lunes, 24 de agosto de 2026

Japón, día 9: Calor, templos y actividad paranormal en Kyoto



Hola a todos desde Kyoto. Por fin había pillado un poco de sueño, estaba durmiendo la siesta tan tranquilamente cuando ha sonado un trueno acojonante, del verbo asustar. Tanta ha sido la cosa que Nacho ha bajado las escaleras y ha soltado siete u ocho palabras malsonantes con una expresión de miedo parecida a la de haber visto a Satanás en la puerta del Airbnb. Belén está por ahí, dando una vuelta por una de sus ciudades favoritas del mundo. Luego intentaré convencerla de que escriba un poco sobre su experiencia porque está siendo muy chula, y es mejor que leerme a mí divagar sobre cómo estaba durmiendo la siesta y demás mierdas parecidas.




Ayer nos quedamos en el Gran Reto de Comidas, que empezó con Nacho petándolo a lo grande. Nos llevó a un yakiniku, restaurante especializado en carne, muy distinto al que nos llevó David por la mañana. Menos refinado pero en pleno centro turístico y con carne y marisco. Las vieiras con mantequilla fueron especialmente buenas, y probamos seis tipos distintos de carne y un postre espectacular. Sí, es crema catalana, ¡en Kyoto! Una gran experiencia. El Gran Reto de Comidas continúa esta noche con mi sorpresa, que espero que sea muy especial. Ya os contaré, es una pasada.



Después nos fuimos a un par de bares que estaban muy cerca del restaurante del reto. El primero se llamaba Joker: un bar muy guay en el sótano del hotel con una parroquia muy fiel, todos se conocían y se saludaban, y la Asahi mejor tirada de Japón: bien fría y en una jarra muy gruesa. La música no era muy buena y eso arruinó la experiencia. Nos fuimos a otro bar llamado Rocking IMG en la segunda planta de un edificio. El camarero parecía el hermano gemelo del dueño del MAC Bar de Hiroshima, les enseñamos los discos que había comprado en Tower Records y empezó a poner música de David Byrne y The Strokes. Estuvimos jugando a las cartas, escuchando música y saludando al camarero, que al final se llevó una de las Bolsas del Amor de Belén. Hasta nos puso un par de canciones de Extremoduro. 




Ah, las Bolsas del Amor. ¡Qué momentazos nos están proporcionando! Regalamos dos en Tower Records y se pusieron súper contentos. Hoy hemos dado una Bolsa del Amor a un taxista perfectamente uniformado que utilizaba el Google Translate para que el recorrido fuese un poco más turístico. Ha habido dos chavales japoneses que han accedido a hacerse una foto con Belén y también han recibido amor. En forma de bolsita, no piensen mal, coño.






Hoy ha hecho un calor horroroso, histórico, algo así como 40 grados con una humedad relativa del 70%. Hacía más calor que en una barbacoa en Mercurio, que haciendo flexiones dentro de un asador de pollos, que cargando sacos de arena en el centro del desierto del Sáhara, donde sale la H intercalada en el mapa. Un calor de mierda, vaya, y encima a mí se me han olvidado los libros que estamos sellando en los templos. Nos dimos cuenta antes de subir al autobús y tomamos la sabia decisión de ir a todas partes en taxi en vez de cocernos vivos en la calle. Total, ¿qué son 50 EUR extra en un viaje así para cuatro taxis de trayectos largos? Creo que ha sido la mejor decisión del día.



Nuestra primera parada fue el Pabellón Dorado, o Templo Kinkaku-ji. Es el que sale en la portada del blog y, por supuesto, es una pasada haber tenido la oportunidad de volver. Era un día horrorosamente soleado y eso hizo que el pabellón dorado se reflejara en el agua. Hasta aquí todas las ventajas de tener sol en el día de hoy. Media hora hemos durado en el puto pabellón dorado, abrasados por el calor, sudando la gota gorda, medio mareados del impacto del sol. Hemos sellado nuestros libros en el pabellón dorado, era importante para nosotros. Ha sido muy especial volver.







Tras tomar algo fresco en literalmente CUALQUIER SITIO QUE TUVIESE AIRE ACONDICIONADO, nos fuimos al Bosque de Bambú de Arashiyama, con un número creciente de turistas, incluyendo muchos italianos y unos indios muy maleducados gritando y saltándose las pocas normas que había en el parque. Hijos de puta. No nos veréis en la India ni aunque tengamos que recibir un Óscar de Bollywood. Por cierto, no hay tantos españoles como decían. Se ve que el año pasado vinieron muchos españoles a Japón, y este año hay algunos, pero no son hordas de hispanos.










