domingo, 16 de agosto de 2026

Japón, día 1: En Tokyo, ¡promesa cumplida!


Hola a todos desde el aeropuerto de Hong Kong. Ya lo sé, no es Tokyo y no, no vamos a estar en Hong Kong más que unas horas, pero aprovecho para empezar el blog de Japón antes de llegar y así me mantengo despierto. Belén está paseando por la terminal del magnífico aeropuerto de Hong Kong, mi favorito del mundo mundial, y Nacho se ha ido con ella.

Hemos empezado el viaje de forma muy accidentada. Tras una noche de nachos, hamburguesas y cervezas en El Desván, nos levantamos temprano para cerrar las maletas e irnos a la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. El trayecto fue un poco extraño porque el conductor de Cabify era prisionero de un ataque de ansiedad legendario, gigantesco, extraordinario. Estaba más ansioso que Andrea Janeiro en un Kentucky Fried Chicken, que Dani Carvajal en una fiesta del partido comunista. El tipo no hacía más que dar golpes al volante, decir "Barceloooona" con la o larga y repetir la hora.

Al parecer, el problema es que tenía que pagar unos céntimos si tardaba mucho en salir de allí. Nos propuso ir a salidas y lo mandamos al carajo porque no teníamos prisa, y cuando vio la fila de coches atascados, al tipo le dieron los siete males. Barceloooooona, diez y media. Así hasta que llegamos y oh sorpresa, no aparecía nuestro vuelo en el panel. Su puta madre, ¿qué tipo de cagada hemos metido? Bueno, una bastante leve.

Resulta que Cathay Pacific se ha mudado a la Terminal 2. Es el único vuelo de toda la cadena de OneWorld en salir de la T2. Ni nos planteamos mirarlo, la verdad. No fue un problema porque íbamos con mucha antelación, que es lo que hay que hacer en estos casos porque los imprevistos suceden y al final acabamos con la misma ansiedad que el taxista de los cojones. Cogimos un autobús gratuito que va de una terminal a otra y llegó el momento de la magia de Belén.





Siento un viaje largo, seguro que hay nuevos accesos al blog. Hemos cogido por costumbre regalar cosas a la tripulación y el personal de tierra de las compañías aéreas porque es un trabajo muy desagradable, tratas con gente muy borde, la verdad, así que un poco de amabilidad nunca viene mal a nadie. A veces, la gente corresponde a nuestra amabilidad. En esta ocasión, Belén preparó chocolatinas y gominolas con una tarjeta personalizada explicando el viaje, a saber, que Nacho ha cumplido 18 años y le hemos regalado un viaje a la carta, que resulta ser Japón porque lo decidió con siete años cuando fuimos nosotros por primera vez. Lo prometimos y lo vamos a cumplir (recordad, aún estamos en Hong Kong, falta un poquito).

El jefe de Cathay Pacific en Barcelona (Carlos) vino a hablar con nosotros y felicitó a Nacho por su cumpleaños y por tener unos tíos tan cojonudos (nunca sorpresa, ya sabemos que somos la hostia, hombre). Quiso corresponder a nuestro gesto regalándonos el fast track y darnos acceso a la sala VIP de la T2. Fantástico, fue una parada muy rápido pero bastante productiva, hasta brindamos con cava. No, no nos pasaron a business, pero qué más da, esto no es algo que hagamos buscando un objetivo. Es ser amable con la gente. Veréis más ejemplos durante al viaje.



Conceptualmente, doce horas de vuelo directamente a Hong Kong ya son una puta mierda en sí, pero si te toca detrás un hijoputa que te da patadas sin parar es muchísimo peor. Ha sido mi caso: no sé cómo han dormido estos dos pero Belén se ha traído lo que llamamos "el asiento de la cula", esto es, un asiento acolchado que usa para trabajar en el día a día. Sospecho que ella ha dormido mejor que nadie en el avión. En el colmo de los colmos, el tipo de detrás pasó de darle patadas al asiento a estirar el pie, meterlo en el asiento de delante y tocarme para despertarme. Una vez. Dos veces. A la tercera le cogí el pie al vuelo, me di la vuelta y le dije que no me tocase más los cojones.

Pero siguió dando por culo. El tipo era una máquina inmisericorde de dar por culo. El vuelo en sí, bien. La comida fue correcta y tenían dos conciertos de Oasis en el sistema de entretenimiento, lo cual tiene gracia porque estuvieron en la lista negra de la aerolínea durante muchos años por un incidente que nada tuvo que ser con los hermanos Gallagher. Bonehead, el guitarrista, que pilló una papa legendaria y la lió parda.






