domingo, 23 de agosto de 2026

Japón, días 7-8: Castillos en Osaka, ¡y David Doblas en Kyoto!




Hola a todos desde Kyoto, donde llevamos un par de días. Ayer estaba un poco perjudicado físicamente y la cosa no ha ido a mejor por la noche, pero sí desde el mediodía, así que reanudo mis nunca bien ponderadas labores blogueras. Ahora os explico en detalle. Bueno, sin dar todos los detalles.





Ayer desayunamos en el Airbnb y nos fuimos al Castillo de Osaka como primera parada de un plan que mandamos al carajo durante el día para empezar a improvisar como locos, que también mola. El Castillo de Osaka es una pasada, increíblemente bien conservado, imponente desde fuera, con una arquitectura de mucha atención al detalle. Fue construido por orden de Toyotomi Hideyoshi en 1583. Hay un culto exagerado a la figura del tal Hideyoshi, desde su casco, katana, habitaciones favoritas hasta las mujeres que le rechazaron pero que al final se casaron con él; tenía que ser un pájaro de cuidado. El tipo unificó Japón a base de hostias, vaya, allá por finales del siglo XVI.












Eso a nosotros nos la pelaba un poco, la verdad, porque pasó hace mucho tiempo y preferimos quedarnos con la idea de que Hideyoshi tenía un casco de pinchos que le hacía parecer un pavo real. Ese fue el casco que usó Nacho en la mítica foto que nos hicimos en el segundo piso del Castillo, vestidos con trajes de samurái y haciendo el mamarracho. Cómo fue la cosa que hasta los locales nos hacían fotos para enseñárselas a sus familias en plan "mira los guiris estos, cómo hacen el mongolo". Los cascos pesaban 30 kilos cada uno y se movían, era imposible ir a la guerra con esa mierda en la cabeza. El caso es que lo pasamos bien y nos llevamos un buen recuerdo de allí. Recomendadísimo.









Tras coger fuerzas en los alrededores del castillo decidimos ir a un sitio llamado Round 1, en el que puedes practicar muchos deportes y juegos indoor. Al llegar a la puerta vimos que tenía muy mala pinta, así que nos fuimos a comer. Mis compis me dieron libertad creativa para ir donde a mí me saliese de los huevos y fuimos a un sitio de Tonkatsu en la segunda planta de un edificio en una calle de mala muerte al lado del Round 1. El Tonkatsu es carne empanada, cerdo en este caso, pero hecha con la textura de la tempura. Era un sitio solo de locales, fliparon cuando entramos... y comimos de manera excelente por 21 EUR por cabeza. Punto para Javi, fuck yeah.

Decidimos ir a la estación de tren a cambiar el billete y descubrimos varias cosas. Primero, no se puede cambiar el billete si no tienes acceso a tus datos en la SIM española, que tengo desconectada. Tuve que cancelar el billete y sacar uno nuevo. Segundo y más importante, sacar un billete de Shinkazen en el momento es mucho más barato, rollo como la mitad, que tener asiento reservado. Tras varias visitas a la máquina de tickets y un intento frustrado de pasar porque hay que sacar dos billetes por persona, la tarifa y el asiento, pusimos rumbo a la lejana Kyoto: 15 minutos de tren bala.

Nuestro Airbnb en Kyoto tiene tres plantas. Abajo dormimos Belén y yo, en medio está la tele, una litera donde duerme Nacho, la cocina y una mesa donde jugar a las cartas, comer o desayunar. Arriba está lo que se llama La Habitación de Júpiter, que no se llama así por nuestro amigo. Es porque está a 725 grados centígrados, que es la temperatura de la atmósfera superior de Júpiter, el planeta. En general, la casa es grande y pequeña a la vez y no se puede estar sin aire acondicionado. Hoy teníamos 37 grados con humedad de casi el 60%. No he follado debajo de un plástico, pero la sensación térmica debe ser algo así.





No tenía energía en Kyoto. No podía más, así que pedí una pausa. Belén y Nacho se fueron a dar una vuelta y luego fuimos a un supermercado de verdad, no un convenience store, a hacer una compra para estos días. Pillamos cuatro cervezas grandes que cayeron a medianoche mientras Nacho y yo veíamos al Sevilla ganar en San Mamés por 1-3. Hicimos demasiado ruido, es verdad, y estaba prohibido, también es verdad, pero a ver cuándo el Sevilla se va a ver en una así en las próximas semanas. La medio fiebre, los problemas estomacales y el hecho de que se me olvidó el agua en el piso de arriba.






