve el gatete. En 2015, un señor catalán muy amable nos recomendó una empresa llamada Yamato, cuyo logotipo tiene dos gatetes, que lleva maletas de 1 a B por un precio muy competitivo. Lo que haremos es llevarnos una mochila con ropa para 3-4 días y mandar las maletas hacia un destino intermedio. Recuerdo que en 2015 estaba cagado pensando que vería algún japonés llevando mis camisetas de los Denver Nuggets pero no, las maletas no es que llegaran al hotel, es que nos estaban esperando en la habitación. Pero qué cracks. Total, la compañía de los gatetes catalanes volverá.

Me despido con un breve resumen del itinerario: llegamos a Tokyo vía Hong Kong, volando con Cathay Pacific. Estamos unos días en Tokyo y vamos primero a Miyajima y luego a Hiroshima. Desde allí vamos volviendo a Tokyo poco a poco: Osaka, Kyoto (donde haremos parada y fonda larga porque nos encantó, haciendo una excursión a Nara), Nagoya (sin premio) y Tokyo, para acabar a lo grande.

Va a ser muy especial, y aunque reconozco que no estaba con los cinco sentidos puestos en el viaje, ahora sí lo estoy y ya me estoy poniendo nervioso.

¡Nos vemos en Japón!

PD: #Patri2030

PD2: Ya sabéis, si tenéis algún comentario, podéis hacerlo debajo de estas líneas o en redes sociales. Estamos en Instagram y X.

miércoles, 5 de agosto de 2026

La Gran Promesa de Aventura Global


Hola a todos desde Barcelona. Este es un post muy especial para nosotros. No será el más largo ni el más divertido, pero sí uno de los más emotivos.

Hace ya 11 años que fuimos a Japón. Estuvimos 23 días y nos despedimos diciendo "hasta pronto, Japón". Bueno, han pasado 11 años desde entonces pero ha llegado el momento de volver, y no solo eso, lo haremos acompañados por primera vez en uno de nuestros viajes.




Allá por 2015 tuvimos un lector inesperado en nuestro blog, nuestro sobrino Nacho, que entonces tenia siete años recién cumplidos. Me siento un poco culpable porque tuvo que leer según qué barbaridades como "a ver si esos hijos de puta se dan cuenta de lo bonito que es viajar", "me cago en las putas muelas del gilipollas sádico que pensó "miren, ¿qué tal si a este refresco de uva le metemos un ectoplasma semisólido para aterrorizar a la gente?" o "Eran cuatro chicas terriblemente tímidas, más cortadas que los calzoncillos de Eduardo Manostijeras con picor de huevos", todo en la misma entrada de blog, que incluye un épico ataque de risa y una interacción genial de Belén disfrazada de rana con una niña local.

En fin, que me desvío del tema principal. Nacho siguió el viaje de arriba abajo y confío en que no tuviese la comprensión léxica suficiente para pillar todos los chistes y barbaridades que dije en su momento. Lo que sí hizo fue hacernos una promesa: cuando sea mayor, quiero ir a Japón con vosotros. Le dijimos que cuando cumpliese 16 lo haríamos, y lo invitaríamos nosotros. Resulta que cuando te llevas a un menor de edad a un país que no es el tuyo, suele haber unas restricciones bastante fuertes, por lo que sea. Viendo el papeleo que nos caía encima, decidimos retrasarlo hasta que Nacho cumpliese 18 años.




Los cumplió la semana pasada y mantenemos nuestra promesa. Nos vamos a Japón con él. Y es muy emocionante para todos.

Daremos más detalles del viaje cuando llegue el momento, pero iremos a todos los sitios a los que él quiera ir, haremos una nueva temporada del Reto de Bebidas Japonesas, descubriremos muchas cosas, recordaremos otras tantas y, sobre todo, será interesante ver el viaje desde su punto de vista. Eso será dentro de unos días.

De momento, nos vamos al Prestoso para empezar las vacaciones con buen pie (aunque parece que va a llover). Buena comida, buena música, excelente ambiente... Iremos cada vez que podamos. Respecto al nivel de palabrotas e insultos en el blog, pues ya veremos. Creo que se pueden hacer buenos chistes sin tener que soltar tantas barbaridades, pero va a depender de lo que nuestra gente quiera y sobre todo, de las ganas que tengamos de escribir con cierto nivel de cachondeo. Tantos años leyendo El Jueves tenían que salir por algún sitio, digo yo. Hasta ahora en esta entrada me estoy comportando, estoy siendo más inofensivo que Bambi en un puticlub.

Mierda, ya hemos abierto el cajón de las barbaridades. Me cago en la puta, con lo bien qué iba. Aquí estoy, intentando ir de fissssno, a quién cojones quiero engañar. Por respeto a la familia y amigos que estarán interesados en el paradero de nuestro sobrino, haremos un blog casi cada día. Él no lo sabe, pero tiene poder de convocatoria, esto va a ser como repartir tarjetas regalo de Fortnite en la puerta del instituto de un barrio marginal: todo el mundo quiere saber de él.




A la vez, el blog recupera su espíritu original, que es informar a familia, amigos y algún curioso de dónde estamos, qué hacemos y que vean un buen puñado de fotos y vídeos en vez de venir a casa a verlas y aburrirlos hasta la náusea. En esta foto estamos en el pabellón de oro de Kyoto. Ahí al fondo hay una geisha que nos miró con cara de mierda. En esta foto se ve el Fushimi Inari, que raya más que abrir una caja de esas que tienen una tapa de plástico y otra de carton, y que no hay manera de abrirla porque al primer intento te queda todo el plástico y medio carton, Dios, qué puta mierda más grande. Pues igual de putomierdoso es enseñar fotos en casa, o vídeos si no tienen cierta gracia. Para eso está el blog, para que lo vea quien quiera, cuando quiera.