El aeropuerto de Hong Kong es fantástico y está igual que la última vez: tiendas de lujo impresionantes, muy espacioso y un montón de tiendas muy peculiares de camino a la Puerta 67, que es donde estamos. Hemos echado una primera partida de cartas en una pizzeria donde fuimos a tomar un café. Nos obligaron a consumir algo porque el café era solo para takeaway, así que pedimos un cruasán y palante. Parecíamos el tipo ese de la película Clerks que compra unos chicles para pasar a ser un cliente y cagarse en todos los que compraban tabaco. Seguramente esta referencia no la pille ni Dios, soy consciente.



Llegamos a Japón tras un vuelo en el que los tres dormimos casi todo el trayecto. Ha resultado ser una buena idea porque hemos aguantado mucho mejor. En el menu de Cathay Pacific había un entrante, un principal y tres postres, ni puta idea de por qué. Al llegar a Japón tuvimos que pasar dos controles, uno de entrada que se puede preparar de antemano y otro de aduanas que es un poco a caraperro. Belén había alquilado una mini-van para llevarnos a nuestro hotel, el Kamzashi Tokyo Asakusa. Ha resultado ser la mejor decision del viaje de ida porque hay cerca de 80 kilómetros entre el aeropuerto de Narita al centro de Tokyo.





Total, que ya estamos aquí. Lo primero que hemos hecho es subir a la azotea del hotel a ver las magníficas vistas y justo después, visitar el templo de Senso-ji, justo al lado del hotel y muy cerca de la SkyTower, lo cual le da al templo un aire retrofuturista: es un sitio muy tradicional rodeado de tecnología. Hay una pagoda de cuatro pisos y volveremos mañana para verlo en plena ebullición. 








Fuimos a cenar al Sushiro, el típico sitio de sushi en el que te llegan los platos por una minicinta transportadora. Muy rico, y hemos comido hasta hartarnos por 12 EUR por persona. Para hacer tiempo, hemos dado un paseo en el que nos hemos metido en un Pachinko para que Nacho lo vea, he usado 1000 yens (unos cuatro euros) perdiendo casi todo y sin tener ni la más minima idea de qué estaba haciendo porque estaba todo en japonés, hemos entrado en una caótica tienda llamada Don Quijote, tal cual, y hemos hecho el primer Reto de Bebidas de la temporada.






Mañana será otro día: Shinjuku, Shibuya y una experiencia muy local con un amigo de Belén. Pero eso será mañana, porque ahora, amigos, me voy a sobar hasta que no pueda más...

miércoles, 12 de agosto de 2026

Preparados para la Aventura Japonesa de Nacho



Hola a todos desde Islantilla. Ya lo sé, ni es Japón ni se le parece. No pasa nada, es cuestión de (poco) tiempo. 

Estoy aquí para recoger a Nacho y llevármelo a Barcelona para desde allí salir a Japón. Decidimos entre todos irnos la segunda quincena de Agosto porque es justo después del 50 cumpleaños de Nacho Sr, mi hermano, el padre de Nacho. Es una cuestión de respeto: uno tiene que celebrar su medio siglo rodeado de las personas con las que quiere estar, y celebrarlo con una videollamada desde Tokyo no es forma de hacerlo. Así que cada cosa a su tiempo, pero en nada estaremos saliendo hacia Japón.

Belén ha liderado el plan durante el año, haciendo un montón de propuestas. Se han respetado las peticiones de Nacho, que no han sido muchas, y hay muchas cosas que consideramos esenciales y que volveremos a ver. La verdad, han pasado 11 años y si no fuese por el blog y un montón de fotos que hicimos y que Dios sabe dónde coño están, no nos acordaríamos de casi nada. Estoy seguro que Japón ha cambiado muchísimo pero a la vez, mantenido todas sus tradiciones intactas a pesar de las hordas de turistas que han visitado el país desde que el yen se dio la gran hostia.



¿Qué podremos ver en esta temporada de Aventura Global? Todos los sitios esenciales de Japón, claro. Si vamos a Japón, sería de gilipollas esperar ver el Castillo de Dresde en Alemania, no te jode. También repetiremos cosas que nos divirtieron, ya sean visitas a centros de ocio, bares, restaurantes divertidos, cameos de Lee E. Fittipaldi y mil cosas más.

Tres cosas esenciales que nos diferenciarán del resto y que hemos hecho porque nos apetece, claro.

1) El Reto de Bebidas. Aún está por definir quién comprará y quién beberá, aunque todos sospechamos a quién le va a tocar beber según que brebaje de naturaleza desconocida. Intentaremos hacer un Reto de Bebidas cada día, y alguno más aquí y allá, como hicimos en 2015. Prepárense para el espectáculo.



2) El Reto de Restaurantes. Esto es algo nuevo. Estamos tres noches en Tokyo al final del viaje y otras tres en Kyoto. Cada uno de nosotros ha reservado un restaurante en Tokyo y Kyoto sin que los otros dos sepan nada. O sea, uno de nosotros llevará a ciegas a los otros dos a un restaurante. Veremos qué tal sale pero nos parece muy divertido. En Kyoto, Nacho reserva el día 23, Javi el 24 y Belén el 25 de Julio. En Tokyo, Belén reserva el 27, Nacho el 28 y Javi el 29, que es la última cena del viaje.





