miércoles, 19 de agosto de 2026

Japón, día 4: Ryokan, vistas y calor en Miyajima



Hola a todos desde Miyajima. La escena actual es la siguiente: estamos en un ryokan, habitación tradicional japonesa con suelo de tatami. Nacho y Belén están dormidos, reventados, semicomatosos, y yo estoy empezando a escribir el blog en una esquina de la habitación intentando no hacer mucho ruido. El problema es que no sé cómo ponerme. Si cruzo las piernas, estoy incómodo, si las estiro, es peor, porque el tour de force por Japón de hoy ha sido muy exigente físicamente hablando. Hasta Nacho está fundido: tiene 18 años y es deportista. Creo que los he reventado a los dos. #stillgotit

Vamos al principio: toque de diana a las 06:30 con las maletas hechas para dejarlas en recepción y que Yamato, la empresa del señor este catalán con dos gatetes en el logotipo, nos lleve las maletas a Kyoto para recogerlas el día 22. Así iremos a Miyajima, Hiroshima y Osaka con una bolsa más pequeña, aunque la de Belén pesa como si hubiese robado el banco de plomo de Tokyo. Desayunamos y a las 07:30 nos recogió un taxi muy pulcro que nos llevó a la estación de Tokyo a toda hostia.





Tenía curiosidad por ver cómo de difícil era lo de manejarse con los trenes en Japón. Todos habéis escuchado historias de gente perdiéndose y liándola parda. No es nuestro caso. No sé si es que somos muy listos o el resto de la gente es, dicho de forma fina, más despistada, pero solo se necesita un poco de organización. Tenemos un grupo de WhatsApp en el que puse todos los códigos QR de los trenes.

- El código QR es tu ticket
- En el código QR te indica tren, vagón y número de asiento
- El tren se mira en las pantallas, con mirar la hora de salida se encuentra fácil
- El vagón está indicado en el suelo del andén, todos los trenes miden lo mismo y paran igual








Vamos, que no hay que ser Einstein o Yoshiro Nakamatsu, que tiene publicadas 3,500 patentes y es un inventor muy famoso aquí. Las salas de espera son pequeñas pero tienen una pequeña tienda con snacks y café, y el tren es superespacioso, muchísimo. En el camino hasta Hiroshima, Belén escribió todas las postales del viaje. Si ya has recibido alguna vez las postales de Belén, ya sabes de qué hablo. Son increíbles.



Al llegar a Hiroshima teníamos que sacar billete para un tren regional a Miyajimaguchi, que conecta con el ferry a Miyajima. No teníamos billete porque sale uno cada 15 minutos. Salimos del Shinkazen, Belén fue al panel de horarios y yo a la máquina. El primero salía en siete minutos. ¿Da tiempo? Sí. Llegamos al sitio correcto, pasamos el billete, vía 1, venga, para alante. Menos mal que esto era complicado, pensé. Sabrá la gente lo que es complicado. Lo mismo con el ferry: un pedazo de cartel diciendo que aceptan la tarjeta PASMO. Tenemos PASMO, tenemos crédito, pues para alante. En una hora y 10 minutos estábamos en Miyajima.



Hemos hecho una parada en el famoso torii rojo, que estaba en plena marea alta parcialmente cubierto por el agua. A las 19:30 o así es la marea baja y se puede ver en toda su dimensión y apreciarlo desde abajo. A ver, que yo creo que nadando también se llega fácil con la marea alta, pero es una gilipollez hacerlo. Es la gracia del torii, uno de los símbolos de Japón. Joder, si sale hasta en el WhatsApp como emoji.



Tras hacernos una buena sesión de fotos digna de cualquier guiri pesao... nos fuimos al hotel sorteando ciervos y yendo cuesta arriba con un calor de mierda. Menos mal que el catalán tiene las maletas gordas a buen recaudo, qué crack. A uno intentamos darle de comer, pero no nos persiguieron como en Nara. En general, Miyajima se ha convertido en un hub turístico con menos encanto que antes, pero todavía mola mucho.





