lunes, 20 de julio de 2026

Maldivas, días 7-8: el final de otra Aventura



La verdad es que nos dio mucha pena irnos de Rasdhoo. Fuimos muy felices allí, disfrutando de sus aguas turquesas y la amabilidad de la gente local, pero todas las cosas buenas llegan a su fin y era hora de volver a nuestras vidas en Barcelona por cortesía de Turkish Airlines. Creo que hablo por los dos cuando digo que nos habríamos quedado allí dos meses más. Mentalmente volvemos a Rasdhoo de vez en cuando para encontrar la paz mental. Fue una pasada.

De todos modos teníamos tiempo para un último bañito en la bikini beach y no renunciamos a semejante privilegio. De camino paramos en el bar de Felipe para darle una bolsa de mantecados que nos había sobrado. El tipo se puso muy contento y es que claro, allí no hay nada que se parezca a los mantecados, principalmente por dos motivos: uno, está prohibido celebrar la Navidad y dos, los mantecados llevan manteca, que es de cerdo, y en Rasdhoo son musulmanes. Felipe podría haberse enrollado e invitarnos a un café, pero no lo hizo. Aun así nos cae bien.



No he hablado de los cocos de Mohamed. No, no tiene unos cojones de cinco kilos cada uno que cuelguen de su escroto como si fuesen cocos, no va por ahí, y lo siento por la imagen mental que acabo de generar. Hay muchos cocos en Maldivas y Mohamed sabe cómo cortarlo y prepararlo estupendamente, y siempre tenía coco preparado para Belén. Desde que el proceso empezó muchos meses antes, Mohamed y Belén han tenido muy buen rollo y gran respeto entre ellos. Lo del coco era una prueba más de ese respeto.

También fue una señal de respeto que Mohamed cogiese su motocarro y nos acompañase a la terminal del ferry para no cargar con las maletas. El problema es que para bajar del motocarro puso un banquito muy inestable que cedió cuando fui a bajar yo y pegué una hostia bastante considerable. A ver, me caí de culo y no llegué a dar con la cabeza en el suelo, pero la reacción de todos, Belén incluída, cuando me levanté era de como si me hubiese caído por un barranco. Supongo que fue más aparatosa que otra cosa, me hice un poco de daño pero joder, soy un tipo duro, caerme delante de dos docenas de locales descojonados por dentro no iba a hacer que me arrugase.






Fuimos una hora en ferry hasta Malé sin problemas. Estaba un poco cagado, visto mi ultimo precedente en un barco, pero esta vez me comporté. Malé es una auténtica pocilga de sitio, un asco, una ciudad fea con un caos circulatorio que solo habíamos visto en Vietnam hace muchos, muchos años. Tras intentar dar una vuelta por la ciudad, decidimos ir a un mercado, que siempre da juego. Era un mercado de pescado, fruta y verdura en el que se había ido la luz, con un olor penetrante a putamierda absoluta y moscas por todas partes. Compramos unos plátanos y unas mandarinas que estaban bastante buenas, aunque no llegan al nivel de las de Nueva Zelanda, que son la calidad absoluta.



Fuimos a cenar en un sitio llamado Crab.Lob que no estuvo mal, aunque prometía más de lo que parecía. No cenamos mal, vaya. Dimos una vuelta por un par de tiendas y visto el calor que hacía, decidimos que una retirada a tiempo era una victoria. La verdad es que no apunté mucho de Malé, del hotel (que era muy extraño y no tenía piscina como nos habían prometido) ni de nada más, lo que queríamos era salir de aquí o en el mejor de los casos, volver a Rasdhoo.





Nos despertamos a las seis de la mañana y compartimos transporte con unos seres ruidosos que no callaban ni debajo del agua. Joder, a según qué horas hay que saber comportarse. Hicimos un poco el chorra en el aeropuerto, gastando los pichurros que nos sobraban y bromeando con el tema de que íbamos en business: después de todo, era el día de los inocentes. Nos cobraron 13 dólares por dos cafés, eso sí que fue una broma de mal gusto.





Volamos con muchísimo espacio en el avión, tres asientos para cada uno, y se notó porque estuvimos frescos el resto del viaje, incluyendo un larguísimo stopover en Estambul en el que abusamos de la confianza de mi amigo Kerem, viejo conocido del blog, y nos autoinvitamos a uno de sus restaurantes en el aeropuerto. Esta vez no nos encontramos con ninguna secta rara ni nada. Pero vaya, volar de esa manera, espatarrados durante nueve horas, es un privilegio cada vez menos común. Te permite gestionar las horas de sueño perfectamente. 