3) No sé lo que hace la gente por la noche hoy en día, pero a nosotros nos gusta salir de vez en cuando y escuchar un poco de música. Estamos de suerte, porque Asia en general, y Japón en particular, tiene una cultura musical muy amplia, desde bares de vinilos en los que tú eliges la música hasta locales muy locos y divertidos en los que la gente baila sin parar. Intentaremos ir alguno de ellos, no cada noche, pero sí algunas. Y por supuesto, si se va a Japón, hay que darlo todo en algún karaoke. No es opcional. Esto hay que hacerlo por cojones.

Respecto a la logística, hay muchas cosas a considerar pero estas son las más importantes:




1) Hay que llevar una tarjeta SUICA y dinero en efectivo. Los japoneses, con muy buen criterio, prefieren el cash a las tarjetas de crédito. En mi caso, por consejo de un compi de curro (gracias, Martín), he creado una cuenta de yens en Revolut para ir sacando allí sin coste adicional. La tarjeta SUICA es recargable y aceptada prácticamente en todas partes. Es importante hacerse con una lo antes possible.

2) Ya temenos comprada la eSim. Los precios han bajado espectacularmente en los últimos años y ya no sale a cuenta comprar una tarjeta SIM en destino, es major llevarla ya comprada y activarla cuando lleguemos. Belén estuvo de 10 en este sentido, consiguiendo todo con descuento.

3) No hemos sacado el Japan Rail Pass. Hice los números y sacar el JRP es más cómodo, pero eran 150 EUR extra por persona comparado a sacar los tickets uno por uno, así que es como lo hicimos. A la hora de hacer el recorrido, decidimos ir al punto más lejano de Tokyo (que es Miyajima) el primer día, para así perder menos tiempo en días sucesivos.




4) Vuelve el gatete. En 2015, un señor catalán muy amable nos recomendó una empresa llamada Yamato, cuyo logotipo tiene dos gatetes, que lleva maletas de 1 a B por un precio muy competitivo. Lo que haremos es llevarnos una mochila con ropa para 3-4 días y mandar las maletas hacia un destino intermedio. Recuerdo que en 2015 estaba cagado pensando que vería algún japonés llevando mis camisetas de los Denver Nuggets pero no, las maletas no es que llegaran al hotel, es que nos estaban esperando en la habitación. Pero qué cracks. Total, la compañía de los gatetes catalanes volverá.

Me despido con un breve resumen del itinerario: llegamos a Tokyo vía Hong Kong, volando con Cathay Pacific. Estamos unos días en Tokyo y vamos primero a Miyajima y luego a Hiroshima. Desde allí vamos volviendo a Tokyo poco a poco: Osaka, Kyoto (donde haremos parada y fonda larga porque nos encantó, haciendo una excursión a Nara), Nagoya (sin premio) y Tokyo, para acabar a lo grande.

Va a ser muy especial, y aunque reconozco que no estaba con los cinco sentidos puestos en el viaje, ahora sí lo estoy y ya me estoy poniendo nervioso.

¡Nos vemos en Japón!

PD: #Patri2030

PD2: Ya sabéis, si tenéis algún comentario, podéis hacerlo debajo de estas líneas o en redes sociales. Estamos en Instagram y X.

miércoles, 5 de agosto de 2026

La Gran Promesa de Aventura Global


Hola a todos desde Barcelona. Este es un post muy especial para nosotros. No será el más largo ni el más divertido, pero sí uno de los más emotivos.

Hace ya 11 años que fuimos a Japón. Estuvimos 23 días y nos despedimos diciendo "hasta pronto, Japón". Bueno, han pasado 11 años desde entonces pero ha llegado el momento de volver, y no solo eso, lo haremos acompañados por primera vez en uno de nuestros viajes.




Allá por 2015 tuvimos un lector inesperado en nuestro blog, nuestro sobrino Nacho, que entonces tenia siete años recién cumplidos. Me siento un poco culpable porque tuvo que leer según qué barbaridades como "a ver si esos hijos de puta se dan cuenta de lo bonito que es viajar", "me cago en las putas muelas del gilipollas sádico que pensó "miren, ¿qué tal si a este refresco de uva le metemos un ectoplasma semisólido para aterrorizar a la gente?" o "Eran cuatro chicas terriblemente tímidas, más cortadas que los calzoncillos de Eduardo Manostijeras con picor de huevos", todo en la misma entrada de blog, que incluye un épico ataque de risa y una interacción genial de Belén disfrazada de rana con una niña local.