Tenía una sorpresa preparada, que es este hotel tradicional y muy japonés. Nos probamos unas batas que nos han dado para el onsen (que es una especie de spa japonés) y estos dos cabrones se han reído de mí hasta prácticamente caerse al suelo. Debe ser porque no hay espejos y no se han visto, pero si ellos creían que iba hecho un mamarracho, pues ellos estaban con las mismas putas batas. Decidimos desafiar el calor y subir montaña arriba hasta el telesférico de Miyajima, porque arriba sabemos que están las mejores vistas que hemos visto en nuestras vidas, y hemos viajado un poco. Queríamos que Nacho viera esas vistas, era uno de los objetivos del viaje.












No ha decepcionado, claro, pese al palizón. A Belén le ha dado un mínimo parraque. He tenido que beber cuatro botellas de agua porque casi me deshidrato. Nacho dice que le han dado "los siete males", literal, pero tras subir lo que nos han parecido 1,452,989 escalones, hemos llegado al mirador.



Y wow. Qué maravilla. No se puede explicar y las fotos no hacen justicia al sitio. Hemos estado poco tiempo porque salía el último teleférico y en el estado físico en el que estábamos, habríamos tenido que bajar rodando. Pero qué cosa más increíble de lugar. Sin palabras.

Hemos vuelto casi arrastrándonos al hotel y estos dos han caído como si no hubiesen dormido desde que España ganó el mundial de fútbol. El de 2010, digo. Voy a hacer una pausa y luego sigo con lo que hagamos por la noche. Son unos segundos para vosotros, y unas horas para mí. No me he dormido ni un segundo para que ellos sean felices. He sido fuerte y me he mantenido despierto. 





Aquí estamos otra vez. Hemos ido a cenar supertemprano porque todo aquí cierra a las 20:00, hasta los 7-Eleven. De hecho, no había NADIE en la calle. Claro, la gente viene a pasar el día en Miyajima pero no se queda a dormir, como pasa en ciudades con muchos cruceros tipo Dubrovnik. Hemos ido a un sitio a comer sopa y ostras, que son la especialidad de la isla. Hay caladeros de ostras por todas partes alrededor de Miyajima y los bichos son supergrandes, nada que ver en sabor y textura a las de Europa. Hasta hemos probado la cerveza local de Miyajima que, oh sorpresa, estaba bastante buena.




El torii de noche estaba perfectamente iluminado, pero la marea no había bajado lo suficiente como para ir andando sin mojarse. Si querías hacerte la foto debajo del torii (nombre oficial: Torii Flotante del Santuario Itsukushima), tenías que meterte en el agua hasta las rodillas y, con mala suerte, si había una ola guasona, mojarte los huevos. Hemos decidido hacer fotos desde fuera, claro, que se moje su puta madre para una foto ultraposturera. También hemos ido al onsen del hotel. Tienes que ir en pelota picada, pero como estábamos solos, nos hemos quedado valientemente con el bañador puesto.



Vamos a acabar la noche viendo Pulp Fiction antes de cerrar el petate e ir a Hiroshima. Será otro gran día, garantizado.

Javi

PS: Los japoneses son muy agradecidos. De hecho, son extremadamente agradecidos. Exasperantemente agradecidos. Es raro que te hayas ido de un restaurante sin que cada persona te diga gracias (Arigato gozaimasu) cuatro veces. Imagina ir a un restaurante y que el camarero, a gritos, te diga ¡¡¡GRAAACIASSS!!! ¡¡¡GRAAAACIAAAS!!!, así cuatro veces. No sé, lo veo excesivo.


PS2: Parte de la experiencia de estar en un ryokan es vestir una yukata. Hombres y mujeres la llevan. Os dejo con nuestra pequeña sesión de fotos. 





martes, 18 de agosto de 2026

Japón, Día 3: de shopping en Ginza


Hola a todos desde Tokyo. Mañana salimos temprano hacia Hiroshima y de allí a Miyajima, donde seguro que el viaje dará un giro radical. Decidimos dedicar el día a hacer un poco de shopping y ver el barrio de Ginza, famoso por sus rascacielos y sus muchas tiendas, ya sean de lujo o verdaderamente curiosas. Hemos optado por lo segundo por dos motivos: primero, no somos millonarios. Aprovecho la oportunidad para rechazar todas las ofertas de adopción que hemos tenido, incluyendo a señores de 65 años, para intentar rascar un viaje gratis. Eso no es el Banco de Tokyo, cabrones. Y segundo, porque hay mucha chicha en las tiendas peculiares. Por ejemplo, Adidas tiene una colección de camisetas japonesas muy chulas, y Uniqlo en Tokyo no tiene nada que ver con las tiendas europeas.




