Hola a todos aún desde Siquijor, donde hemos pasado tres días de relax, risas y tranquilidad al lado del Mar de Bohol. Hemos estado muy bien en el Coco Grove Beach Resort pese a descubrir algo bastante raro: que maximizan las opciones de que te quedes en el hotel utilizando algunos trucos que no están bien. Primero, cualquier dispositivo de wifi externo queda inutilizado. Segundo, no se puede acceder a Google. De esa manera no puedes utilizar Google Maps para saber qué restaurantes, lavanderías o bares de copas hay cerca del hotel, y así te quedas en el resort y consumes más. Al hotel no se puede acceder con comida o bebida comprada fuera del mismo - hay un cartel en la puerta, y me parece algo que debe ser completamente ilegal. Además, el personal no escatima en mentirte para que te quedes más tiempo en el, eso sí, magnífico hotel. El primer día preguntamos si había supermercados fuera, nos dijeron que a 10 minutos en coche, salimos... y había tres nada más salir. Ayer nos dijeron que iba a llover cuando nos íbamos a cenar fuera... y no llovió absolutamente nada.
Obviamente, esta gente no sabe con quién se estaba metiendo. Habíamos comprado una VPN, que sitúa a tu ordenador virtualmente fuera del hotel y así puedes acceder a lo que quieras. Algo tan simple como subir vídeos a YouTube es imposible aquí sin una VPN. Por supuesto, hemos colado comida y bebida de fuera, faltaría más. Tuvimos una pequeña reunión familiar en nuestro segundo día en el Coco Grove y decidimos que no íbamos a gastar un céntimo en el hotel durante 24 horas. Y así fue: en vez de contratar una excursión a las Cataratas de Cambugahay, lo mejor que hay en Siquijor, decidimos ir nosotros mismos en triciclo. Qué digo, en el peor triciclo de toda la puta isla, conducido por Yoyó, un hombre con seis hijos de dos mujeres distintas. Primero nos paró en una lavandería en un soportal de una cancha de basket y luego hicimos una parada previa en un árbol supuestamente sagrado, que tiene una pequeña laguna con peces de esos que te comen los callos de los pies. El árbol tiene 400 años y es bastante guay, pero la historia de la laguna y los peces es difícilmente creíble: aparecieron espontáneamente. Coño, no será tan difícil que alguien haya aparecido una noche y tirado 100 peces en una charca. A mí me pareció una engañifa, pero el sitio no estaba mal.
Por fin llegamos a las Cataratas de Cambugahay. Son tres cascadas, te puedes bañar en las tres y eso sí, hay que bajar 125 escalones de piedra irregular para acceder a ellas - y por supuesto, subirlos otra vez cuando hayas acabado. En la tercera cascada hay tirolinas y cosas así: pagando una vez te puedes tirar las veces que quieras. No sabíamos la profundidad del lago así que valientemente decidimos no tirarnos - de hecho, Belén cambió de opinión cuando ya había decidido saltar al vacío. Llegamos a la primera cascada, la más tranquila, sin demasiados turistas chinos, y nos encontramos a nuestros vecinos en el Coco Grove, Pilou y Sophie, franceses, jóvenes, guapos, residentes en Madrid y muy buena gente. Estuvimos charlando de todo un poco y hasta nos hicimos algunas fotos pese a estar rodeados de agua - Belén compró un par de bolsas estancas impermeables y sacar el móvil fue fácil. Quedamos para cenar en un lugar llamado Baha Bar a las 19:30. Las cascadas son impresionantes y algo que hay que hacer sí o sí en Siquijor.
Tras una siesta apoteósica y un intento un poco frustrado de ver atardecer, se puso a llover con cierta fuerza y ahí es cuando nos planteamos el tema del Baha Bar. Pilou y Sophie nos dijeron que el pronóstico no daba lluvia pero en el hotel insistían que debíamos dejarnos los cuartos en sus restaurantes y sus bares. Decidimos arriesgar y pasamos una muy buena velada con nuestros nuevos amigos. Les gustan las mismas series que a nosotros, hablamos de las buenas cosas que hay en nuestros respectivos países y qué les atrajo de España. Había más españoles en el bar, pero no nos dimos cuenta de que estaban allí hasta que fue la hora de irnos. No había triciclos disponibles porque el único conductor que había estaba un poco borracho. Eran cuatro minutos en línea recta así que nos arriesgamos. El tipo iba empanado pero llegó sin problemas. Llegamos a la segunda puerta del hotel que estaba cerrada, y apareció de repente una cara, de la nada. Era un segurata.