¡Nos leemos pronto! ¡Vuelve Aventura Global! ¡Viva!

PS: Patri, si lees esto, todo llegará y será igual de genial... #Patri2030

lunes, 20 de julio de 2026

Maldivas, días 7-8: el final de otra Aventura



La verdad es que nos dio mucha pena irnos de Rasdhoo. Fuimos muy felices allí, disfrutando de sus aguas turquesas y la amabilidad de la gente local, pero todas las cosas buenas llegan a su fin y era hora de volver a nuestras vidas en Barcelona por cortesía de Turkish Airlines. Creo que hablo por los dos cuando digo que nos habríamos quedado allí dos meses más. Mentalmente volvemos a Rasdhoo de vez en cuando para encontrar la paz mental. Fue una pasada.

De todos modos teníamos tiempo para un último bañito en la bikini beach y no renunciamos a semejante privilegio. De camino paramos en el bar de Felipe para darle una bolsa de mantecados que nos había sobrado. El tipo se puso muy contento y es que claro, allí no hay nada que se parezca a los mantecados, principalmente por dos motivos: uno, está prohibido celebrar la Navidad y dos, los mantecados llevan manteca, que es de cerdo, y en Rasdhoo son musulmanes. Felipe podría haberse enrollado e invitarnos a un café, pero no lo hizo. Aun así nos cae bien.



No he hablado de los cocos de Mohamed. No, no tiene unos cojones de cinco kilos cada uno que cuelguen de su escroto como si fuesen cocos, no va por ahí, y lo siento por la imagen mental que acabo de generar. Hay muchos cocos en Maldivas y Mohamed sabe cómo cortarlo y prepararlo estupendamente, y siempre tenía coco preparado para Belén. Desde que el proceso empezó muchos meses antes, Mohamed y Belén han tenido muy buen rollo y gran respeto entre ellos. Lo del coco era una prueba más de ese respeto.

También fue una señal de respeto que Mohamed cogiese su motocarro y nos acompañase a la terminal del ferry para no cargar con las maletas. El problema es que para bajar del motocarro puso un banquito muy inestable que cedió cuando fui a bajar yo y pegué una hostia bastante considerable. A ver, me caí de culo y no llegué a dar con la cabeza en el suelo, pero la reacción de todos, Belén incluída, cuando me levanté era de como si me hubiese caído por un barranco. Supongo que fue más aparatosa que otra cosa, me hice un poco de daño pero joder, soy un tipo duro, caerme delante de dos docenas de locales descojonados por dentro no iba a hacer que me arrugase.






Fuimos una hora en ferry hasta Malé sin problemas. Estaba un poco cagado, visto mi ultimo precedente en un barco, pero esta vez me comporté. Malé es una auténtica pocilga de sitio, un asco, una ciudad fea con un caos circulatorio que solo habíamos visto en Vietnam hace muchos, muchos años. Tras intentar dar una vuelta por la ciudad, decidimos ir a un mercado, que siempre da juego. Era un mercado de pescado, fruta y verdura en el que se había ido la luz, con un olor penetrante a putamierda absoluta y moscas por todas partes. Compramos unos plátanos y unas mandarinas que estaban bastante buenas, aunque no llegan al nivel de las de Nueva Zelanda, que son la calidad absoluta.



Fuimos a cenar en un sitio llamado Crab.Lob que no estuvo mal, aunque prometía más de lo que parecía. No cenamos mal, vaya. Dimos una vuelta por un par de tiendas y visto el calor que hacía, decidimos que una retirada a tiempo era una victoria. La verdad es que no apunté mucho de Malé, del hotel (que era muy extraño y no tenía piscina como nos habían prometido) ni de nada más, lo que queríamos era salir de aquí o en el mejor de los casos, volver a Rasdhoo.





Nos despertamos a las seis de la mañana y compartimos transporte con unos seres ruidosos que no callaban ni debajo del agua. Joder, a según qué horas hay que saber comportarse. Hicimos un poco el chorra en el aeropuerto, gastando los pichurros que nos sobraban y bromeando con el tema de que íbamos en business: después de todo, era el día de los inocentes. Nos cobraron 13 dólares por dos cafés, eso sí que fue una broma de mal gusto.





Volamos con muchísimo espacio en el avión, tres asientos para cada uno, y se notó porque estuvimos frescos el resto del viaje, incluyendo un larguísimo stopover en Estambul en el que abusamos de la confianza de mi amigo Kerem, viejo conocido del blog, y nos autoinvitamos a uno de sus restaurantes en el aeropuerto. Esta vez no nos encontramos con ninguna secta rara ni nada. Pero vaya, volar de esa manera, espatarrados durante nueve horas, es un privilegio cada vez menos común. Te permite gestionar las horas de sueño perfectamente. 






Mirando hacia atrás, fueron unos días increíbles y la mejor Navidad que hemos pasado: tranquilos, relajados, con mucho tiempo de calidad y compartiendo muchas cosas juntos en un sitio en el que no habíamos estado, en un nuevo ambiente y en un país distinto. Repetiremos la experiencia cuando sea posible, no necesariamente en las Maldivas. Pero estamos seguro que habrá más escapadas navideñas. Ho, ho, ho!