Lo de anoche fue muy divertido. Belén nos llevó a un sitio en el que podías beber lo que quisieras durante dos horas, dentro de una selección de bebidas del local, y teníamos un menú de ocho platos. Nos acompañó Júpiter, que andaba por Kyoto con un grupo de 200 indios, trabajando de guía turístico. Dios lo tenga en su gloria. No me puedo imaginar lo bordes que pueden ser 200 indios con pasta. En fin, el caso es que lo pasamos muy bien. Antes de cenar nos fuimos al Rocking ING Bar por tercera noche consecutiva. Nos encanta, la verdad, esta vez Haco, el dueño y camarero, hasta puso a Sopa de Cabra y Surfin' Bichos. El tipo, por algún motivo, controla de rock español de los 80 y 90. Sitio recomendadísimo para beberse una Asahi bien fría.
Tras un agradable paseo de unos 10 minutos, llegamos al restaurante que eligió Belén para el Gran Reto de Comidas. Estuvimos de risas toda la noche, pero el momento clave vino cuando nos trajeron cuatro pimientos fritos, como los de Padrón pero recién traídos desde las mismas entrañas del infierno. Belén probó el primero y sin problemas, no picaba. Oh, qué rico está el pimiento. Júpiter probó y bueno, picaba pero era soportable. Probamos Nacho y yo... y prácticamente nos ardió la boca. Agua, agua, hielo, algo, ahhh... Creo que no he probado nada más picante en mi vida, así que, como soy gilipollas, pensé, bueno, igual soy yo, y pegué un segundo bocado. Toses. Lágrimas. Garganta y paladar ardiendo. Lengua a 150 grados centígrados. Cuando se nos pasó el efecto unos 15 minutos después, dije la frase que desencadenó el ataque de risa.
- Joder, pues si me dan a elegir entre una buena patada en los huevos o morder otra vez el pimiento, directamente me abro de piernas y el que sea que vaya cogiendo carrerilla.
Belén, Nacho y yo llorábamos de risa y Júpiter no lo entendía del todo, pero se reía igual, y eso hacía que nos diese más risa todavía. Belén me ha dado permiso para contar otro momento gracioso de ayer en el Fushimi Inari que omití por prudencia. Estábamos en un pequeño templo y Belén dijo:
- Aquí hay que dar tres palmadas, hacer una reverencia y luego dar una palmada más.
+ Son dos palmadas, estoy casi seguro —dije yo. —Creo que son dos, ¿eh? —dijo Nacho.
- Que no, que son tres, dejaros de hostias.
+ Y al final hay que bailar una muñeira. Joder, si te vas a saltar el protocolo, hazlo con dos cojones.
Espero que Buda o los kami, que son los dioses sintoístas, tengan buen humor porque estábamos los tres muertos de risa en el santuario. La noche acabó en un bar muy exclusivo al que nos llevó Júpiter, con un camarero muy fino y elegante y un montón de botellas supercaras. Tomamos una copa, probando la ginebra y el vino locales, y nos fuimos a sobar.
Esta mañana hemos cogido el Shinkansen hasta Nagoya y dejado las cosas en el Nikko Style, nuestro excelente hotel de hoy, un cinco estrellas en pleno centro por un precio muy asequible. Nos han subido las cosas directamente a la habitación en cuanto estaba preparada, como en los hoteles buenos. Nuestra primera parada del día ha sido el Castillo de Nagoya, que se puede visitar por fuera pero no por dentro. La visita incluye el acceso al recinto y a algo llamado el Palacio de Hammaru, que es anexo al castillo y nos permite comprobar cómo vivían por allí en el siglo XVII (más bien aburrido, ¿eh?).
Decidimos ir a comer a un bar de Tonkatsu antes de ir al Museo de la Ciencia. Intentamos comer en uno al lado del castillo, pero había cola y no avanzaba, todo con 35 grados y humedad alta en la calle. De repente llegó un grupo de 50 españoles bastante palurdos, especialmente uno que dijo "qué bien, hoy comemos chino". Váyase usted a la mierda, paleto asqueroso, cuñao de los cojones, ojalá le sirvan el agua de la fregona y le digan que es sopa de miso. Si algo hacemos bien en este equipo es improvisar: miramos dónde estaba el museo y nos fuimos a un restaurante de Tonkatsu a dos calles, solo con comensales locales y comida excelente. Para mí, la mejor comida del viaje, y por 21 EUR por cabeza. Maravilloso.
El museo ha estado bien; es muy interactivo, pero el 99% de los carteles están en japonés, así que hemos hecho la especialidad de la casa hasta la hora de acceder al Planetario para el show que habíamos comprado. ¿Cuál es la especialidad de la casa? Coño, hacer el gilipollas y reírnos de la situación. El planetario era amplio, oscuro, espacioso y todo era en japonés con un tono muy monocorde. Y a las tres y pico de la tarde. Nos hemos quedado sobados los tres en distintas fases. Al parecer, a mí se me ha escapado un ronquido que ha hecho que estos dos se descojonen de risa otra vez. Soy gracioso hasta dormido, oigan. Estoy on fire.
Hemos dado un paseo por una calle comercial y luego iremos a cenar pizza, que nos apetece. He tomado notas todo el día de cosas que quería discutir sobre Japón, así que abro el Consultorio Turístico de Aventura Global. Si tenéis alguna pregunta sobre Japón, dejad un comentario en el blog y la respuesta llegará mañana o pasado (no sé si habrá blog mañana, vamos a estar un poco liados).
- Hay muchas palabras en Japón que se repiten sin cesar. En el metro, prácticamente cada locución empieza con algo que fonéticamente suena a "mamonaco". En realidad es Mamonaku y significa pronto, dentro de poco. También se escucha la palabra kudasai a todas horas, prácticamente en todas las frases. Significa "por favor". Arigato gozaimasu es la forma bonita de dar las gracias, y cuando te vas de un local, es arigato gozaimashita, lo mismo pero en pasado.
- La mayoría de los restaurantes en Japón no tienen postre. Si lo tienen, es muy probable que sea un restaurante más bien para guiris. El postre se lo suelen tomar fuera, en una cafetería, en un convenience store, donde sea.
- Hablando del convenience store, es impresionante cómo ha mejorado la calidad de los productos en los 7-Eleven, Lawson y Family Mart desde que fui a Taipei en 2001. Es acojonante. Ahora hay buenos smoothies, excelentes sándwiches y tremendas chocolatinas. Magnifico.
- Un punto y aparte son las máquinas de vending, todas del mismo fabricante, que debe tener una pasta gansa, el muy cabrón. El caso es que funcionan muy bien. Metes la pasta y en menos de tres segundos tras pulsar el botón, la bebida está disponible (y la bandeja se abre para fuera, que lo de que se abra para dentro es una mierda, estos tíos están en todo) y ya tienes el cambio. Es instantáneo. Debería ser un estándar mundial y que el tipo que las fabrica viva de rentas en una mansión con una playa privada en la que no le falte de nada.
Esto es todo lo que tengo para vosotros hoy. Mañana o pasado mañana, más cosas e historias desde Tokyo, última parada de la Aventura Global de Nacho. ¡Nos vemos!
PD: La pizza ha sido regulera. Confirma la teoría de ayer: no hay restaurantes europeos muy buenos en Asia. Sí que hay buenos restaurantes asiáticos en Europa. No sé si es la inmigración, el ir a países con más medios, ni idea, pero es así.












































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