En fin, que me desvío del tema principal. Nacho siguió el viaje de arriba abajo y confío en que no tuviese la comprensión léxica suficiente para pillar todos los chistes y barbaridades que dije en su momento. Lo que sí hizo fue hacernos una promesa: cuando sea mayor, quiero ir a Japón con vosotros. Le dijimos que cuando cumpliese 16 lo haríamos, y lo invitaríamos nosotros. Resulta que cuando te llevas a un menor de edad a un país que no es el tuyo, suele haber unas restricciones bastante fuertes, por lo que sea. Viendo el papeleo que nos caía encima, decidimos retrasarlo hasta que Nacho cumpliese 18 años.




Los cumplió la semana pasada y mantenemos nuestra promesa. Nos vamos a Japón con él. Y es muy emocionante para todos.

Daremos más detalles del viaje cuando llegue el momento, pero iremos a todos los sitios a los que él quiera ir, haremos una nueva temporada del Reto de Bebidas Japonesas, descubriremos muchas cosas, recordaremos otras tantas y, sobre todo, será interesante ver el viaje desde su punto de vista. Eso será dentro de unos días.

De momento, nos vamos al Prestoso para empezar las vacaciones con buen pie (aunque parece que va a llover). Buena comida, buena música, excelente ambiente... Iremos cada vez que podamos. Respecto al nivel de palabrotas e insultos en el blog, pues ya veremos. Creo que se pueden hacer buenos chistes sin tener que soltar tantas barbaridades, pero va a depender de lo que nuestra gente quiera y sobre todo, de las ganas que tengamos de escribir con cierto nivel de cachondeo. Tantos años leyendo El Jueves tenían que salir por algún sitio, digo yo. Hasta ahora en esta entrada me estoy comportando, estoy siendo más inofensivo que Bambi en un puticlub.

Mierda, ya hemos abierto el cajón de las barbaridades. Me cago en la puta, con lo bien qué iba. Aquí estoy, intentando ir de fissssno, a quién cojones quiero engañar. Por respeto a la familia y amigos que estarán interesados en el paradero de nuestro sobrino, haremos un blog casi cada día. Él no lo sabe, pero tiene poder de convocatoria, esto va a ser como repartir tarjetas regalo de Fortnite en la puerta del instituto de un barrio marginal: todo el mundo quiere saber de él.




A la vez, el blog recupera su espíritu original, que es informar a familia, amigos y algún curioso de dónde estamos, qué hacemos y que vean un buen puñado de fotos y vídeos en vez de venir a casa a verlas y aburrirlos hasta la náusea. En esta foto estamos en el pabellón de oro de Kyoto. Ahí al fondo hay una geisha que nos miró con cara de mierda. En esta foto se ve el Fushimi Inari, que raya más que abrir una caja de esas que tienen una tapa de plástico y otra de carton, y que no hay manera de abrirla porque al primer intento te queda todo el plástico y medio carton, Dios, qué puta mierda más grande. Pues igual de putomierdoso es enseñar fotos en casa, o vídeos si no tienen cierta gracia. Para eso está el blog, para que lo vea quien quiera, cuando quiera.

¡Nos leemos pronto! ¡Vuelve Aventura Global! ¡Viva!

PS: Patri, si lees esto, todo llegará y será igual de genial... #Patri2030

lunes, 20 de julio de 2026

Maldivas, días 7-8: el final de otra Aventura



La verdad es que nos dio mucha pena irnos de Rasdhoo. Fuimos muy felices allí, disfrutando de sus aguas turquesas y la amabilidad de la gente local, pero todas las cosas buenas llegan a su fin y era hora de volver a nuestras vidas en Barcelona por cortesía de Turkish Airlines. Creo que hablo por los dos cuando digo que nos habríamos quedado allí dos meses más. Mentalmente volvemos a Rasdhoo de vez en cuando para encontrar la paz mental. Fue una pasada.

De todos modos teníamos tiempo para un último bañito en la bikini beach y no renunciamos a semejante privilegio. De camino paramos en el bar de Felipe para darle una bolsa de mantecados que nos había sobrado. El tipo se puso muy contento y es que claro, allí no hay nada que se parezca a los mantecados, principalmente por dos motivos: uno, está prohibido celebrar la Navidad y dos, los mantecados llevan manteca, que es de cerdo, y en Rasdhoo son musulmanes. Felipe podría haberse enrollado e invitarnos a un café, pero no lo hizo. Aun así nos cae bien.



No he hablado de los cocos de Mohamed. No, no tiene unos cojones de cinco kilos cada uno que cuelguen de su escroto como si fuesen cocos, no va por ahí, y lo siento por la imagen mental que acabo de generar. Hay muchos cocos en Maldivas y Mohamed sabe cómo cortarlo y prepararlo estupendamente, y siempre tenía coco preparado para Belén. Desde que el proceso empezó muchos meses antes, Mohamed y Belén han tenido muy buen rollo y gran respeto entre ellos. Lo del coco era una prueba más de ese respeto.