Por la mañana habíamos quedado con David Doblas, ex-jugador de baloncesto y actual segundo entrenador del equipo local en Kyoto. David lleva ocho años en Japón, habla el idioma perfectamente (aunque él diga que no) y de hecho hoy mismo ha renovado su carnet de conducir. Nos ha recogido en coche para charlar de todo un poco y llevarnos a un par de sitios no tan turísticos. El primero ha sido un yakiniku, una especie de barbacoa japonesa donde los trozos de carne y algunas verduras se asan directamente en una parrilla que hay dentro de la mesa. David ha sido el maestro de ceremonias y nos ha contado un montón de curiosidades sobre Japón. Es absurdo, no nos habíamos visto nunca o casi nunca, pero somos buenos amigos desde que hicimos un par de BasketCasts hace unos años. 

(para los no iniciados, BasketCast era un podcast que autoproducía y que ahora ha mutado en un monstruo mediático llamado EuroLeague & Friends Made in Spain que copresento con Quino Colom en el canal de YouTube de MARCA, líder de información deportiva en castellano) 








Después nos ha llevado a un templo en el que él no había estado, pero que ha sido genial, se parecía al templo de Pai-Mei en la película Kill Bill. El templo en cuestión se llama Hamuro-san Joju-ji, que escrito así parece que un pijo haya tenido un ataque de risa, jojují. Qué asco de gente. En fin, es un templo budista con un minibosque de bambú ideal para hacer fotos, unas escaleras hacia el templo llenas de vegetación y toda la tradición de un templo del siglo IX. Una pasada de sitio al que no habríamos ido nunca sin David, que además ha sido muy amable de dejarnos al lado de dos templos más que queríamos ver, el imponente santuario Yakasa y el templo de Sannenkaza, donde hemos sellado nuestros libros de goshuin. Será un recuerdo especial.












Esta noche empieza el Gran Reto de Comidas. Nacho nos lleva a un lugar secreto. ¿Cuál será? Lo sabréis mañana. De momento, nos vamos a petardear un rato antes de la cena.

¡Muchos recuerdos desde Kyoto!
Javi 



PS: Tranquilos, están bien. Es solo que había una cámara en el ascensor que se podía grabar desde el piso de abajo y tenían que hacer esto. 

viernes, 21 de agosto de 2026

Japón, día 6: Muchísimo más en Osaka


Hola a todos desde Osaka, nuestra cuarta ciudad en otros tantos días. Mañana tenemos solo 15 minutos de tren de Osaka a Kyoto, donde estaremos cuatro días. Ventajas de una buena planificación, supongo. Como siempre, voy a rebobinar y a empezar por el principio del día. Siempre se me escapan cosas, pero yendo en orden suelen ser mínimas.




Nada más despertarnos, vi que teníamos un mensaje de los dos chicos ingleses que conocimos ayer en el MAC Bar de Hiroshima. Se han ido a Miyajima con el chinojaponés que conocieron ayer. Resulta que el chinojaponés está mazado y posa enseñando bíceps en Instagram. Seguramente su blog alternativo tenga más chicha que este: conocen a alguien y directamente se van a Miyajima juntos. No sé, es raro, pero viva la amistad, el amor, la guarrería o lo que sea que haya entre los dos ingleses y el chinojaponés.

Desayunamos muy temprano en el Oriental Hotel de Hiroshima con division de opiniones: Belén y Nacho piensan que fue un desayuno bastante decente, pero a mi entender era una mierda de categoría. De ahí volvimos a la habitación para ducharnos, rehacer las bolsas (las maletas siguen viajando con la empresa de los gatetes, la del catalán) y pillar un taxi hasta la estación de tren. Compramos unos sándwiches del 7-Eleven que son sensacionales. Al final no nos los hemos comido, pero caerán para el desayuno.




Como dije ayer, no hace falta ser muy listo para orientarse en el Shinkazen. Entras con tu código QR, buscas tu tren, vas al andén, buscas el vagón y te subes. Nada que no pueda hacer cualquiera por mucho que los carteles estén en japonés o en inglés. Una vez en Osaka, fuimos a dejar las cosas al Airbnb, que, pese a decirnos lo contrario por mensaje privado, no nos dejaron entrar antes de las 15:00. Entre pitos y flautas llegamos 40 minutos antes de la hora con el metro de Osaka, que funciona bien aunque con mala frecuencia de paso y eso sí, gente local quedándose sobados dentro de los vagones, esto ha sido muy divertido (ver foto de portada de esta entrada de blog). Total, que decidimos comer en un sitio para hacer tiempo.

