jueves, 20 de agosto de 2026

Japón, día 5: Hiroshima tiene de todo


Hola a todos desde Hiroshima, donde estamos haciendo un pit-stop en el hotel antes de irnos a cenar, así que voy a ir adelantando el blog antes de que me toque hacerlo a medianoche. Sospecho que no vamos a salir hasta tarde (iba a decir "a quemar la ciudad", pero no es elegante), así que espero acabar a una hora decente. Por cierto, el desayuno del hotel va de las 06:45 a las 09:30. Es inaudito. El Hotel Oriental de Hiroshima nos ha proporcionado una amplia habitación triple en la que estamos muy cómodos. Ayer lo de ryokan estuvo bien, pero levantarse cada vez desde el suelo es una puta tortura. Los japoneses deben tener las lumbares más duras que el bíceps de Topuria.

Como siempre, rebobinamos al principio del día. Hicimos check-out en el hotel, que nos ofreció llevarnos al ferry gratis. Le dijimos que íbamos al café de enfrente y que luego veríamos si bajábamos andando (15 min) o con ellos. El café de enfrente era muy extraño, parecía una habitación particular y no servían café con leche. La única leche que había era vegetal. Las opciones del menú eran un pastel de limón y dos helados (sí, helados para desayunar), uno de ellos de gorgonzola. Usamos la excusa de que Belén es diabética para salir por patas, aunque deberíamos haber sido sinceros y decirle que su local era muy elegante pero su oferta gastronómica matutina era una porquería, un insulto a esa institución mundial que es el desayuno. Mamones.






Volvimos al hotel casi de rodillas a suplicar que el señor recepcionista nos bajase donde queríamos ir, que era el Starbucks. El tipo sonrió socarronamente en plan "guiris de mierda, se van al Starbucks" cuando le dijimos nuestro destino final. No soy fan del Starbucks pero he de reconocer que desayunamos bien y desde luego, mejor que en el sitio fisno ese de mierda. Echamos un último vistazo al torii y nos fuimos a la calle comercial a petardear, comprando alguna cosilla. Cogimos el ferry hasta Miyajimaguchi y de ahí el tren regional hasta Hiroshima, todo con la tarjeta PASMO y sin perder un segundo. Como dijo Nacho, fue automático.



Teníamos tres objetivos en Hiroshima. El primero era visitar una calle comercial llamada Hondori, de unos 600 metros de longitud con todo tipo de tiendas, había hasta un outlet de Skechers. Habría unas 200 tiendas o así: pop-ups de cosmética, todas las marcas locales con un Uniqlo gigantesco, y un centro comercial donde compré el Otamatone, extraño instrumento musical japonés con el que voy a tocarle los cojones a todo el mundo a partir de ahora. Ya hice una prueba en Tokyo, en el bar del amigo de Júpiter, con resultados catastróficos para cualquiera que le guste la música. El mío es más pequeño y edición Kabuki.





Estuvimos dando una vuelta por el centro comercial antes de ir a nuestro segundo objetivo del día: un edificio de varias plantas llamado Okonomimura, lleno de pequeños restaurantes donde te preparan delante de ti el plato estrella de Hiroshima: el Okonomiyaki, una especie de tortilla de fideos y col que sabe mucho mejor de lo que estoy explicando. Coño, con esta descripción no se la comería ni Dios, menos mal que tenemos vídeos y fotos del producto final.





Belén ha repartido sus bolsitas del amor por todo Japón e Hiroshima no es una excepción. Hoy ha repartido tres: una al taxista que nos trajo al hotel, que nos regaló unos palillos para Nacho sin esperar nada a cambio. Cuando recibió la bolsita con la explicación en japonés de por qué estamos en su país, el tipo flipó. La cocinera del Okonomiyaki también recibió nuestro regalo por su trato y amabilidad. Nos devolvió tres origamis y un cuenco para beber té para Nacho, que siempre es el receptor de todos los pequeños regalos por ser nuestro invitado. El caso es que Nacho aborrece el té, piensa que es agua sucia y se lo va a beber su tía. Ah, qué ironía. El tercer receptor de nuestro regalo fue un dependiente de una tienda de pegatinas que no se merecía la bolsita, gordo de mierda timador, que al final nos cobraste de más.