También fue una señal de respeto que Mohamed cogiese su motocarro y nos acompañase a la terminal del ferry para no cargar con las maletas. El problema es que para bajar del motocarro puso un banquito muy inestable que cedió cuando fui a bajar yo y pegué una hostia bastante considerable. A ver, me caí de culo y no llegué a dar con la cabeza en el suelo, pero la reacción de todos, Belén incluída, cuando me levanté era de como si me hubiese caído por un barranco. Supongo que fue más aparatosa que otra cosa, me hice un poco de daño pero joder, soy un tipo duro, caerme delante de dos docenas de locales descojonados por dentro no iba a hacer que me arrugase.






Fuimos una hora en ferry hasta Malé sin problemas. Estaba un poco cagado, visto mi ultimo precedente en un barco, pero esta vez me comporté. Malé es una auténtica pocilga de sitio, un asco, una ciudad fea con un caos circulatorio que solo habíamos visto en Vietnam hace muchos, muchos años. Tras intentar dar una vuelta por la ciudad, decidimos ir a un mercado, que siempre da juego. Era un mercado de pescado, fruta y verdura en el que se había ido la luz, con un olor penetrante a putamierda absoluta y moscas por todas partes. Compramos unos plátanos y unas mandarinas que estaban bastante buenas, aunque no llegan al nivel de las de Nueva Zelanda, que son la calidad absoluta.



Fuimos a cenar en un sitio llamado Crab.Lob que no estuvo mal, aunque prometía más de lo que parecía. No cenamos mal, vaya. Dimos una vuelta por un par de tiendas y visto el calor que hacía, decidimos que una retirada a tiempo era una victoria. La verdad es que no apunté mucho de Malé, del hotel (que era muy extraño y no tenía piscina como nos habían prometido) ni de nada más, lo que queríamos era salir de aquí o en el mejor de los casos, volver a Rasdhoo.





Nos despertamos a las seis de la mañana y compartimos transporte con unos seres ruidosos que no callaban ni debajo del agua. Joder, a según qué horas hay que saber comportarse. Hicimos un poco el chorra en el aeropuerto, gastando los pichurros que nos sobraban y bromeando con el tema de que íbamos en business: después de todo, era el día de los inocentes. Nos cobraron 13 dólares por dos cafés, eso sí que fue una broma de mal gusto.





Volamos con muchísimo espacio en el avión, tres asientos para cada uno, y se notó porque estuvimos frescos el resto del viaje, incluyendo un larguísimo stopover en Estambul en el que abusamos de la confianza de mi amigo Kerem, viejo conocido del blog, y nos autoinvitamos a uno de sus restaurantes en el aeropuerto. Esta vez no nos encontramos con ninguna secta rara ni nada. Pero vaya, volar de esa manera, espatarrados durante nueve horas, es un privilegio cada vez menos común. Te permite gestionar las horas de sueño perfectamente. 






Mirando hacia atrás, fueron unos días increíbles y la mejor Navidad que hemos pasado: tranquilos, relajados, con mucho tiempo de calidad y compartiendo muchas cosas juntos en un sitio en el que no habíamos estado, en un nuevo ambiente y en un país distinto. Repetiremos la experiencia cuando sea posible, no necesariamente en las Maldivas. Pero estamos seguro que habrá más escapadas navideñas. Ho, ho, ho!

Maldivas, Día 6: fiesta y Betadine




Llegamos a nuestro sexto día de aventura en las Maldivas. Habían pasado dos días desde mi mal momento en la excursión, en el que batí el récord del mundo de vomitar en un barco en marcha. El día anterior habíamos descubierto un agujero abisal en la playa que hacía que viésemos todo tipo de peces, con tal mala suerte que Belén se encontró con un tiburón cara a cara. Una cosa así hace que te plantees volver al mismo sitio, claro, porque aunque nos dicen que no hacen nada y que son muy mansos, un tiburón no deja de ser un bicho con unos dientes muy grande y afilados que puede morderle el culo y llevarse media nalga si tiene un poco de hambre.







La mañana fue bastante tranquila, la verdad. Puedo decir que me he afeitado en las Maldivas escuchando a los Chanclas, lo cual nunca olvidaré, por supuesto. Me imagino a mí mismo leyendo esto en 2030 y pensando "bueno, si dije que pasó, supongo que es lo que pasó". Tuve un incidente curándome una herida del pie con Betadine encima de la cama. No soy el tipo más habilidoso del mundo y desparramé el gel por las sábanas blancas. Cualquier persona pensaría que me había cagado en las sábanas, vaya. ¿Por qué el Betadine tiene ese color marrón diarreico? De todos los colores, ¿por qué ese?







No quería que la gente del hotel piense que soy un guarro, así que dejé un cartel que ponía "no es mierda, es Betadine". Nunca se sabe lo que puede pensar la gente. Me imaginaba volviendo al hotel y todos descojonándose de mí. Pasamos la mañana con Jesús y Mariví y comimos los cuatro en el Gabbiano, que es el restaurante más molón de Rasdhoo. Es un restaurante con una terraza mirando al mar y a Isla Rica. Las vistas son brutales. Está muy bien porque puedes pillar el wi-fi de Isla Rica, que a ratos es más potente que el del propio Gabbiano.