- ¡¡¡¡¡¡AAAH!!!!! Joder, ¡qué susto! - dije yo.
+ ¿Qué hacen ustedes aquí?
- Joder, ¿y a ti que te parece? Somos clientes del hotel y esta es la puerta. ¿Qué crees que queremos hacer, jugar al tenis mixto?
+ Ya, pero por esta puerta no suele entrar nadie a estas horas.
- De verdad, somos clientes, aquí está la puta llave del hotel, déjamos pasar o montamos un pollo que de los gritos que pegamos arreglamos el Google Maps.
+ Ah, ¿pero saben lo del Google Maps? Son ustedes unos cabrones muy listos. Pasen, pasen.
Acabamos la noche bebiéndonos nuestra botella de San Miguel con Pilou y Sophie. Nos han caído muy bien y esperamos verles muy pronto. Hay una idea de que vengan a Sao Joao en Oporto en Junio del año que viene, pero seguro que nos vemos antes. En un momento de la noche un chino salió a quejarse del ruido que hacíamos. Es el karma puro y duro - los turistas chinos son los más ruidosos, maleducados y con menos escrúpulos del mundo. Aún así bajamos la voz y acabamos hablando de canciones famosas en Francia y España. Lo pasamos bien, y nos dieron las tres de la mañana casi sin darnos cuenta.
Nuestro último día ha sido de relax total. Nos levantamos cuando el desayuno estaba cerrado, descubrimos que la mejor piscina del hotel, la tercera, estaba vacía y pasamos allí todo el rato hasta la hora de comer. Fuimos a San Juan a por nuestra ropa limpia y compramos botellas de cerveza y Sprite para reemplazar las que nos bebimos la noche anterior. Otro baño, esta vez en la segunda piscina, supuestamente olímpica, vimos atarceder y cenamos en un sitio tranquilo. El día pasó rápido pero la intensidad fue baja y disfrutamos mucho de cada momento. Siquijor mola, y seguramente volveremos.
Mañana tenemos un día verdaderamente asqueroso, demencial, salido del culo del peor touroperador. Un primer ferry a Tagbilaran, dos horas de espera en esa estación de mierda, un segundo ferry hasta Cebu y atravesar toda la ciudad en taxi hasta llegar a un hotel de aeropuerto, donde dormir unas horas antes de coger dos vuelos para ir a Hong Kong. Por cierto, que no está claro que Juanpa, Jen y los niños estén. Jen tiene problemas de espaldas y de momento no puede viajar. Le deseamos que se cure pronto y podamos vernos en Hong Kong. No sería lo mismo sin ellos.
Me voy a terminar la maleta. Belén me acaba de hacer un Reto de Bebidas Asiáticas y quiere escribir un poco hoy. Os dejo con ella.
Ays... menudos días estamos pasando por tierras filipinas, amigos, de verdad que ha merecido mucho la pena pasar por aquí. Si bien es verdad que Filipinas es caótica, desordenada, parece construida de trozos de casas abandonadas y todo parece reciclado, Siquijor es otra cosa. Aquí hasta las casas están mejor construidas. Apenas hay tráfico y se respira una calma chicha de esa que te quedas mirando el mar y dejas de pensar en nada, mente en blanco, out total, lo cual, tanto a mi señor esposo como a una servidora nos ha sentado de maravilla.
Hoy, después de una noche fantástica con Pilou y mi niña Sophie, nos hemos tomado en serio lo del "dolce far niente", así que, con un poco de resaca y libro en la mano, nos hemos ido a la piscina que queda más lejos del hotel, huyendo de mis amigos los chinos y hemos conseguido estar prácticamente solos, así que el plan de bañitos, lectura y relax nos ha salido de 10. Después de una siesta profunda teníamos que ir a buscar la ropa que habíamos dejado ayer para que nos la limpiaran en el pueblo de al lado: SAN JUAN, una pequeña población costera con una especie de mercadillo de ropa de segunda mano y algunos comercios interesantes en donde, por fín, he encontrado una bebida para que Javi no se vaya de rositas de Filipinas con el reto de bebidas.