Mirando hacia atrás, fueron unos días increíbles y la mejor Navidad que hemos pasado: tranquilos, relajados, con mucho tiempo de calidad y compartiendo muchas cosas juntos en un sitio en el que no habíamos estado, en un nuevo ambiente y en un país distinto. Repetiremos la experiencia cuando sea posible, no necesariamente en las Maldivas. Pero estamos seguro que habrá más escapadas navideñas. Ho, ho, ho!

Maldivas, Día 6: fiesta y Betadine




Llegamos a nuestro sexto día de aventura en las Maldivas. Habían pasado dos días desde mi mal momento en la excursión, en el que batí el récord del mundo de vomitar en un barco en marcha. El día anterior habíamos descubierto un agujero abisal en la playa que hacía que viésemos todo tipo de peces, con tal mala suerte que Belén se encontró con un tiburón cara a cara. Una cosa así hace que te plantees volver al mismo sitio, claro, porque aunque nos dicen que no hacen nada y que son muy mansos, un tiburón no deja de ser un bicho con unos dientes muy grande y afilados que puede morderle el culo y llevarse media nalga si tiene un poco de hambre.







La mañana fue bastante tranquila, la verdad. Puedo decir que me he afeitado en las Maldivas escuchando a los Chanclas, lo cual nunca olvidaré, por supuesto. Me imagino a mí mismo leyendo esto en 2030 y pensando "bueno, si dije que pasó, supongo que es lo que pasó". Tuve un incidente curándome una herida del pie con Betadine encima de la cama. No soy el tipo más habilidoso del mundo y desparramé el gel por las sábanas blancas. Cualquier persona pensaría que me había cagado en las sábanas, vaya. ¿Por qué el Betadine tiene ese color marrón diarreico? De todos los colores, ¿por qué ese?







No quería que la gente del hotel piense que soy un guarro, así que dejé un cartel que ponía "no es mierda, es Betadine". Nunca se sabe lo que puede pensar la gente. Me imaginaba volviendo al hotel y todos descojonándose de mí. Pasamos la mañana con Jesús y Mariví y comimos los cuatro en el Gabbiano, que es el restaurante más molón de Rasdhoo. Es un restaurante con una terraza mirando al mar y a Isla Rica. Las vistas son brutales. Está muy bien porque puedes pillar el wi-fi de Isla Rica, que a ratos es más potente que el del propio Gabbiano.

Decidimos volver al Gran Agujero. Belén no quería ir sola, dados los precedentes, y yo no me quería marear otra vez, visto lo visto, así que llegamos a una solución de compromiso: iríamos juntos, pero yo no bucearía ni me pondría gafas ni nada. Y así lo hicimos, llegamos al agujero y Belén pudo ver mogollón de peces. A ver, al final sí que metí la cabeza para no perderme el espectáculo, que es impresionante. Es como estar dentro de un acuario de peces tropicales, con todo tipo de colores y tamaños.





La noche fue bastante más entretenida, cosas que pasan sin pretenderlo. No empezó muy bien, porque cenamos como el culo en el Lemon Drop. Belén pidió una pasta que estaba malísima, pasadísima, y yo pedí una sopa que picaba muchísimo, no sé qué le habrían echado. Decidimos dar un paseo por la isla y ahí es donde sucedió la magia: llegamos a una fiesta de la gente local en la calle. Celebraban un magno evento, algo que definitivamente llenó a toda la isla de gran jolgorio y algarabía: la circuncisión del hijo del gobernador.



Fue sensacional: música en la calle, todo el mundo bailando, los locales sacando a las guiris a bailar (supongo que así empiezan algunas relaciones por aquí) y de repente, entre la multitud, un tipo local con un jersey de los Smiths, mi grupo favorito. ¿Cómo habría llegado allí? ¿Sería fan de The Smiths? Y sobre todo, ¿cómo no se moría de calor con un jersey puesto, el muy cabrón?



Volvimos al Gabbiano para comprobar una cosa que nos habían dicho: que los tiburones llegaban a la orilla de noche buscando la luz del restaurante, y era completamente cierto: estaba plagado de tiburones y acojonaba bastante, algunos eran bichos bastante grandes. Dimos un largo paseo, de punta a punta de la isla (que no es muy grande, pero en fin), pasando por las calles sin nombre y comprobando que las pocas alcantarillas que hay son polacas.

Nos quedaba un día en Rasdhoo antes de volver y le íbamos a sacar bastante provecho. ¡Qué pedazo de viaje!

lunes, 1 de junio de 2026

Maldivas, Día 5: el gran agujero azul




Nuestro quinto día en las Maldivas fue especial. Para empezar, era la primera Navidad que pasábamos tan lejos de casa. Hubo videollamadas de todo tipo, claro, y además nos pasaron un montón de cosas bastante insospechadas. El día empezó como ayer y como irían los dos siguientes, esto es: salir del hotel, girar a la izquierda, pasar por la tienda del manitas, una especie de garaje donde se arregla cualquier cosa, desde termos eléctricos a televisores pasando por consoladores, aunque confío bastante en las habilidades sexuales de los lugareños. Pero nunca se sabe. Realmente todo este párrafo es una excusa para incrustar este vídeo que hicimos y no sé dónde ponerlo, vaya.



