De todos modos teníamos tiempo para un último bañito en la bikini beach y no renunciamos a semejante privilegio. De camino paramos en el bar de Felipe para darle una bolsa de mantecados que nos había sobrado. El tipo se puso muy contento y es que claro, allí no hay nada que se parezca a los mantecados, principalmente por dos motivos: uno, está prohibido celebrar la Navidad y dos, los mantecados llevan manteca, que es de cerdo, y en Rasdhoo son musulmanes. Felipe podría haberse enrollado e invitarnos a un café, pero no lo hizo. Aun así nos cae bien.
No he hablado de los cocos de Mohamed. No, no tiene unos cojones de cinco kilos cada uno que cuelguen de su escroto como si fuesen cocos, no va por ahí, y lo siento por la imagen mental que acabo de generar. Hay muchos cocos en Maldivas y Mohamed sabe cómo cortarlo y prepararlo estupendamente, y siempre tenía coco preparado para Belén. Desde que el proceso empezó muchos meses antes, Mohamed y Belén han tenido muy buen rollo y gran respeto entre ellos. Lo del coco era una prueba más de ese respeto.
También fue una señal de respeto que Mohamed cogiese su motocarro y nos acompañase a la terminal del ferry para no cargar con las maletas. El problema es que para bajar del motocarro puso un banquito muy inestable que cedió cuando fui a bajar yo y pegué una hostia bastante considerable. A ver, me caí de culo y no llegué a dar con la cabeza en el suelo, pero la reacción de todos, Belén incluída, cuando me levanté era de como si me hubiese caído por un barranco. Supongo que fue más aparatosa que otra cosa, me hice un poco de daño pero joder, soy un tipo duro, caerme delante de dos docenas de locales descojonados por dentro no iba a hacer que me arrugase.
Fuimos una hora en ferry hasta Malé sin problemas. Estaba un poco cagado, visto mi ultimo precedente en un barco, pero esta vez me comporté. Malé es una auténtica pocilga de sitio, un asco, una ciudad fea con un caos circulatorio que solo habíamos visto en Vietnam hace muchos, muchos años. Tras intentar dar una vuelta por la ciudad, decidimos ir a un mercado, que siempre da juego. Era un mercado de pescado, fruta y verdura en el que se había ido la luz, con un olor penetrante a putamierda absoluta y moscas por todas partes. Compramos unos plátanos y unas mandarinas que estaban bastante buenas, aunque no llegan al nivel de las de Nueva Zelanda, que son la calidad absoluta.
Fuimos a cenar en un sitio llamado Crab.Lob que no estuvo mal, aunque prometía más de lo que parecía. No cenamos mal, vaya. Dimos una vuelta por un par de tiendas y visto el calor que hacía, decidimos que una retirada a tiempo era una victoria. La verdad es que no apunté mucho de Malé, del hotel (que era muy extraño y no tenía piscina como nos habían prometido) ni de nada más, lo que queríamos era salir de aquí o en el mejor de los casos, volver a Rasdhoo.
Nos despertamos a las seis de la mañana y compartimos transporte con unos seres ruidosos que no callaban ni debajo del agua. Joder, a según qué horas hay que saber comportarse. Hicimos un poco el chorra en el aeropuerto, gastando los pichurros que nos sobraban y bromeando con el tema de que íbamos en business: después de todo, era el día de los inocentes. Nos cobraron 13 dólares por dos cafés, eso sí que fue una broma de mal gusto.
Volamos con muchísimo espacio en el avión, tres asientos para cada uno, y se notó porque estuvimos frescos el resto del viaje, incluyendo un larguísimo stopover en Estambul en el que abusamos de la confianza de mi amigo Kerem, viejo conocido del blog, y nos autoinvitamos a uno de sus restaurantes en el aeropuerto. Esta vez no nos encontramos con ninguna secta rara ni nada. Pero vaya, volar de esa manera, espatarrados durante nueve horas, es un privilegio cada vez menos común. Te permite gestionar las horas de sueño perfectamente.
Mirando hacia atrás, fueron unos días increíbles y la mejor Navidad que hemos pasado: tranquilos, relajados, con mucho tiempo de calidad y compartiendo muchas cosas juntos en un sitio en el que no habíamos estado, en un nuevo ambiente y en un país distinto. Repetiremos la experiencia cuando sea posible, no necesariamente en las Maldivas. Pero estamos seguro que habrá más escapadas navideñas. Ho, ho, ho!



























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