Decidimos volver al Gran Agujero. Belén no quería ir sola, dados los precedentes, y yo no me quería marear otra vez, visto lo visto, así que llegamos a una solución de compromiso: iríamos juntos, pero yo no bucearía ni me pondría gafas ni nada. Y así lo hicimos, llegamos al agujero y Belén pudo ver mogollón de peces. A ver, al final sí que metí la cabeza para no perderme el espectáculo, que es impresionante. Es como estar dentro de un acuario de peces tropicales, con todo tipo de colores y tamaños.





La noche fue bastante más entretenida, cosas que pasan sin pretenderlo. No empezó muy bien, porque cenamos como el culo en el Lemon Drop. Belén pidió una pasta que estaba malísima, pasadísima, y yo pedí una sopa que picaba muchísimo, no sé qué le habrían echado. Decidimos dar un paseo por la isla y ahí es donde sucedió la magia: llegamos a una fiesta de la gente local en la calle. Celebraban un magno evento, algo que definitivamente llenó a toda la isla de gran jolgorio y algarabía: la circuncisión del hijo del gobernador.



Fue sensacional: música en la calle, todo el mundo bailando, los locales sacando a las guiris a bailar (supongo que así empiezan algunas relaciones por aquí) y de repente, entre la multitud, un tipo local con un jersey de los Smiths, mi grupo favorito. ¿Cómo habría llegado allí? ¿Sería fan de The Smiths? Y sobre todo, ¿cómo no se moría de calor con un jersey puesto, el muy cabrón?



Volvimos al Gabbiano para comprobar una cosa que nos habían dicho: que los tiburones llegaban a la orilla de noche buscando la luz del restaurante, y era completamente cierto: estaba plagado de tiburones y acojonaba bastante, algunos eran bichos bastante grandes. Dimos un largo paseo, de punta a punta de la isla (que no es muy grande, pero en fin), pasando por las calles sin nombre y comprobando que las pocas alcantarillas que hay son polacas.

Nos quedaba un día en Rasdhoo antes de volver y le íbamos a sacar bastante provecho. ¡Qué pedazo de viaje!

lunes, 1 de junio de 2026

Maldivas, Día 5: el gran agujero azul




Nuestro quinto día en las Maldivas fue especial. Para empezar, era la primera Navidad que pasábamos tan lejos de casa. Hubo videollamadas de todo tipo, claro, y además nos pasaron un montón de cosas bastante insospechadas. El día empezó como ayer y como irían los dos siguientes, esto es: salir del hotel, girar a la izquierda, pasar por la tienda del manitas, una especie de garaje donde se arregla cualquier cosa, desde termos eléctricos a televisores pasando por consoladores, aunque confío bastante en las habilidades sexuales de los lugareños. Pero nunca se sabe. Realmente todo este párrafo es una excusa para incrustar este vídeo que hicimos y no sé dónde ponerlo, vaya.



Desde la tienda del manitas girábamos a la izquierda a la calle principal, que atraviesa Isla Pobre de punta a punta, pasando por el campo de fútbol y llegando al Drop (no confundir con el Lemon Drop: mira que hay pocos restaurantes, pues tiene que pasar esto). Hay que decir que la tortilla de patatas del Cáustico Felipe es de las mejores que he probado. Tras desayunar de españolas maneras nos fuimos a la bikini beach, donde vimos a Sipé, que vino a saludarnos muy efusivamente.

- ¿Qué tal, Belén? Me alegro de verte. ¡Hola, Capitán Cousteau, cómo estás!

+ Sipé, me cago en tu puta madre. ¿Es que nunca has visto a un tío vomitar 50 veces en media hora? Si es lo más normal del mundo.

- Será en España. En fin, venía a deciros que hay un agujero en la bikini beach, no lejos de la orilla, con un banco de peces espectacular. Normalmente no se lo digo a la gente, pero después del numerito que montaste, hijo de mi vida, lo mínimo es darle la información a tu mujer para que vaya allí y lo vea.



Y así fue, Belén fue para allá mientras yo valientemente me quedé a tomar el sol y a no hacer nada. Belén volvió emocionadísima, no le salían las palabras. El banco de peces era exactamente como había dicho Sipé y a unos 50 metros de la orilla, así que fui a verlo. Efectivamente, en un momento dado pasábamos de playa normal con algunos peces... a agujero que no se veía el fondo en el que podías bucear.

No os podéis imaginar lo que pasó, claro. Que me mareé otra vez. Salí del agua como buenamente pude y me encontré otra vez a Sipé, descojonado.

- Oye, Capitán Cousteau, ¿has pensado en alistarte para la marina? ¿Has leído 20,000 leguas de Viaje Submarino? ¡LOBO DE MARRRRR!