Empecé a sentirme mal, con un dolor muy punzante en el vientre. Afortunadamente, todo ha quedado en un susto, nada que no se solucione con un Almax, un poco de reposo horizontal y un paso prolongado por el WC. Ya que estamos con el tema, aún no ha salido lo de los WC japoneses. Lo del chorro de agua en el ojete es opcional, hay que darle a un botón y entonces sale una especie de extensor que te echa abundante agua en todo el ojo del culo. O eso me han contado, porque aún no he pulsado ese botón. Me da palo. El caso es que estuve mucho mejor para dar una vuelta larga por Osaka.




Empezamos en Tenjinbashi-suji, una de las calles comerciales más largas del mundo: casi tres kilómetros de tiendas, principalmente droguerías. Insisto, el producto estrella es el spray que rebaja la temperatura corporal o la de tu ropa. El que traiga este invento a España se va a forrar a lo grande, tiempo al tiempo. Hicimos un Reto de Bebidas, muchas fotos y compramos un par de cosas más o menos necesarias. Nada del otro mundo. La mejor compra la hizo Belén, que se ha llevado una camisa típica japonesa por 700 yenes, menos de cuatro euros. Hay máquinas de cápsulas de juguetes por todas partes, cada tienda tiene dos o tres, y hay centros con cientos de ellas. Es una locura.





Cuando ya estábamos hasta los cojones de ver tantas droguerías, volvimos al metro y en cuatro paradas estábamos en Shinsaibashi-suji, la típica calle comercial de Osaka llena de carteles luminosos en japonés, restaurantes y turistas, muchos turistas por todas partes. Pedimos hora en un restaurante de sushi llamado Kura y nos dieron hora para las 21:00. Eso quería decir que teníamos hora y media para petardear por ahí, y vaya si lo hicimos. 












Acabamos llegando a Dotombori, una calle al lado del río llena de edificios luminosos, pequeños barcos llenos de turistas y el primer anuncio que se puso allí, el Glico Man. Fue instalado por primera vez en 1935 anunciando unos caramelos. La actual es la sexta versión del cartel.





Antes de ir al restaurante, fuimos al sótano de un edificio para beber una rápida en un bar de los Rolling Stones. Realmente suena mejor de lo que parece, porque el camarero, de nombre Masayo, era increíblemente sieso, mirándonos con cierta condescendencia. Coño, que eres Masayo el del bar de mierda del sótano de Osaka, no el puto Mick Jagger. También probamos el takoyaki, una bola de pasta rellena de pulpo. El camarero hablaba español y conocía a Kitoyake, que es de Osaka. Es un jugador japonés que pegó un petardazo legendario en el Sevilla FC, se adaptó menos que Jesulín de Ubrique en el PACMA. 

El restaurante de sushi estuvo bien, comimos hasta hartarnos por 11 euros por persona y hasta nos regalaron unos cinco o seis regalos sorpresa que entre todos juntos podrían valer 12 céntimos de euro. Regalos de mierda, sí, pero fue divertido y la comida estaba buena.

Mañana visitaremos el Castillo de Osaka y seguramente haremos alguna actividad recreativa antes de irnos a Kyoto. Si todo va bien, el domingo tendremos una agradable sorpresa. Ya veréis.







Voy a subir vídeos y descargar fotos. Ha sido un gran día en Osaka. La verdad, no recordaba nada de Dotombori, no me suena que hayamos estado. Todo lo demás sí lo habíamos visto, pero solo por ver esto ha merecido la pena volver, y diría que Nacho ha flipado, así que misión cumplida. So far, so good.

Javi

PS: Un breve comentario sobre la tarjeta PASMO, que sirve para pagar en todos los metros de Japón, incluido el ferry a Miyajima, y en muchos pequeños comercios. Imaginaros que con la misma tarjeta se pudiese acceder al metro de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. Necesitamos algo así, nos llevan años de ventaja.

PS2: Hoy nos han rechazado una bolsa del amor de Belén. Esta no la vimos venir.