Desde la tienda del manitas girábamos a la izquierda a la calle principal, que atraviesa Isla Pobre de punta a punta, pasando por el campo de fútbol y llegando al Drop (no confundir con el Lemon Drop: mira que hay pocos restaurantes, pues tiene que pasar esto). Hay que decir que la tortilla de patatas del Cáustico Felipe es de las mejores que he probado. Tras desayunar de españolas maneras nos fuimos a la bikini beach, donde vimos a Sipé, que vino a saludarnos muy efusivamente.

- ¿Qué tal, Belén? Me alegro de verte. ¡Hola, Capitán Cousteau, cómo estás!

+ Sipé, me cago en tu puta madre. ¿Es que nunca has visto a un tío vomitar 50 veces en media hora? Si es lo más normal del mundo.

- Será en España. En fin, venía a deciros que hay un agujero en la bikini beach, no lejos de la orilla, con un banco de peces espectacular. Normalmente no se lo digo a la gente, pero después del numerito que montaste, hijo de mi vida, lo mínimo es darle la información a tu mujer para que vaya allí y lo vea.



Y así fue, Belén fue para allá mientras yo valientemente me quedé a tomar el sol y a no hacer nada. Belén volvió emocionadísima, no le salían las palabras. El banco de peces era exactamente como había dicho Sipé y a unos 50 metros de la orilla, así que fui a verlo. Efectivamente, en un momento dado pasábamos de playa normal con algunos peces... a agujero que no se veía el fondo en el que podías bucear.

No os podéis imaginar lo que pasó, claro. Que me mareé otra vez. Salí del agua como buenamente pude y me encontré otra vez a Sipé, descojonado.

- Oye, Capitán Cousteau, ¿has pensado en alistarte para la marina? ¿Has leído 20,000 leguas de Viaje Submarino? ¡LOBO DE MARRRRR!

- Amigo mío, ojalá te muerda un cangrejo gigante en los huevos mientras vacilas a otro guiri. Mamón. Mala perzona.





Belén volvió al Gran Agujero para darse una vuelta más pero volvió horrorizada. Estaba buceando tan tranquilamente cuando se encontró cara a cara con un tiburón de un metro. Justo detrás de él había dos más. Obviamente salió por patas, bueno, por brazas y llegó muy asustada. Nos habían dicho que aquí los tiburones no hacen nada y en este caso fue totalmente cierto pero coño, encuéntrate tú a un bicho de estos mirándote a los ojos, verás el bote que pegas. Comimos en el Galliano, el restaurante a pie de playa. Pedí una ensalada César y me la trajeron con pepino. Pero qué asco, aborrecemos el pepino en esta casa. ¿Quién le dio la receta a esta buena gente?



Aquel día conocimos a Jesús y Mariví, madre e hija residentes en Barcelona. Jesús acababa de dejar su curro tras varios años y se había llevado a su madre a la playa para pasar las navidades allí e iniciarse en el buceo con bombonas de aire. También conocido a una tal Granada que no nos hizo ni puto caso, la verdad, pero con Jesús y Mariví hicimos buenas migas, ella es taxista, con un taxi de esos grande que te cagas. Les llevábamos unos cuantos días de ventaja, así que les vimos las cuatro o cinco recomendaciones que podíamos darles. Fuimos a cenar juntos al Lemon Drop y lo pasamos bien. Jesús había estado trabajando como director comercial de Bacardi y estaba a punto de empezar con otro curro parecido.






Acabamos el día reventados, viendo Netflix en la habitación. Primero vimos American Psycho y luego un documental sobre el Ave del Paraíso, que es graciosísima. El macho se lleva días, semanas preparando el terreno y los bailes apareadores para que cuando llegue la hembra, seducirla y follar durante unos gloriosos dos segundos. Semanas de curro para dos segundos de gustito. Supongo que el tío que diseña fuegos artificales debe sentir lo mismo, el pobre mamón.

domingo, 31 de mayo de 2026

Maldivas, Día 4: Nochebuena con Potasio


Muy buenas. Nuestro cuarto día en Maldivas ha sido bastante movidito, la verdad. Este es el momento de cada año en el que tengo que explicar el mal trago que he pasado y lo intento hacer con un poco de sentido del humor. Todo empezó bastante bien, desayunando galletas en el hotel. Es un detalle aparentemente insignificante en la historia, pero que tendrá su importancia a continuación.

