Hola a todos desde Miyajima. La escena actual es la siguiente: estamos en un ryokan, habitación tradicional japonesa con suelo de tatami. Nacho y Belén están dormidos, reventados, semicomatosos, y yo estoy empezando a escribir el blog en una esquina de la habitación intentando no hacer mucho ruido. El problema es que no sé cómo ponerme. Si cruzo las piernas, estoy incómodo, si las estiro, es peor, porque el tour de force por Japón de hoy ha sido muy exigente físicamente hablando. Hasta Nacho está fundido: tiene 18 años y es deportista. Creo que los he reventado a los dos. #stillgotit
Vamos al principio: toque de diana a las 06:30 con las maletas hechas para dejarlas en recepción y que Yamato, la empresa del señor este catalán con dos gatetes en el logotipo, nos lleve las maletas a Kyoto para recogerlas el día 22. Así iremos a Miyajima, Hiroshima y Osaka con una bolsa más pequeña, aunque la de Belén pesa como si hubiese robado el banco de plomo de Tokyo. Desayunamos y a las 07:30 nos recogió un taxi muy pulcro que nos llevó a la estación de Tokyo a toda hostia.
Tenía curiosidad por ver cómo de difícil era lo de manejarse con los trenes en Japón. Todos habéis escuchado historias de gente perdiéndose y liándola parda. No es nuestro caso. No sé si es que somos muy listos o el resto de la gente es, dicho de forma fina, más despistada, pero solo se necesita un poco de organización. Tenemos un grupo de WhatsApp en el que puse todos los códigos QR de los trenes.
- El código QR es tu ticket
- En el código QR te indica tren, vagón y número de asiento
- El tren se mira en las pantallas, con mirar la hora de salida se encuentra fácil
- El vagón está indicado en el suelo del andén, todos los trenes miden lo mismo y paran igual
Vamos, que no hay que ser Einstein o Yoshiro Nakamatsu, que tiene publicadas 3,500 patentes y es un inventor muy famoso aquí. Las salas de espera son pequeñas pero tienen una pequeña tienda con snacks y café, y el tren es superespacioso, muchísimo. En el camino hasta Hiroshima, Belén escribió todas las postales del viaje. Si ya has recibido alguna vez las postales de Belén, ya sabes de qué hablo. Son increíbles.
Al llegar a Hiroshima teníamos que sacar billete para un tren regional a Miyajimaguchi, que conecta con el ferry a Miyajima. No teníamos billete porque sale uno cada 15 minutos. Salimos del Shinkazen, Belén fue al panel de horarios y yo a la máquina. El primero salía en siete minutos. ¿Da tiempo? Sí. Llegamos al sitio correcto, pasamos el billete, vía 1, venga, para alante. Menos mal que esto era complicado, pensé. Sabrá la gente lo que es complicado. Lo mismo con el ferry: un pedazo de cartel diciendo que aceptan la tarjeta PASMO. Tenemos PASMO, tenemos crédito, pues para alante. En una hora y 10 minutos estábamos en Miyajima.
Hemos hecho una parada en el famoso torii rojo, que estaba en plena marea alta parcialmente cubierto por el agua. A las 19:30 o así es la marea baja y se puede ver en toda su dimensión y apreciarlo desde abajo. A ver, que yo creo que nadando también se llega fácil con la marea alta, pero es una gilipollez hacerlo. Es la gracia del torii, uno de los símbolos de Japón. Joder, si sale hasta en el WhatsApp como emoji.
Tras hacernos una buena sesión de fotos digna de cualquier guiri pesao... nos fuimos al hotel sorteando ciervos y yendo cuesta arriba con un calor de mierda. Menos mal que el catalán tiene las maletas gordas a buen recaudo, qué crack. A uno intentamos darle de comer, pero no nos persiguieron como en Nara. En general, Miyajima se ha convertido en un hub turístico con menos encanto que antes, pero todavía mola mucho.
Tenía una sorpresa preparada, que es este hotel tradicional y muy japonés. Nos probamos unas batas que nos han dado para el onsen (que es una especie de spa japonés) y estos dos cabrones se han reído de mí hasta prácticamente caerse al suelo. Debe ser porque no hay espejos y no se han visto, pero si ellos creían que iba hecho un mamarracho, pues ellos estaban con las mismas putas batas. Decidimos desafiar el calor y subir montaña arriba hasta el telesférico de Miyajima, porque arriba sabemos que están las mejores vistas que hemos visto en nuestras vidas, y hemos viajado un poco. Queríamos que Nacho viera esas vistas, era uno de los objetivos del viaje.
No ha decepcionado, claro, pese al palizón. A Belén le ha dado un mínimo parraque. He tenido que beber cuatro botellas de agua porque casi me deshidrato. Nacho dice que le han dado "los siete males", literal, pero tras subir lo que nos han parecido 1,452,989 escalones, hemos llegado al mirador.
Y wow. Qué maravilla. No se puede explicar y las fotos no hacen justicia al sitio. Hemos estado poco tiempo porque salía el último teleférico y en el estado físico en el que estábamos, habríamos tenido que bajar rodando. Pero qué cosa más increíble de lugar. Sin palabras.
Hemos vuelto casi arrastrándonos al hotel y estos dos han caído como si no hubiesen dormido desde que España ganó el mundial de fútbol. El de 2010, digo. Voy a hacer una pausa y luego sigo con lo que hagamos por la noche. Son unos segundos para vosotros, y unas horas para mí. No me he dormido ni un segundo para que ellos sean felices. He sido fuerte y me he mantenido despierto.
Aquí estamos otra vez. Hemos ido a cenar supertemprano porque todo aquí cierra a las 20:00, hasta los 7-Eleven. De hecho, no había NADIE en la calle. Claro, la gente viene a pasar el día en Miyajima pero no se queda a dormir, como pasa en ciudades con muchos cruceros tipo Dubrovnik. Hemos ido a un sitio a comer sopa y ostras, que son la especialidad de la isla. Hay caladeros de ostras por todas partes alrededor de Miyajima y los bichos son supergrandes, nada que ver en sabor y textura a las de Europa. Hasta hemos probado la cerveza local de Miyajima que, oh sorpresa, estaba bastante buena.
El torii de noche estaba perfectamente iluminado, pero la marea no había bajado lo suficiente como para ir andando sin mojarse. Si querías hacerte la foto debajo del torii (nombre oficial: Torii Flotante del Santuario Itsukushima), tenías que meterte en el agua hasta las rodillas y, con mala suerte, si había una ola guasona, mojarte los huevos. Hemos decidido hacer fotos desde fuera, claro, que se moje su puta madre para una foto ultraposturera. También hemos ido al onsen del hotel. Tienes que ir en pelota picada, pero como estábamos solos, nos hemos quedado valientemente con el bañador puesto.
Vamos a acabar la noche viendo Pulp Fiction antes de cerrar el petate e ir a Hiroshima. Será otro gran día, garantizado.
Javi
PS: Los japoneses son muy agradecidos. De hecho, son extremadamente agradecidos. Exasperantemente agradecidos. Es raro que te hayas ido de un restaurante sin que cada persona te diga gracias (Arigato gozaimasu) cuatro veces. Imagina ir a un restaurante y que el camarero, a gritos, te diga ¡¡¡GRAAACIASSS!!! ¡¡¡GRAAAACIAAAS!!!, así cuatro veces. No sé, lo veo excesivo.
PS2: Parte de la experiencia de estar en un ryokan es vestir una yukata. Hombres y mujeres la llevan. Os dejo con nuestra pequeña sesión de fotos.
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