Vamos por el principio del día, que fue un poco accidentado. Me puse en marcha una hora antes que Nacho y Belén para ir a comprar una maleta en la tienda de Karen, que curiosamente es un señor mayor. Me gustó una maleta muy flexible, amplia y con cuatro ruedas a unos 103 EUR, 19,000 yenes. A la hora de pagar, tres afroamericanos estaban comprando la misma maleta por 16,000 yenes, unos 87 EUR. La frase me hizo sacar el mismo precio, más que nada porque lo hice con cierta gracia y los tres tíos estos se rieron bastante.

- Hey Karen! Where's my brothers discount, yo? (algo así como, hey, dónde está mi descuento, como a mis hermanos)

He vuelto andando con la maleta durante 12 minutos hasta el hotel. La puerta del ascensor se estaba cerrando, pero me metí en el último minuto, frenando en seco. Había dos españoles que empezaron a rajar: "el tío este casi nos arrolla con la maleta". Claro, yo no paso por español con la cara de nabo que tengo, parezco yanki, o serbio, o a saber. Cuando se iban a bajar les dije "hostia, qué putada que entre un tío con una maleta en el ascensor de un hotel, qué cosa más rara, ¿eh? Sois gilipollas". Se han ido refunfuñando y seguramente cagándose en mis muelas, pero sabían que tenía razón.




Anyway, fuimos a Ginza cogiendo un autobús y un metro, guiados por Belén. Nos ha pasado algo un poco desagradable en el metro. Estaba un señor mayor con un taca-taca y alguien le ha cedido el asiento. Hemos empezado a murmurar entre nosotros: "oh, qué maravilla de sociedad, esto cada vez se hace menos en España, este anciano desvalido realmente necesitaba sentarse".

El anciano ha mirado a Belén de arriba abajo, se ha cogido las tetas imitándola a ella y ha dicho con voz lasciva "BOING BOING".

La conversación entre nosotros ha cambiado a: "será cabrón el viejo salido de mierda, alguien debería meterle el taca-taca por el culo para enseñarle un poco de educación, a saber el tipo de vida que ha tenido, que va más caliente que una llave inglesa abandonada en el medio del desierto del Sáhara. Hijoputa el viejo, a ver si no se va a llevar dos hostias. Boing-boing, dice el guarro asqueroso."




Primero fuimos al GU, una filial de Uniqlo que nunca había visto. Buena ropa, más vistosa que la de Uniqlo y a precios más bajos. Había una colección de Factory Records en el GU y me he comprado dos gorras porque las camisetas que me gustaban, oh sorpresa, no estaban en mi talla. De ahí nos hemos ido al Uniqlo de Ginza, famoso por tener 12 plantas y unos precios muy competitivos. Hemos comprado mil cosas para la familia, era el momento. Sorprende lo bien que se me maneja Belén por estos sitios, parece que haya estado viviendo en el Uniqlo ese toda la vida. "Esto está en la planta seis". ¿Pero cómo lo sabe?









De allí nos fuimos al Tsukiji Hongwan-ji Temple, un templo budista del siglo XVII que se movió a su actual ubicación a principios del siglo XX. Es muy amplio, muy bonito y pudimos estrenar el cuaderno que nos regaló Belén ayer para sellar en todos los templos que veamos. Me sentí muy bien poniendo mis primeros sellos, nos va a quedar un recuerdo bastante chulo. De ahí pillamos un taxi hasta el Daiso, tienda de cosas curiosas y útiles en toda Asia que recordaréis de episodios anteriores. Hicimos una pausa para comer, escondiendo una cesta de productos que ya queríamos pero que aún no habíamos pagado. Cuando volvimos de comer, aún estaba allí.





Rematamos nuestro paseo por Ginza en el Itoya, una papelería gigantesca que tiene de todo: miles de bolis de todos los tamaños y precios, postales increíbles y todo tipo de pósteres y papeles para decorar tu casa de japonesas maneras. Nos ha sorprendido mucho. Belén pintó los monstruos de Aventura Global y espero que alguien haya flipado cuando los haya visto.