Habíamos contratado una excursión a través de Mohamed: un viaje privado en barco a un lugar en el medio de la nada donde te podías sumergir con un snorkel y ver tortugas marinas, tiburones y todo tipo de peces tropicales. Llevábamos muchos días esperando el momento de meternos en el agua y contemplar las maravillas que hay ahí abajo. Todo fue bien, Mohamed nos subió en su carricoche supersónico y nos presentó a Sipé, esbelto, mayor, curtido por la mar, pelazo que te cagas. Sería nuestro guía durante la excursión, que duraría un par de horas. Un tío hecho y derecho, un viejo lobo de mar pero flaco y recto como un junco. Mirad cómo se movía el barco, es una pista de lo que viene después...



Nos subimos en el barco y todo iba bien, vaya. La brisa marina nos daba en la cara, íbamos haciendo bromas sobre los animales que íbamos a ver bajo el agua, incluso hice un vídeo para recordar el camino de ida hacia el punto estratégico donde paraíamos 15 minutos después.



Todo iba bien, sí. Hasta que dejó de ir bien.

Me empecé a encontrar mal. Lo mío con los barcos ya viene de lejos, concretamente de una excursión en nuestro viaje de bodas en Australia 2006 a un cayo perdido en el medio de la nada llamado Upolu. Fue mi principal exigencia del viaje y pasó todo el camino de ida y vuelta potando como un loco. Aquella noche acabó con Belén arrastrándome al único bar abierto y cantando en un karaoke con aborígenes hasta que me quedé sin voz. Fue a la vez uno de los mejores y peores día de mi vida. Pero volvemos a lo que nos ocupa. Me estoy encontrando mal. Me tomé una Biodramina antes de salir, pero ahora mismo es como si me hubiese comido un caramelo de los Reyes Magos del año pasado.

No hay vuelta atrás. Tengo que potar. Y tengo que echarlo por la borda, no hay otra opción. Empiezo a vomitar haciendo un ruido como si despellejasen a un cerdo, no entiendo aún por qué me salió así. Una ves. Dos. Tres. Diez. Esto es un no parar. No sé de dónde sale tanto líquido. Los peces se tienen que estar poniendo finos de galletas. Qué hijos de puta. Belén hace lo que puede, intenta que se pase el tema, pero yo no puedo parar. Ya vomito sin nada en el estómago. Estoy del revés.

Paramos el motor. Qué bien, hemos llegado al punto que queríamos, pero el barco no para de moverse y eso no me ayuda para nada. Sigo potando mientras Belén se prepara para la inmersión. Ella baja en seguida y por algún motivo que aún desconozco, a mí me dicen que me espere. Un minuto. Dos. Tres. Y yo más mareado que si hubiese salido de una centrifugadora.

- Sipé, amigo mío, déjame bajar, coño, que si sigo en este barco me va a dar algo, shurra mía.

+ Nah, espera un momento

- Sipé, prometo potarte de arriba abajo si no me dejas bajar del barco. Cuando vuelva a Isla Pobre encontraré un arma de fuego y te pegaré un tiro en el culo

+ Que te esperes, coño, puto guiri mareao. Menos mal que hemos prohibido el alcohol, que si no, cualquier te aguanta, so mamón.

- Una polla me voy a esperar (saltando a plomo desde el barco).

Bueno, algo así que vi. Fue un poco humillante que Sipé me llevaba de la manita, esa hombre recio, mayor, llevando al guiri mareado de turno de la manita. Pude estar dos minutos o así mirando alguna ortuga y poco más. Belén estuvo un poco más, serían 6-7 minutos. Bajé pensando que estaría mejor, pero qué va, estaba reventadísimo, así que decidimos abortar misión. Belen me prometió que haría la excursión sin mí, aunque lo que estaba haciendo era una prueba de amor para sacarme de allí, visto lo dantesco de mi situación. Por eso hay pocas fotos, porque mi siruación era más bien alarmante. Me estaba deshaciendo, vaya. Eso me pasa por cagar en el mar el día anterior. Sí, era verdad. La venganza de Neptuno. 




Lo fácil era dejarme allí tirado pero tuvieron compasión de mí y volvimos. El numerito que monté subiendo al barco fue gordo, estoy seguro que aún hablan de él en Rasdhoo. Subí al barco como pude, acabé con los dos pies para arriba y cuando me di cuenta, llevaba el culo destapado. Tuve la suerte de que nadie inmortalizó el momento y solo os lo podéis imaginar, yo con ese culo blanco al aire tirado en un barco en el medio de la gana en una condición física claramnete subhumana. El camino de vuelta fue igual, sin parar de potar. La última arcada fue la mayor, no sé de dónde salió tanto líquido después de las 356 anteriores. No nos cobraron la excursión y acabé en el hotel en estado semicamotoso durmiendo una siesta larguísima.