Nuestra tercera parada ha sido el Mercado de Nishiki, también ultraturístico. Allí la gente va a comprar souvenirs y todo tipo de mierdas, y a comer. Vaya, lo que viene a ser un típico mercado asiático. Hemos comido por menos de 10 EUR por cabeza: Nacho ha tirado por el udón, Belén por las gyozas y yo me he pedido una cosa imposible de describir que era como un okonomiyaki de pulpo. Estaba bueno.












Ahí nos hemos separado: Nacho y yo hemos ido a comprar un par de camisetas a Adidas y también he pillado una de Japan Underground, una tienda muy chula con pop-up stores por todo Kyoto. Hoy estaban en una tienda tradicional de kimonos, cágate. Belén ha tenido una tarde más productiva. Os dejo con ella y se despide hasta mañana su humilde servidor Javi.



(anexo by Belén)


Belén a la fuga: después de comer, estos dos estaban más apagados que un televisor viejo a las tres de la mañana, así que he decidido abandonarlos elegantemente... vosotros os vais de siesta, y yo de petardeo por Kyoto. La verdad es que no tenía un plan, pero sabía que en algún momento iba a darme un masaje y me ha parecido una ocasión perfecta para darme un meneo.

Me he decantado por un centro llamado PLATINUM AROMA, sí, lo sé, suena a puticlub con olor a pachuli, pero no, nada más lejos de la realidad. Es un centro muy serio ubicado en la séptima planta de un edificio. Me han hecho un masaje de espalda y cabeza de 60 minutos por 5500 yenes, lo que viene a ser unos 30 EUR y ya os puedo decir que ha sido una de las mejores inversiones del viaje. La locura ha llegado al final, cuando la baba ya se me caía por el lado del gusto, le di las gracias a la masajista por su maravilloso trabajo y me dice señalando el techo:

ELLA: ¿Mamá?, como preguntando si mi madre está en el Cielo (muerta, vaya), le digo que sí y me dice:

MAMA SAYS COOKIE, LIKE BISCUIT.

Me he quedado un poquito en shock, porque a mi madre le llamábamos cariñosamente Cuqui y le digo: ¿cómo? Me lo vuelve a repetir y utilizando el traductor online, le he explicado que a mi madre le llamábamos Cuqui, ella ha asentido amorosamente y se ha marchado... no sé, creo que es lo más paranormal que me ha pasado en la vida, de todas maneras me ha sacado una sonrisa de amor. Seguro que ella está viajando conmigo; le encantaba viajar.








Después del fenómeno paranormal, del masaje y de dar vueltas por diferentes tiendas, bazares y callejones escondidos, me he decidido a hacer algo que no había hecho nunca: me he ido a un bar de animales. Lo sé, habrá quien diga que es explotación animal, pero ya os digo yo que a esos bichos se les trata mejor que a mí, pero a lo que voy y sin spoilers: había muchísimas opciones en 300 metros a la redonda: bar de hurones (paso, seguro que me muerden y además me recuerdan al Gran Lebowski), de gatos (menos, Javi y Nacho son alérgicos, solo me faltaba que se les pusieran los ojos como a Bob Marley por mi culpa), de cerditos vietnamitas, me lo he pensado, pero soy muy de comer cerdo y me ha dado cosita, de buhos... a este quiero ir con Nacho, puede ser la leche, así que finalmente me he decidido por un bar de perretes vestidos con tutús y puntillas y ha sido divertidísimo.




La cosa funciona así: primero, no entra todo el mundo; si te ven chungo, alcoholizado o violento, no entras, pero oh sorpresa, a mí me han dejado entrar. Pagas por el tiempo con los perros y puedes beber mientras estés allí y está incluido: hay una máquina de refrescos, agua y té. Solo puedes subir con tu móvil, sin zapatos y sin bolso, se deja todo en un locker.



Una vez que te has despojado de tus pertenencias, subes y te encuentras con un panorama absolutamente amoroso: unos 10 perretes vestidos que se acercan a saludarte. Te sientas, te ponen una mantita y ellos deciden si vienen a sentarse contigo. Ha sido como estar en una fiesta de los Bridgerton perruna, que monería oiga, que derroche de bonitez, de amor perruno, de sobredosis de corazoncitos rosas... vaya, me he muerto y resucitado de amor en varias ocasiones. Después de tantos inputs locos he decidido volver a casa para compartir con los chicos todas mis aventuras, que no han sido pocas.



Tengo que decir que Nacho es un excelente compañero de viaje, es divertido, se adapta a todo, come de todo, está siendo genial compartir con él esta Aventura Global y mira que yo tenía mil miedos, pero ya se han esfumado.

PS: Cuqui, mensaje recibido, ¡te quiero mucho!





PS2: Hemos visto un bar de armas, tal cual. Subes y disparas lo que quieras, y está permitido el acceso a los niños. Impensable.

PS3: ¿Qué mejor forma de premiar a los lectores del blog por llegar hasta aquí que con un Reto de Bebidas? ¡Vamos!

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