Hemos empezado el viaje de forma muy accidentada. Tras una noche de nachos, hamburguesas y cervezas en El Desván, nos levantamos temprano para cerrar las maletas e irnos a la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. El trayecto fue un poco extraño porque el conductor de Cabify era prisionero de un ataque de ansiedad legendario, gigantesco, extraordinario. Estaba más ansioso que Andrea Janeiro en un Kentucky Fried Chicken, que Dani Carvajal en una fiesta del partido comunista. El tipo no hacía más que dar golpes al volante, decir "Barceloooona" con la o larga y repetir la hora.
Al parecer, el problema es que tenía que pagar unos céntimos si tardaba mucho en salir de allí. Nos propuso ir a salidas y lo mandamos al carajo porque no teníamos prisa, y cuando vio la fila de coches atascados, al tipo le dieron los siete males. Barceloooooona, diez y media. Así hasta que llegamos y oh sorpresa, no aparecía nuestro vuelo en el panel. Su puta madre, ¿qué tipo de cagada hemos metido? Bueno, una bastante leve.
Resulta que Cathay Pacific se ha mudado a la Terminal 2. Es el único vuelo de toda la cadena de OneWorld en salir de la T2. Ni nos planteamos mirarlo, la verdad. No fue un problema porque íbamos con mucha antelación, que es lo que hay que hacer en estos casos porque los imprevistos suceden y al final acabamos con la misma ansiedad que el taxista de los cojones. Cogimos un autobús gratuito que va de una terminal a otra y llegó el momento de la magia de Belén.
Siento un viaje largo, seguro que hay nuevos accesos al blog. Hemos cogido por costumbre regalar cosas a la tripulación y el personal de tierra de las compañías aéreas porque es un trabajo muy desagradable, tratas con gente muy borde, la verdad, así que un poco de amabilidad nunca viene mal a nadie. A veces, la gente corresponde a nuestra amabilidad. En esta ocasión, Belén preparó chocolatinas y gominolas con una tarjeta personalizada explicando el viaje, a saber, que Nacho ha cumplido 18 años y le hemos regalado un viaje a la carta, que resulta ser Japón porque lo decidió con siete años cuando fuimos nosotros por primera vez. Lo prometimos y lo vamos a cumplir (recordad, aún estamos en Hong Kong, falta un poquito).
El jefe de Cathay Pacific en Barcelona (Carlos) vino a hablar con nosotros y felicitó a Nacho por su cumpleaños y por tener unos tíos tan cojonudos (nunca sorpresa, ya sabemos que somos la hostia, hombre). Quiso corresponder a nuestro gesto regalándonos el fast track y darnos acceso a la sala VIP de la T2. Fantástico, fue una parada muy rápido pero bastante productiva, hasta brindamos con cava. No, no nos pasaron a business, pero qué más da, esto no es algo que hagamos buscando un objetivo. Es ser amable con la gente. Veréis más ejemplos durante al viaje.
Conceptualmente, doce horas de vuelo directamente a Hong Kong ya son una puta mierda en sí, pero si te toca detrás un hijoputa que te da patadas sin parar es muchísimo peor. Ha sido mi caso: no sé cómo han dormido estos dos pero Belén se ha traído lo que llamamos "el asiento de la cula", esto es, un asiento acolchado que usa para trabajar en el día a día. Sospecho que ella ha dormido mejor que nadie en el avión. En el colmo de los colmos, el tipo de detrás pasó de darle patadas al asiento a estirar el pie, meterlo en el asiento de delante y tocarme para despertarme. Una vez. Dos veces. A la tercera le cogí el pie al vuelo, me di la vuelta y le dije que no me tocase más los cojones.
Pero siguió dando por culo. El tipo era una máquina inmisericorde de dar por culo. El vuelo en sí, bien. La comida fue correcta y tenían dos conciertos de Oasis en el sistema de entretenimiento, lo cual tiene gracia porque estuvieron en la lista negra de la aerolínea durante muchos años por un incidente que nada tuvo que ser con los hermanos Gallagher. Bonehead, el guitarrista, que pilló una papa legendaria y la lió parda.
El aeropuerto de Hong Kong es fantástico y está igual que la última vez: tiendas de lujo impresionantes, muy espacioso y un montón de tiendas muy peculiares de camino a la Puerta 67, que es donde estamos. Hemos echado una primera partida de cartas en una pizzeria donde fuimos a tomar un café. Nos obligaron a consumir algo porque el café era solo para takeaway, así que pedimos un cruasán y palante. Parecíamos el tipo ese de la película Clerks que compra unos chicles para pasar a ser un cliente y cagarse en todos los que compraban tabaco. Seguramente esta referencia no la pille ni Dios, soy consciente.
Llegamos a Japón tras un vuelo en el que los tres dormimos casi todo el trayecto. Ha resultado ser una buena idea porque hemos aguantado mucho mejor. En el menu de Cathay Pacific había un entrante, un principal y tres postres, ni puta idea de por qué. Al llegar a Japón tuvimos que pasar dos controles, uno de entrada que se puede preparar de antemano y otro de aduanas que es un poco a caraperro. Belén había alquilado una mini-van para llevarnos a nuestro hotel, el Kamzashi Tokyo Asakusa. Ha resultado ser la mejor decision del viaje de ida porque hay cerca de 80 kilómetros entre el aeropuerto de Narita al centro de Tokyo.
Total, que ya estamos aquí. Lo primero que hemos hecho es subir a la azotea del hotel a ver las magníficas vistas y justo después, visitar el templo de Senso-ji, justo al lado del hotel y muy cerca de la SkyTower, lo cual le da al templo un aire retrofuturista: es un sitio muy tradicional rodeado de tecnología. Hay una pagoda de cuatro pisos y volveremos mañana para verlo en plena ebullición.
Fuimos a cenar al Sushiro, el típico sitio de sushi en el que te llegan los platos por una minicinta transportadora. Muy rico, y hemos comido hasta hartarnos por 12 EUR por persona. Para hacer tiempo, hemos dado un paseo en el que nos hemos metido en un Pachinko para que Nacho lo vea, he usado 1000 yens (unos cuatro euros) perdiendo casi todo y sin tener ni la más minima idea de qué estaba haciendo porque estaba todo en japonés, hemos entrado en una caótica tienda llamada Don Quijote, tal cual, y hemos hecho el primer Reto de Bebidas de la temporada.
Mañana será otro día: Shinjuku, Shibuya y una experiencia muy local con un amigo de Belén. Pero eso será mañana, porque ahora, amigos, me voy a sobar hasta que no pueda más...
Mañana será otro día: Shinjuku, Shibuya y una experiencia muy local con un amigo de Belén. Pero eso será mañana, porque ahora, amigos, me voy a sobar hasta que no pueda más...













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