Comimos en el Drop, un sitio al lado de la bikini beach regentado por Felipe, que es de Barcelona y lleva allí un tiempo. Sin conocernos, lo primero que hizo fue pegarnos una rajada acojonante de los locales, diciendo que los tíos eran lo más machista del mundo. También nos contó que está prohibida la Navidad y que no se puede celebrar nada de nada. Felipe me cayó bien, estaba dispuesto a rajar todo lo que hiciese falta. Fuimos a la bikini beach por primera vez, vimos muchos peces y hacía un día muy soleado. Claramente en Isla Pobre la mejor playa es para los guiris. Por cierto, que estaban construyendo por todas partes y en cinco años Rasdhoo será una isla turística más. Una pena, pero así funciona el mundo ahora mismo.



Volvimos a la habitación. Se había acabado el papel del WC así que fui a por un rollo

- Illo, Mohamed, por favor, dame un rollo de papel del WC, que no tenemos.

+ ¿Y tú para qué quieras papel del bate, hijo mío, si ya te ha visto el culo toda la isla? AAAAHAHAHAHAHAH

- ¿Qué? ¡Hijoputa!

+ Se llaman Potasio, que lo sepas. También te llaman el guiri del culo albino

(esto no pasó realmente, es por darle un toque de comedia, pero sospecho que Mohamed sí supo lo que había pasado por cómo se reía el muy cabrón)





Como nos gustó el rollo del Drop, su cáustico dueño y la bikini beach, volvimos por la tarde. Hay una calle que va de un lado al otro de la isla y que pasaba por un campo de fútbol bastante bien montado. Fuimos arriba y abajo de esta calle docenas de veces, era una pasada ver a la gente local. Felipe nos contó que la montaña más alta de Maldivas es directamente de mierda. Es una isla de residuos donde todo el mundo tira la basura y hay tanta que es la montaña más alta del país. Tiene cojones, ¿eh? Había un menú de Nochebuena encubierto y es donde hicimos una cena de Nochebuena, comiendo crispy chicken en un chiringuito de las Maldivas. Life is good.

Cartas, vinito y gintonic, así acabó nuestra Nochebuena. Las locales nunca miran a nadie a los ojos. Ellos son guapos y bastante machirulos,como nos dijo Felipe. Alguna Sugar Mommy vimos, señoras de avanzada edad con novios locales. No entro a valorarlo, si todo el mundo está de acuerdo, estupendo, viva el amor.

Así fue nuestra nochebuena. Y mañana, Navidad...

Maldivas, Día 3: playas perfectas, cartas extraviadas




Hola otra vez. Una vez descubierto el paraíso de Isla Rica en las Maldivas, estaba claro cuál era la prioridad para nosotros. Estaba claro que no nos podíamos quedar por ahí escondidos porque la isla es como un bunker militar y fijo que nos habrían encontrado y probablemente deportado, así que pedimos amablemente que nos dejaran un poquito más, como cuando te despiertas para ir al cole y no te sale de los huevos ir a ningún sitio. Por cierto, cómo mola que suena la alarma y descubras que es sábado. Ah, qué sensación, esa de decir, tengo que irme a NOOOOOOOOO HOY NOOOOOOOOOO.

No es el caso, vaya. Fueron muy amables con nosotros y nos dejaron quedarnos cuatro horas más de lo permitido, hasta las 16:00. De hecho, encontré una buena oferta para quedarnos una noche más pero decidimos no aceptarla por dos motivos principales. Primero, que para que las cosas sean especiales se tienen que tener en pequeñas dosis. Y segundo, porque Mohamed estaba preocupado en Isla Pobre pensando que nos habían secuestrado, o que nos había devorado una jauría de tiburones, o algo así. Me lo imaginaba llorando al lado de la chimenea, sudando como un cabrón porque a quién se le ocurre poner la chimenea con el calor que hace en las Maldivas. En fin.





Hicimos lo correcto en una situación así. Teníamos el desayuno pagado pero no el almuerzo: esta gente son generosos pero no son gilipollas, así que hicimos unos bocatas para luego. Decidimos darle una oportunidad a la playa que había justo al lado del restaurante donde desayunamos y resultó ser ESPECTACULAR. Aguas turquesas, arena fínisima, garzas pululando por ahí, peces grandes... una auténtica pasada. Quizás mejor que la lengua de arena, que era más bonita pero hacía mucho más viento. Creo que Playa Desayuno es de las mejores playas que hemos visto en nuestras viajeras vidas, ahí arriba con Cape Tripulation en Cairns, Ses Illetes en Formentera y Oludeniz en Turquía, así a bote pronto.