Volvimos a la calle comercial para comprar alguna cosilla, sobre todo un spray fresco para la ropa que es una maravilla y que estará muy pronto en Europa. Estoy tan seguro de ello que hemos hecho un video. Pasó una cosa muy graciosa. Delante de una de las tiendas había un tío vestido de samurái y solo se veía la armadura. Nacho y yo nos acercamos y no se movía nada de nada, así que decidí gastarle una broma a Belén. "¿Te puedes poner al lado de la estatua esa del samurái y te hago una foto?" El resultado es descacharrante. Estuve riéndome varios minutos. Recordó a aquello que pasó en 2013 cuando fuimos a Vancouver. No fue tan gracioso como aquello, que casi me muero de risa allí mismo, pero tuvo gracia. Tambien tuvo mucha gracia el Reto de Bebidas de hoy, que Belén ganó por goleada. Ha sido muy gracioso, estos dos estaban descojonados con mi reacción. Ojo porque este reto de bebidas es HISTÓRICO.



Rápidamente cambiamos de registro.



Al final fuimos al Museo Memorial de la Paz en Hiroshima, que sirve para recorder al mundo entero el horror que causó la bomba atómica cuando fue lanzada el 6 de Agosto de 1945. El museo cuesta solo 200 yenes, poco menos de un euro, y muestra fotos explícitas de las consecuencias de aquella catástrofe provocada por el ser humano que esperamos que nunca se repita. Ya que ellos han sido tan directos, vamos con los datos tal y como son: alrededor de 80000 personas inocentes murieron de forma instantánea, 60000 más fallecieron antes de que acabase 1945 y la radiación acabó con 60000 más, sin contar los efectos secundarios físicos y mentales que tuvieron los supervivientes y sus generaciones posteriores. El museo muestra la realidad tal y como fue: muertos, heridos, consecuencias de la radiación... Lo que más me ha afectado es ver que hubo mucha gente que murió días después con las arterias y venas perforadas. Empezaron a tener manchas internas de sangre hasta morir desangrados. Una barbarie.






También vimos lo que llaman el Monumento de la Paz de Hiroshima o la Cúpula de la Bomba Atómica. Es un edificio que estaba a 150 metros del epicentro de la bomba, el más cercano que resistió el impacto. Se decidió conservarlo tal cual para que la gente nunca olvide lo que pasó, y el recinto del edificio contiene varios monumentos construidos a posteriori, incluyendo una campana que los visitantes pueden tocar en honor a la paz mundial. Es un sitio con una energía negativa difícil de describir, pero es necesario visitarlo. Fue un contraste fuerte, pasar de estar todo el día descojonados a tener un nudo en la garganta... pero es necesario hacer estas cosas. De hecho, es la única petición explícita de Nacho en el viaje: visitar este museo. Le honra muchísimo.

Volveré después de la cena, que tengo que despertar a estos dos, que se están pegando un siestorro a las ocho de la tarde. Son mis ídolos.



Bueno, hemos ido a cenar a un sitio de carne que ha elegido Nacho y la verdad es que ha estado muy bien. Long story short, hemos ido a un bar llamado MAC que nos recomendó nuestro amigo Júpiter, ese crack total. Es un bar con como 10000 CDs que te pinchan lo que tú pidas. Estaban poniendo rock setentero y hemos transicionado al britpop con Pulp, Oasis y demás. Estábamos con dos ingleses y un chinojaponés que simpatizaban con nuestra causa musical. Hemos echado un buen ratito y de ahí nos hemos ido a un karaoke a cantar una hora. En tres palabras: Nacho lo peta. Y sí, se nos ha hecho más tarde de lo que pensábamos, pero qué más da, estamos de vacaciones, joder. 

Eso es todo por hoy, que no es poco. Unas postdatas y lo dejo.

Javi

PS: No hay papeleras en Japón. Bueno, hay pocas, muy pocas. La gente carga con su basura durante horas. Es acojonante.

PS2: Creo que lo peor del día ha sido la espera para que nos sellasen el Tax-Free en la tienda de música donde compramos el otamatone. Han sido 10-12 minutos, pero han parecido doce horas. Hijos de puta, qué inutilidad. Por cierto, desde hace unos meses te descuentan el IVA directamente en las tiendas de Japón; presentas el pasaporte con un sello de entrada reciente y ya te lo hacen.

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