Nuestra última parada del día ha sido el BLACOWS, hamburguesería de verdadera carne de wagyu en el quinto pino, hay que ir expresamente. Hemos hecho tiempo con una partida de cartas y una cerveza porque no daba tiempo a ir a ver Akihabara, el barrio tecnológico de Tokyo. Ha ganado Belén, que sigue invicta en el viaje. Blacows no ha perdido calidad, sigue siendo una de las mejores hamburgueserías del mundo, con carne buenísima y servicio ultrarrápido. El fast food que mola, vaya.

No ha habido nada más, solo un larguísimo viaje a casa, dos líneas de metro y un autobús porque, como digo, lo único malo que se puede decir del BLACOWS es que está donde Cristo perdió el mechero.

Mañana volvemos a Miyajima. Será un día larguísimo en el tren bala y en el ferry, pero seguro que nos pasan muchas cosas y estaremos aquí para contaros todo lo que suceda. ¡Mañana más!

PS: No hay un reto de bebidas. Hay dos. Los dejo al final del blog porque acabar con dos vídeos es de guapos.



lunes, 17 de agosto de 2026

Japón, día 2: La vida... y cómo vivirla



Bueno, a ver por dónde empiezo, porque lo del día de hoy ha sido legendario, uno de los mejores de nuestra vida. Días así dan sentido a la existencia de cualquiera. Supongo que lo correcto es empezar por el principio y tratar de sintetizar sin dejarme ningún detalle. Va a ser chungo, la verdad.

Hemos ganado la batalla al jet lag y estábamos bastante frescos en el desayuno del hotel. Como quedamos anoche, hemos vuelto al templo Senso-ji para verlo en plena ebullición por la mañana. Ha merecido mucho la pena porque la experiencia no tiene nada que ver, gente por todas partes y muchas tiendas de souvenirs, comida y artículos de cosmética en el barrio adyacente al templo. Hemos probado nuestra buena suerte: a Nacho le ha salido mala, a Belén medio buena y a mí la mejor posible. No creo mucho en estas cosas salvo cuando me favorecen, así que chupadme los pies para tener buena suerte, gafes, malas personas.





Hemos petardeado por ahí y Belén nos ha regalado un mochi de fresa y chocolate que estaba muy bueno. No es el momento de hacer shopping, eso lo dejamos para el final del viaje. Eso sí, he localizado la tienda de maletas de la señora Karen para cambiar mi maleta churripuerca por una nueva y más moderna mañana, y es que la maleta que llevo está más anticuada que Marianico el Corto.






Tras hacer un reto de bebidas en un 7-Eleven (está grabado en vertical, voy a ver si lo publico como Short en YouTube) decidimos ir a Shinjuku. Por el camino pasamos por las oficinas centrales de Bandai, que están en Asakusa. Hicimos unas fotos y nos fuimos un poco decepcionados porque no había tienda oficial en el edificio. Estamos siempre buscando al padre de Shin-chan, al que ponía voz nuestro amigo ya fallecido Corti. Hemos tenido suerte, pero eso vendrá más adelante.









Una vez en Shinjuku la cosa no pintaba demasiado bien. Fuimos a Omoide Yokocho, una calle semiclandestina, y al edificio Shinjuku Toho Building, que es de donde sale una cabeza gigante de Godzilla. Tras dar un par de vueltas, comimos muy bien en un sitio llamado Kim Café por un total de 24 EUR los tres, y conseguí apagar la vibración de mi móvil, que daba aviso de haber alcanzado el límite de datos. Vibraba cada 10 segundos en plan, hijoputa, te has pasado un huevo del límite, te van a meter una roncha que te vas a cagar. El caso es que tengo datos ilimitados, así que he puesto 20 Terabytes de nuevo límite. A ver si ahora tienes cojones de vibrar más, so cabrón.