- Amigo mío, ojalá te muerda un cangrejo gigante en los huevos mientras vacilas a otro guiri. Mamón. Mala perzona.





Belén volvió al Gran Agujero para darse una vuelta más pero volvió horrorizada. Estaba buceando tan tranquilamente cuando se encontró cara a cara con un tiburón de un metro. Justo detrás de él había dos más. Obviamente salió por patas, bueno, por brazas y llegó muy asustada. Nos habían dicho que aquí los tiburones no hacen nada y en este caso fue totalmente cierto pero coño, encuéntrate tú a un bicho de estos mirándote a los ojos, verás el bote que pegas. Comimos en el Galliano, el restaurante a pie de playa. Pedí una ensalada César y me la trajeron con pepino. Pero qué asco, aborrecemos el pepino en esta casa. ¿Quién le dio la receta a esta buena gente?



Aquel día conocimos a Jesús y Mariví, madre e hija residentes en Barcelona. Jesús acababa de dejar su curro tras varios años y se había llevado a su madre a la playa para pasar las navidades allí e iniciarse en el buceo con bombonas de aire. También conocido a una tal Granada que no nos hizo ni puto caso, la verdad, pero con Jesús y Mariví hicimos buenas migas, ella es taxista, con un taxi de esos grande que te cagas. Les llevábamos unos cuantos días de ventaja, así que les vimos las cuatro o cinco recomendaciones que podíamos darles. Fuimos a cenar juntos al Lemon Drop y lo pasamos bien. Jesús había estado trabajando como director comercial de Bacardi y estaba a punto de empezar con otro curro parecido.






Acabamos el día reventados, viendo Netflix en la habitación. Primero vimos American Psycho y luego un documental sobre el Ave del Paraíso, que es graciosísima. El macho se lleva días, semanas preparando el terreno y los bailes apareadores para que cuando llegue la hembra, seducirla y follar durante unos gloriosos dos segundos. Semanas de curro para dos segundos de gustito. Supongo que el tío que diseña fuegos artificales debe sentir lo mismo, el pobre mamón.

domingo, 31 de mayo de 2026

Maldivas, Día 4: Nochebuena con Potasio


Muy buenas. Nuestro cuarto día en Maldivas ha sido bastante movidito, la verdad. Este es el momento de cada año en el que tengo que explicar el mal trago que he pasado y lo intento hacer con un poco de sentido del humor. Todo empezó bastante bien, desayunando galletas en el hotel. Es un detalle aparentemente insignificante en la historia, pero que tendrá su importancia a continuación.

Habíamos contratado una excursión a través de Mohamed: un viaje privado en barco a un lugar en el medio de la nada donde te podías sumergir con un snorkel y ver tortugas marinas, tiburones y todo tipo de peces tropicales. Llevábamos muchos días esperando el momento de meternos en el agua y contemplar las maravillas que hay ahí abajo. Todo fue bien, Mohamed nos subió en su carricoche supersónico y nos presentó a Sipé, esbelto, mayor, curtido por la mar, pelazo que te cagas. Sería nuestro guía durante la excursión, que duraría un par de horas. Un tío hecho y derecho, un viejo lobo de mar pero flaco y recto como un junco. Mirad cómo se movía el barco, es una pista de lo que viene después...



Nos subimos en el barco y todo iba bien, vaya. La brisa marina nos daba en la cara, íbamos haciendo bromas sobre los animales que íbamos a ver bajo el agua, incluso hice un vídeo para recordar el camino de ida hacia el punto estratégico donde paraíamos 15 minutos después.



Todo iba bien, sí. Hasta que dejó de ir bien.

Me empecé a encontrar mal. Lo mío con los barcos ya viene de lejos, concretamente de una excursión en nuestro viaje de bodas en Australia 2006 a un cayo perdido en el medio de la nada llamado Upolu. Fue mi principal exigencia del viaje y pasó todo el camino de ida y vuelta potando como un loco. Aquella noche acabó con Belén arrastrándome al único bar abierto y cantando en un karaoke con aborígenes hasta que me quedé sin voz. Fue a la vez uno de los mejores y peores día de mi vida. Pero volvemos a lo que nos ocupa. Me estoy encontrando mal. Me tomé una Biodramina antes de salir, pero ahora mismo es como si me hubiese comido un caramelo de los Reyes Magos del año pasado.

No hay vuelta atrás. Tengo que potar. Y tengo que echarlo por la borda, no hay otra opción. Empiezo a vomitar haciendo un ruido como si despellejasen a un cerdo, no entiendo aún por qué me salió así. Una ves. Dos. Tres. Diez. Esto es un no parar. No sé de dónde sale tanto líquido. Los peces se tienen que estar poniendo finos de galletas. Qué hijos de puta. Belén hace lo que puede, intenta que se pase el tema, pero yo no puedo parar. Ya vomito sin nada en el estómago. Estoy del revés.