El sitio donde nos han lavado la ropa amablemente se trataba de un patio trasero, en donde tenían una lavadora y muchas cuerdas para colgar la ropa, lo más humilde del mundo, pero nos han dejado nuestra apestosa y sudada ropa oliendo al jardín del Edén, qué maravilla oiga.
Como hoy teníamos que rehacer las maletas y teníamos menos ganas de salir de casa que un adolescente con wifi, hemos cenado en el hotel, pero no en la masiva barbacoa que han montado, ya que aquello es un enjambre de chinos hambrientos y gritando más que si a mí me pellizcaran con unas tenazas el juanete. Nos hemos ido a un pequeño restaurante con vistas a la playa y hemos cenado divinamente.
Asia nos está sentando muy bien, nos ha llevado la mente a un estado de nirvana placentero absoluto, nos ha medido en fuerzas y capacidad con las distancias y la climatología y nos ha respetado bastante el tema de las cagarrinas, aunque Javi ha descubierto que el batido de coco natural es mejor laxante que si te comes tres kiwis bañados en Activia y con un Micralax de guinda, pero bueno, de ahí no pasa la cosa.
Mañana tenemos por delante un día difícil de transición: dos ferrys para llegar a Cebú y dormir cerca del aeropuerto en un hotel casino, lo cual promete ser uno de los sitios más freaks en donde hayamos plantado el huevo. A ver si, como dice Javi, le damos a la ruleta y nos sale el viaje gratis, molaría ¿verdad?, pero mucho me temo que no pasará.
Voy a echar mucho de menos andar descalza por la playa con esta arena tan gustosa, el sonido del mar, las palmeras con cocos colgando, los triciclos, los cacahuetes con ajo, las piscinas, el paisaje tropical, los desayunos con huevos... pero todo eso se viene con nosotros y seguro que aflorará en nuestros recuerdos cuando más lo necesitemos.
Volvemos a la civilización, que también nos gusta mucho y tenemos muchas ganas de volver a Hong Kong, ya que es una ciudad con mil cosas que hacer y ver y, lo mejor, es que volveremos a comer el pato más rico que hemos comido nunca en el PEKING HOUSE, jamematen lo bueno que estaba ese pato virgencita. Así que ahí vamos, acumulando experiencias y palante. #GraciasSiquijor
PS: Por cierto, dicen que Siquijor es la isla de las brujas, pero aquí la única bruja que hay soy yo, os pongo en situación:
Hora de la siesta y nuestros vecinos asiáticos estaban en la terraza de al lado con una música tipo balada plañidera a toda leche, a lo que yo, como bruja mayor del reino, asomé el cabezón diciendo HELLOOOOOOOO! y con el móvil en la mano puse una canción de AC/DC bastante fuerte. A esas alturas de la película ya había captado la atención de mis queridos vecinos, la cara con la que me miraban era de foto, pero no podía hacerla ya que tenía el móvil dándolo todo con la música. Apagué el trasto y en el inglés más chusquero que os podáis imaginar les dije:
¿Os gusta mi música?, a lo que con cara de horror y moviendo la cabeza me dieron a entender que no y les contesté: pues a mí tampoco me gusta la vuestra.
Conseguí que apagaran su mierda de música y, lo mejor, creo que ya me he ganado una reputación en la zona.
Fue un momentazo, trust me #labrujadeSiquijor
Hola a todos desde Siquijor, otra isla de las Filipinas, donde hemos llegado esta mañana. Empezamos esta entada de blog en el Coco Grove Beach Resort, tranquilamente uno de los mejores hoteles en los que hemos estado nunca - tenemos una playa privada a 15 metros, tres piscinas a cual mejor y en el hotel hay de todo. Tanto, que no dan ganas de salir de aquí, incitado en parte por las circunstancias en el hotel, pero ya llegaremos a esa parte. Básicamente, creemos que el resort está montado para que no salgas y sacarte los cuartos, maximizando el proceso, y al personal no les importa mentir descaradamente para que sea así. Pero lo dicho, lo primero es lo primero.