Nos fuimos andando con calma hasta la lengua de arena, era un paseo largo pero no teníamos ninguna prisa. Lo típico que te paras, porque hay tumbonas por todas partes, te bañas, sigues, te echas unas risas, y así hasta llegar. Uno de esos paseos que se recuerdan toda la vida. Para el recuerdo fue una parada que hicimos en una de las piscinas a medio camino entre Playa Desayuno y la lengua de arena. Un bañito, los bocatas y una partida de cartas. La buena vida.






Al final nos cansamos, porque la isla de larga, y usamos el carrito de golf, medio oficial de transporte de Aventura Global, hasta el sandbank, la lengua de arena. Estoy intentando no utilizar anglicismos e igual estoy haciendo el gilipollas, pero creo que es menos pedante, la verdad. Lo increíble es que llegamos al final de la isla, a la punta de la lengua de arna, miramos para atrás y estábamos completamente solos, ni un alma. El día anterior había una rusa operadísima que nos hizo el reportaje fotográfico que usamos en la felicitación navideña. Encantadora, la verdad. Esta vez estábamos solos y creo que no se me olvidará fácilmente la sensación de paz que sentí. Los dos trabajamos muy duro, con mucho estrés, y tener esos momentos de privilegio absoluto, de paz total, no es fácil, pero desde luego es merecido.



Aproveché las circunstancias para cagar en el mar por primera vez en mi vida. Hey, ya que no había nadie, cuándo iba a tener una ocasión así. Esto os lo podéis creer o no, claro. Igual os estoy vacilando. Igual no.





Esperamos a que llegase el carrito de golf y fuimos de punta a punta de la isla hasta la recepción. Al llegar tenían nuestras bolsas, bueno, todas menos una. Había una bolsa de Primaprix que no estaba, así que pedimos que la trajeran. Esto retrasó nuestra salida de la isla durante más o menos media hora. Nos dijeron que no la encontraban, que sería muy poco probable, pero al final apareció. La bolsa del Primaprix no tenía nada de verdadero valor dentro, lo cual hizo que la situación fuese aún más ridículo. Era una bolsa con un color muy cantoso, era imposible no verla, yo creo que se veía desde Isla Pobre.







Cogimos el ferry ese de los dos minutos hasta llegar a Isla Pobre, donde nos esperaba Mohamed con visibles signos de preocupación, cual padre cuando su hijo mayor sale de noche por primera vez, le dice que vuelva a las 12, son las 3 de la mañana y el hijoputa del niño todavía está pegando saltos en la discoteca de turno. Estábamos disfrutando del atardecer en Isla Pobre cuando nos dimos cuenta de algo: nos habíamos olvidado las dos barajas de cartas en la piscina de Isla Rica. Mierda, y ahora qué hacemos. Fuimos a un Todo a 100 Rupias a ver si encontrábamos algo, qué íbamos a hacer sin las putas cartas, era un desastre. La dependienta nos dijo que no había... pero encontramos dos barajas de cartas. Espero que la pava no se encargue del inventario nuclear de Corea del Norte, porque si no, vamos jodidos.

Tras cenar en el Lemon Drop, fuimos un rato a la playa y vimos Isla Rica en la relativa lejanía, porque está cerca: ahí es donde descubrimos que llegaba el wifi. Lo pasamos bien en Isla Rica, pero Isla Pobre nos iba a sorprender muchísimo. La combinación de las dos cosas, como dijo Belén, fue perfecta. Os dejo con mi vídeo favorito del día. ¡Disfrutad!

sábado, 30 de mayo de 2026

Maldivas, Día 2: de Isla Pobre a Isla Rica



Hola a todos. Tras dormir 13 hora seguidas para superar el jet lag rápidamente, llegó el momento. Belén tomó una decisión que sería clave en nuestro viaje: pasaríamos la semana en Maldivs en una isla local, con playas espectaculares pero en contacto con la cultura local. Eso sí, una noche, solo una, rollo Cenicienta, nos iríamos a la isla resort de enfrente, Kuramathi, un pequeño paraíso en el que celebraríamos su cumpleaños. Decidimos dejar las cosas en el Beach Cottage sin decirle a Mohamed que nos íbamos a la otra isla. Al volver estaban superpreocupados de que nos hubiese pasado algo. Cosas que pasan.