PS3: Un 10 rotundo para Belén por liderar en el día de hoy, haciendo una hoja de ruta impecable y ejecutándola de manera magistral, empezando suave con la calle larga de tiendas de día y acabando por todo lo alto con el Dotombori. Ha sido fantástico.

jueves, 20 de agosto de 2026

Japón, día 5: Hiroshima tiene de todo


Hola a todos desde Hiroshima, donde estamos haciendo un pit-stop en el hotel antes de irnos a cenar, así que voy a ir adelantando el blog antes de que me toque hacerlo a medianoche. Sospecho que no vamos a salir hasta tarde (iba a decir "a quemar la ciudad", pero no es elegante), así que espero acabar a una hora decente. Por cierto, el desayuno del hotel va de las 06:45 a las 09:30. Es inaudito. El Hotel Oriental de Hiroshima nos ha proporcionado una amplia habitación triple en la que estamos muy cómodos. Ayer lo de ryokan estuvo bien, pero levantarse cada vez desde el suelo es una puta tortura. Los japoneses deben tener las lumbares más duras que el bíceps de Topuria.

Como siempre, rebobinamos al principio del día. Hicimos check-out en el hotel, que nos ofreció llevarnos al ferry gratis. Le dijimos que íbamos al café de enfrente y que luego veríamos si bajábamos andando (15 min) o con ellos. El café de enfrente era muy extraño, parecía una habitación particular y no servían café con leche. La única leche que había era vegetal. Las opciones del menú eran un pastel de limón y dos helados (sí, helados para desayunar), uno de ellos de gorgonzola. Usamos la excusa de que Belén es diabética para salir por patas, aunque deberíamos haber sido sinceros y decirle que su local era muy elegante pero su oferta gastronómica matutina era una porquería, un insulto a esa institución mundial que es el desayuno. Mamones.






Volvimos al hotel casi de rodillas a suplicar que el señor recepcionista nos bajase donde queríamos ir, que era el Starbucks. El tipo sonrió socarronamente en plan "guiris de mierda, se van al Starbucks" cuando le dijimos nuestro destino final. No soy fan del Starbucks pero he de reconocer que desayunamos bien y desde luego, mejor que en el sitio fisno ese de mierda. Echamos un último vistazo al torii y nos fuimos a la calle comercial a petardear, comprando alguna cosilla. Cogimos el ferry hasta Miyajimaguchi y de ahí el tren regional hasta Hiroshima, todo con la tarjeta PASMO y sin perder un segundo. Como dijo Nacho, fue automático.



Teníamos tres objetivos en Hiroshima. El primero era visitar una calle comercial llamada Hondori, de unos 600 metros de longitud con todo tipo de tiendas, había hasta un outlet de Skechers. Habría unas 200 tiendas o así: pop-ups de cosmética, todas las marcas locales con un Uniqlo gigantesco, y un centro comercial donde compré el Otamatone, extraño instrumento musical japonés con el que voy a tocarle los cojones a todo el mundo a partir de ahora. Ya hice una prueba en Tokyo, en el bar del amigo de Júpiter, con resultados catastróficos para cualquiera que le guste la música. El mío es más pequeño y edición Kabuki.





Estuvimos dando una vuelta por el centro comercial antes de ir a nuestro segundo objetivo del día: un edificio de varias plantas llamado Okonomimura, lleno de pequeños restaurantes donde te preparan delante de ti el plato estrella de Hiroshima: el Okonomiyaki, una especie de tortilla de fideos y col que sabe mucho mejor de lo que estoy explicando. Coño, con esta descripción no se la comería ni Dios, menos mal que tenemos vídeos y fotos del producto final.





Belén ha repartido sus bolsitas del amor por todo Japón e Hiroshima no es una excepción. Hoy ha repartido tres: una al taxista que nos trajo al hotel, que nos regaló unos palillos para Nacho sin esperar nada a cambio. Cuando recibió la bolsita con la explicación en japonés de por qué estamos en su país, el tipo flipó. La cocinera del Okonomiyaki también recibió nuestro regalo por su trato y amabilidad. Nos devolvió tres origamis y un cuenco para beber té para Nacho, que siempre es el receptor de todos los pequeños regalos por ser nuestro invitado. El caso es que Nacho aborrece el té, piensa que es agua sucia y se lo va a beber su tía. Ah, qué ironía. El tercer receptor de nuestro regalo fue un dependiente de una tienda de pegatinas que no se merecía la bolsita, gordo de mierda timador, que al final nos cobraste de más.