Fuimos a un sitio en el que la chavalería (fundamentalmente femenina) se hace fotos retocadas y nos hicimos una pequeña sesión. La liamos bastante en la máquina porque no teníamos ni idea de cómo funcionaba. Fue muy divertido, la verdad. De ahí nos fuimos al cruce de Shibuya, pero de camino paramos en un Uniqlo que vendía ropa de segunda mano (no compramos nada) y a un sitio llamado JINS que te hacen gafas graduadas en menos de media hora y a muy bajo precio. Nos hemos hecho unas gafas cada uno (las mías del serca, las de Belén del lejos, las de Nacho progresivas) por 190 EUR en total. Eso sí, las de Nacho las recogeremos la semana que viene. Lo han apodado Joe Milks en la tienda porque ve menos que Pepe Leches. Es coña, me lo he inventado yo. :)





Llegamos por fin al cruce de Shibuya unos minutos antes de quedar con Júpiter, nuestro guía local, recomendado a Belén en Barcelona. Júpiter ha hecho que un buen día se convierta en extraordinario, la verdad. Vaya crack. Antes me escapé un momento a Tower Records Shibuya, la mayor tienda de discos del mundo, para comprar un par de camisetas. Ya volveré el día del shopping. Júpiter, Nacho y Belén vinieron a recogerme y ahí empezó la locura. Bueno, quizás empezó antes al cruzar en Shibuya, todo lleno de turistas haciéndose fotos y gente local andando en cinco direcciones distintas, parecía que iban a chocar todos entre ellos. Un caos controlado, una maravilla.











Nos prometió ir a sitios no turísticos y cumplió con lo prometido, pero lo primero fue llevarnos a la sexta planta de un centro comercial que estaba lleno de tiendas de anime: Godzilla, Sega, Nintendo y Pokémon, mayormente. Belén se ha comprado una camiseta de Godzilla enfrentándose a la famosa gran ola japonesa de Kanagawa. De ahí nos fuimos a un callejón oscuro de Shinjuku y entramos en un bar en el que cabían seis personas. No eran ni 10 metros cuadrados pero no solo hemos bebido, también nos ha cocinado una tortilla utilizando agua con gas que estaba verdaderamente cojonuda. Ya hemos salido un poco piripis del bar, hemos ido a un bar a cenar, recogiendo las gafas que habíamos comprado. Hemos hecho un video bastante chorra para ilustrarlo.








La cena fue en un bar que se llama 正々堂々, sin traducción en Google Maps, y que significa "de manera justa y honesta". Cenamos excelentemente, comida local a muy buen precio. De ahí Júpiter nos llevó a su bar favorito, un antro en el primer piso de un edificio ruinoso en el que no cabían más de 10 personas. Estábamos el camarero, antigua estrella del rock japonés, un señor de unos 85 años que venía con el oxígeno puesto, una señora de unos 60 años que intentaba (con cierto éxito) meterle mano a Belén y nosotros cuatro. Hasta nos hicimos todos una foto juntos. Acabamos la noche en otro bar en el que había estado Bad Bunny hablando con tres estadounidenses de 20 años que estaban acabando su viaje. Parece que lo pasaron bien. Es la hostia ser joven. Fue en la zona llamada Golden Guy, llena de bares. Pasamos por la tarde y aquello estaba muerto. De noche es otra cosa, people.









Pensando en todas las cosas que hemos hecho y con el buen rollo con el que las hemos hecho, puedo decir que este ha sido uno de los mejores días de viaje de nuestra vida. Y lo mejor, es solo el primer día completo de esta Aventura Japonesa. Los records están para ser superados, así que vamos a por más, con alegría, mirando hacia adelante y alegrando la vida a quien pueda llegar a este rincón olvidado de Internet. 







Mañana más.

Javi

PS: Belén perdió un tapón para los oídos esta mañana. Por lo que sea, probablemente porque ronco como un camionero ucraniano después de una borrachera de cumpleaños, Belén duerme con unos tapones especiales que aislan 
del ruido. Lo hemos buscado por todas partes, pero no aparecía. Lo ha encontrado la chica de la limpieza del hotel. Mañana le haremos un regalo. Me la imagino mirando cada centímetro cuadrado de la habitación.

PS2: La he liado muy parda en el edificio de JINS, la tienda de gafas, que tiene siete plantas pero solo tres son de la tienda. Me estaba meando y pregunté en la tienda y me dijeron que el meadero estaba en el "top floor". Era el tercer piso, el top floor de la tienda, no del edificio. He subido hasta la séptima planta, que era una oficina de no sé qué carajo, y he ido planta por planta buscando el servicio, meándome vivo. ¡Pero lo conseguí!

PS3: Sí, encontramos dos figuritas del padre de Shin-chan y ya están en nuestras maletas. Bueno, provisionalmente, que mañana tenemos que visitar a Karen la de la tienda de maletas.