Tras pasar por la ducha open air y mear con un poco de miedo a que me picase un mosquito en algún sitio incómodo como, no sé, la punta de la polla... Nos dirigimos hasta el puerto de Rasdhoo para coger el ferry. Dimos mil vueltas hasta que un jipo nos orientó un poco. Resultó que el sitio donde había que coger el barco estaba al lado del Lemon Drop, así que fuimos a desayunar y echar una rápida partida de cartas. Por fin llegó el ferry, que habíamos pagado por adelantado con un poco de descuento, 25 dólares por persona. Tardamos dos minutos en llegar. Dos minutos, 50 pavazos. No es mal negocio.










Llegamos a Kuramathi, la isla resort. Es exactamente así, toda la isla es un resort. Pasé el resto del viaje pensando cómo mierda podría volver sin que se diesen cuenta, porque creo que se puede llegar nadando, y llegué a la conclusión que era más fácil escapar de Alcatraz que meterte en esta isla sin pagar. Llegamos a la recepción, donde todo era amabilidad. Tengo que decir que el precio de una noche en este resort era más que una semana en Isla Pobre, así que más vale que fuesen amables. La recepción era algo así como un búnker de ricos. Nos explicaron que la isla estaba dividida en tres áreas, con tres piscinas y tres restaurantes, los tres con el mismo catering. Te podías mover por donde quisieras, ya fuese andando o en carrito de golf, históricamente el medio de locomoción favorito de Aventura Global.





Isla Pobre es musulmana y el alcohol está prohibido. Isla Rica, en cambio, tenía un culto muy fervoroso al dinero y podías beber lo que quisieras. Nuestro régimen era de pensión completa, pero había que pagar las bebidas a precio de Isla Rica, o sea, rozando lo astronómico. Pero qué coño, estábamos de vacaciones y habíamos volado gratis, así que no había problema. Además, Belén había conseguido un precio muy competitivo en ambas islas a base de perseverar durante meses, así que todo bien, no vamos a ir haciendo el rata en las Maldivas, pero quién os pensáis que somos, coño.




Tras dejar las maletas en la espectacular habitación que nos dieron, fuimos a la playa de al lado. Todas las habitaciones tienen una playa al lado. Obviamente, cuanto más cara es la habitación, más chachi es la playa de al lado. La nuestra estaba prácticamente en medio de la jungla, con muchos cangrejitos pequeños que pesarían poquísimos gramos deslizándose por la playa a una velocidad espectacular, como si se los llevara el viento, pero controlando. Comimos en el buffet, que tenía de todo (volvemos a las restricciones de Isla Pobre, en la que no había nada que tuviese cerdo).






>br>Pillamos el carrito de golf, coche oficial de Avantura Global, en este casi tripulado por los locales, y nos llevaron al sunbank, la playa más bonita de la isla, una lengua de arena que se acababa en el mar, una maravilla absoluta, con aguas truquesas a la temperatura perfecta. Al llegar vimos que había un inmenso triángulo, y aquello fue un momento mágico. Habíamos grabado unos vídeos en Barcelona para hacer una felicitación navideña graciosa. Parte de la decoración navideña de la Gran Vía incluye figuras geométricas iluminadas, y había un triángulo. Simulamos que era un triángulo mágico que nos teletransportaba a las Maldivas. Cuando vimos el triángulo justo en la playa, hicimos vídeos para que fuese el punto de salida. La felicitación navideña quedó increíble y la podéis ver aquí:




Pasamos un buen rato en la playa, que estaba decorada con motivos navideños. Luego fuimos a una de las piscinas de la isla a beber una cerveza y una copa de vino blanco que nos supo a gloria. Belén había encargado un pastel sin azúcar para la cena y nos costó hacernos entender, pero en el resort cumplieron con su palabra y Belén pudo festejar su cumpleaños con un pastel. Hasta le cantaron el Happy Birthday con más arte que Carmen de Mairena (bueno, no). Volvimos al bungalow con su cama gigante y su jacuzzi que no funcionaba, no hubo manera de que hiciese lo que tenía que hacer.





Fue el mejor cumpleaños que recuerdo. No solo de Belén, de cualquier persona que conozca. Llevábamos dos días en Maldivas y ya teníamos recuerdos como si llevásemos allí un mes.

Y lo mejor estaba por llegar...

Maldivas, Día 1: el largo camino a Rasdhoo


Hola a todos. Nos fuimos a las Maldivas el 20 de Diciembre de 2025. Era la primera vez que Aventura Global se echaba la manta a la cebza y hacía un viaje navideño transcontinental. Siempre había querido hacerme esas fotos bañándome en la playa en navidad con el gorro de Papá Noel y que la gente pensara, joder, qué hijo de puta es. Y las hicimos, sí, pero las vamos a publicar en verano. Es posible, querido lector, que ahora estés en la playa mirando el blog y pienses, joder, pues tampoco es para tanto. En su momento lo fue.