Volvimos a la calle comercial para comprar alguna cosilla, sobre todo un spray fresco para la ropa que es una maravilla y que estará muy pronto en Europa. Estoy tan seguro de ello que hemos hecho un video. Pasó una cosa muy graciosa. Delante de una de las tiendas había un tío vestido de samurái y solo se veía la armadura. Nacho y yo nos acercamos y no se movía nada de nada, así que decidí gastarle una broma a Belén. "¿Te puedes poner al lado de la estatua esa del samurái y te hago una foto?" El resultado es descacharrante. Estuve riéndome varios minutos. Recordó a aquello que pasó en 2013 cuando fuimos a Vancouver. No fue tan gracioso como aquello, que casi me muero de risa allí mismo, pero tuvo gracia. Tambien tuvo mucha gracia el Reto de Bebidas de hoy, que Belén ganó por goleada. Ha sido muy gracioso, estos dos estaban descojonados con mi reacción. Ojo porque este reto de bebidas es HISTÓRICO.



Rápidamente cambiamos de registro.



Al final fuimos al Museo Memorial de la Paz en Hiroshima, que sirve para recorder al mundo entero el horror que causó la bomba atómica cuando fue lanzada el 6 de Agosto de 1945. El museo cuesta solo 200 yenes, poco menos de un euro, y muestra fotos explícitas de las consecuencias de aquella catástrofe provocada por el ser humano que esperamos que nunca se repita. Ya que ellos han sido tan directos, vamos con los datos tal y como son: alrededor de 80000 personas inocentes murieron de forma instantánea, 60000 más fallecieron antes de que acabase 1945 y la radiación acabó con 60000 más, sin contar los efectos secundarios físicos y mentales que tuvieron los supervivientes y sus generaciones posteriores. El museo muestra la realidad tal y como fue: muertos, heridos, consecuencias de la radiación... Lo que más me ha afectado es ver que hubo mucha gente que murió días después con las arterias y venas perforadas. Empezaron a tener manchas internas de sangre hasta morir desangrados. Una barbarie.






También vimos lo que llaman el Monumento de la Paz de Hiroshima o la Cúpula de la Bomba Atómica. Es un edificio que estaba a 150 metros del epicentro de la bomba, el más cercano que resistió el impacto. Se decidió conservarlo tal cual para que la gente nunca olvide lo que pasó, y el recinto del edificio contiene varios monumentos construidos a posteriori, incluyendo una campana que los visitantes pueden tocar en honor a la paz mundial. Es un sitio con una energía negativa difícil de describir, pero es necesario visitarlo. Fue un contraste fuerte, pasar de estar todo el día descojonados a tener un nudo en la garganta... pero es necesario hacer estas cosas. De hecho, es la única petición explícita de Nacho en el viaje: visitar este museo. Le honra muchísimo.

Volveré después de la cena, que tengo que despertar a estos dos, que se están pegando un siestorro a las ocho de la tarde. Son mis ídolos.



Bueno, hemos ido a cenar a un sitio de carne que ha elegido Nacho y la verdad es que ha estado muy bien. Long story short, hemos ido a un bar llamado MAC que nos recomendó nuestro amigo Júpiter, ese crack total. Es un bar con como 10000 CDs que te pinchan lo que tú pidas. Estaban poniendo rock setentero y hemos transicionado al britpop con Pulp, Oasis y demás. Estábamos con dos ingleses y un chinojaponés que simpatizaban con nuestra causa musical. Hemos echado un buen ratito y de ahí nos hemos ido a un karaoke a cantar una hora. En tres palabras: Nacho lo peta. Y sí, se nos ha hecho más tarde de lo que pensábamos, pero qué más da, estamos de vacaciones, joder. 

Eso es todo por hoy, que no es poco. Unas postdatas y lo dejo.

Javi

PS: No hay papeleras en Japón. Bueno, hay pocas, muy pocas. La gente carga con su basura durante horas. Es acojonante.

PS2: Creo que lo peor del día ha sido la espera para que nos sellasen el Tax-Free en la tienda de música donde compramos el otamatone. Han sido 10-12 minutos, pero han parecido doce horas. Hijos de puta, qué inutilidad. Por cierto, desde hace unos meses te descuentan el IVA directamente en las tiendas de Japón; presentas el pasaporte con un sello de entrada reciente y ya te lo hacen.