Paramos el motor. Qué bien, hemos llegado al punto que queríamos, pero el barco no para de moverse y eso no me ayuda para nada. Sigo potando mientras Belén se prepara para la inmersión. Ella baja en seguida y por algún motivo que aún desconozco, a mí me dicen que me espere. Un minuto. Dos. Tres. Y yo más mareado que si hubiese salido de una centrifugadora.

- Sipé, amigo mío, déjame bajar, coño, que si sigo en este barco me va a dar algo, shurra mía.

+ Nah, espera un momento

- Sipé, prometo potarte de arriba abajo si no me dejas bajar del barco. Cuando vuelva a Isla Pobre encontraré un arma de fuego y te pegaré un tiro en el culo

+ Que te esperes, coño, puto guiri mareao. Menos mal que hemos prohibido el alcohol, que si no, cualquier te aguanta, so mamón.

- Una polla me voy a esperar (saltando a plomo desde el barco).

Bueno, algo así que vi. Fue un poco humillante que Sipé me llevaba de la manita, esa hombre recio, mayor, llevando al guiri mareado de turno de la manita. Pude estar dos minutos o así mirando alguna ortuga y poco más. Belén estuvo un poco más, serían 6-7 minutos. Bajé pensando que estaría mejor, pero qué va, estaba reventadísimo, así que decidimos abortar misión. Belen me prometió que haría la excursión sin mí, aunque lo que estaba haciendo era una prueba de amor para sacarme de allí, visto lo dantesco de mi situación. Por eso hay pocas fotos, porque mi siruación era más bien alarmante. Me estaba deshaciendo, vaya. Eso me pasa por cagar en el mar el día anterior. Sí, era verdad. La venganza de Neptuno. 




Lo fácil era dejarme allí tirado pero tuvieron compasión de mí y volvimos. El numerito que monté subiendo al barco fue gordo, estoy seguro que aún hablan de él en Rasdhoo. Subí al barco como pude, acabé con los dos pies para arriba y cuando me di cuenta, llevaba el culo destapado. Tuve la suerte de que nadie inmortalizó el momento y solo os lo podéis imaginar, yo con ese culo blanco al aire tirado en un barco en el medio de la gana en una condición física claramnete subhumana. El camino de vuelta fue igual, sin parar de potar. La última arcada fue la mayor, no sé de dónde salió tanto líquido después de las 356 anteriores. No nos cobraron la excursión y acabé en el hotel en estado semicamotoso durmiendo una siesta larguísima.





Comimos en el Drop, un sitio al lado de la bikini beach regentado por Felipe, que es de Barcelona y lleva allí un tiempo. Sin conocernos, lo primero que hizo fue pegarnos una rajada acojonante de los locales, diciendo que los tíos eran lo más machista del mundo. También nos contó que está prohibida la Navidad y que no se puede celebrar nada de nada. Felipe me cayó bien, estaba dispuesto a rajar todo lo que hiciese falta. Fuimos a la bikini beach por primera vez, vimos muchos peces y hacía un día muy soleado. Claramente en Isla Pobre la mejor playa es para los guiris. Por cierto, que estaban construyendo por todas partes y en cinco años Rasdhoo será una isla turística más. Una pena, pero así funciona el mundo ahora mismo.



Volvimos a la habitación. Se había acabado el papel del WC así que fui a por un rollo

- Illo, Mohamed, por favor, dame un rollo de papel del WC, que no tenemos.

+ ¿Y tú para qué quieras papel del bate, hijo mío, si ya te ha visto el culo toda la isla? AAAAHAHAHAHAHAH

- ¿Qué? ¡Hijoputa!

+ Se llaman Potasio, que lo sepas. También te llaman el guiri del culo albino

(esto no pasó realmente, es por darle un toque de comedia, pero sospecho que Mohamed sí supo lo que había pasado por cómo se reía el muy cabrón)





Como nos gustó el rollo del Drop, su cáustico dueño y la bikini beach, volvimos por la tarde. Hay una calle que va de un lado al otro de la isla y que pasaba por un campo de fútbol bastante bien montado. Fuimos arriba y abajo de esta calle docenas de veces, era una pasada ver a la gente local. Felipe nos contó que la montaña más alta de Maldivas es directamente de mierda. Es una isla de residuos donde todo el mundo tira la basura y hay tanta que es la montaña más alta del país. Tiene cojones, ¿eh? Había un menú de Nochebuena encubierto y es donde hicimos una cena de Nochebuena, comiendo crispy chicken en un chiringuito de las Maldivas. Life is good.

Cartas, vinito y gintonic, así acabó nuestra Nochebuena. Las locales nunca miran a nadie a los ojos. Ellos son guapos y bastante machirulos,como nos dijo Felipe. Alguna Sugar Mommy vimos, señoras de avanzada edad con novios locales. No entro a valorarlo, si todo el mundo está de acuerdo, estupendo, viva el amor.

Así fue nuestra nochebuena. Y mañana, Navidad...