Teníamos un bono de Turkish Airlines que recibió cada empleado de la EuroLeague y que caducaba el 1 de Enero, y creo que fuimos los últimos en canjearlo. Era eso o no ir a ninguna parte. El calendario de la EuroLeague me dio una pequeña tregua y fue fácil cuadrar las fechas. Belén tuvo decisión total de ir donde fuese siempre que no nos pasásemos del presupuesto y acertó de pleno. Eso sí, el viaje de ida fue raro. Para empezar, nos fuimos a las 18:30 hacia Estambul y luego viajamos de madrugada a Malé, la capital de las Maldivas. De ahí cogeríamos un ferry hasta Rasdhoo, nuestra primera parada. A partir de ahora, llamaremos a Rasdhoo "Isla Pobre", en comparación con Kuramathi, que será "Isla Rica".




Cogimos un Uber lloviendo a mares hacia el aeropuerto de Barcelona, y viajamos juntos en el vuelo a Estambul. Últimamente hemos decidido que si las filas son de dos asientos vamos juntos, y si son de tres o más, no. Belén tiene una rara habilidad para encontrar espacio extra. Eso, y que es más amable que el resto. Tenía puntos para subir a business a los dos pero la reserva que teníamos no incluía los asientos. Cuando fui a pagarlos eran más de 200 EUR, combinando los cuatro vuelos del viaje, así que utilicé los puntos para comprar los asientos y por lo menos garantizar que teníamos ventanilla. Nadie quiere viajar en el puto asiento del medio. Qué asco.





Llegamos a Estambul y nos encontramos con una estampa bastante curiosa: un centenar de tipos con ropa ligera y una toalla en la cabeza. Llegué a pensar que había una especie de cabina de masajes eróticos en algún sitio del aeropuerto de Estambul, pero no: preguntamos y era algo religioso. No quise saber más, pero una religión que te permite ir medio en pelotas por un aeropuerto igual me representa. Tuvimos que andar de la puerta F18 a la B12, esto es, hacer el aeropuerto de Estambul de punta a punta. Son casi dos kilómetros (1.8, en concreto), es de locos. Belén hizo su magia con la tripulación de cabina y conseguimos dos asientos con nadie al lado. Es la mejor. Pregúntenle cómo lo hace. levaba una gente delante que parecía haber estado unas 70 veces en Maldivas. Esa es una cosa que sabíamos y esperábamos, que íbamos a ver pijos insoportables por todas partes...

Llegamos a Maldivas y ya vimos indicios de lo que sería el resto del viaje: en teoría no dejan entrar alcohol, pero pasaban mozos de carga con cajas y cajas de las mejores marcas. Le llegada al aeropuerto de Malé fue completamente caótica. Habíamos comprado nuestro billete a Isla Pobre a través del hotel, pero al llegar al muelle no estábamos en la lista y no nos dejaban pagar. Llamamos al hotel, pero al tipo ese, al que llamaremos Robustiano, no nos dejaba pasar. Solo cuando pasó todo el mundo y quedó sitio, Rosbutiano nos dejó pasar, el muy cabrón. Por cierto, es importante llevar cash a estos sitios, especialmente en los transportes, porque si intentas pagar con tarjeta te dirán que tararí. Los malvideños son guapos, con un pelazo que te cagas, más morenos que Julio Iglesias cuando volvió de Tahití.




Fueron casi dos horas en el barco hacia Isla Pobre sin incidencias, no al menos esta vez. No adelantemos acontecimientos desagradables (para mí). Allí nos esperaba Mohamed, el jefe del Beach Cottage, nuestro hotel en Isla Pobre. Belén y Mohamed llevaban meses hablando y parecía que se conociesen de toda la vida, fue un momentazo. Nuestra habitación tenía una ducha al aire libre, perfecta para ver las estrellas por la noche y para que los mosquitos te piquen en el culo.





Dimos un primer paseo por Isla Pobre. Las calles no están asfaltadas y acababa de llover torrencialmente, así que había mucho barro. Llegamos a la playa principal, que era maravillosa. De todos modos sabíamos que no iríamos a la playa hasta dos días después, porque el día 21 dormiríamos en Isla Rica. Kuramathi es un resort que está tan cerca de Rasdhoo que hasta llega el wifi de una isla a la otra. La playa de turistas, llamada bikini beach, tenía mucho potencial. 
El agua estaba a la temperatura perfecta. Esto prometía. Las calles no tenían nombres, como la famosa canción de U2. Cenamos en el Lamon Pop, un restaurante que Mohamed recomendó hasta la náusea, seguramente porque se llevará comisión. 

Cenamos bastante bien y nos fuimos a dormir muy pronto, afectados por el jet lag. Al día siguiente teníamos que ir a Isla Rica, pero esa es otra historia que os contaremos pronto...