Nos despedimos del Malinawon Resort tras desayunar y pusimos rumbo a la terminal de ferries de Tagbilaran. Si habéis seguido el blog, recordaréis que tuvimos un episodio difícil hace unos días luchando por nuestras maletas a empujones, codazos y a grito pelao. Esta vez la experiencia ha sido un poco más amable, la verdad, aunque no mucho más. Hemos llegado casi dos horas antes de zarpar. El sistema es el siguiente - si llegas en coche pagas por entrar en el recinto, luego hay que comprar el ticket para entrar en la terminal de ferries. Después has de hacer check-in con un billete previamente impreso y una vez hecho todo esto, has de ir donde están los tíos de las maletas y pagar 50 pesos por cada una, en nuestro caso, 200. Hay tantos resguardos que al final te los grapan y todo.
Llegamos a la terminal de Tagbilaran y aquello era caótico, no menos de 200 personas en un sitio equipado como para 100 o 120. Gente de pie, un olor a sobaco sudado importante y ningun sitio donde respirar. Total, que nos fuimos. Salimos de la terminal al primer bar decente que viésemos. Tampoco esperábamos encontrar el Café Sacher de Viena, pero sí un sitio donde tomar un refresco y estar tranquilos. Encontramos una especie de chamizo encima del agua, hecho de bambú, donde servían bebidas, y allí fuimos, una gran mesa para nosotros. Decidimos jugar una partida de cartas - que ganó Belén magistralmente - y mientras tanto se sentaron unos tíos en la mesa de al lado que se pusieron a comer una sopa de pescado con el bicho dentro y demás movidas similares. Una auténtica barbaridad. Hicimos un vídeo que se llama El Desayuno de los Campeones, en referencia a una cosa que he leído sobre Keith Richards y que no voy a contar aquí, que hay menores. Si será fuerte para que no la cuente, ¿eh?
Por cierto, que Belén fue al servicio e hizo un vídeo que tampoco tiene desperdicio. Madre mía, qué antro....
Entramos en la terminal con dos biodraminas en el cuerpo y había un grupo tocando una especie de pachanga que parecía quedar bien con cualquier canción que cantases. Hicimos la prueba con como 20 canciones así por lo bajini. Una vez llegó la hora e embarcar conocimos a María, una señora de 63 años que estaba muy triste porque había perdido un pecho por un cáncer. Belén la animó mucho hablándole del Mugronets Market, un mercadillo anual que trata de ayudar a gente sin recursos que han pasado por ese problema. Creo que le alegró el día, saber que en otros países su problema no solo no estaba mal visto, encima había gente dispuesta a ayudar. Una vez en el barco aguanté sin vomitar por muy poco. A ver, no me ayudó el hecho de que hubiese tres chinos vomitando detrás nuestra y me llegase el olor de sus vómitos. Como decían Vainica Doble en la sintonía del mítico Con Las Manos En La Masa, "llego del trabajo y no me apetece pato chino". Belén durmió la mayor parte del camino, con el barco moviéndose como un garbanzo en la boca de un viejo. En fin, distintas formas de afrontar un viaje en ferry.
Llegamos a la terminal y estaba el personal del Coco Grove esperándonos con el típico cartel - con el nombre "Belén Calafell" y como el de seis chinos más. En el camino hacia el resort la chica del hotel me preguntó si estaba mirando el Google Maps, y le dije que sí, que efectivamente, me molaba mirar como se llegaba. Parecía un dato sin importancia pero luego tendrá cierta relevancia. Nada más llegar nos dieron la típica información de dónde ir, qué hacer, con unas excursiones más caras de lo habitual, etc. También dejó de funcionar el dispositivo wifi que tan bien había funcionado hasta ahora. El wifi del hotel no conectaba ni con Google Maps ni con YouTube - era imposible explorar los alrededores si no era tú mismo. Así que decidimos hacer eso, pero con calma. Primero comimos en uno de los muchos restaurantes del hotel y nos bañamos en dos de sus tres piscinas. El Coco Grove es el paraíso, calidad-precio casi imbatible, pero aquello empezó a no cuadrar en el momento que decidimos salir del hotel a dar una vuelta - principalmente, a buscar una lavandería.
- ¿Dónde van ustedes? - dijo el recepcionista de uno de las dos recepciones que hay.
+ Oiga, ¿y a usted qué coño le importa? Voy a un supermercado.
- Uf, eso está muy lejos, tendrá que coger un triciclo y tirar a la derecha 10 minutos.
+ Eso a mí me la pela, joven filipino. Quiero salir y lo voy a hacer.
- Espérese, que voy con ustedes.
Fue salir del resort y estaba todo lleno de supermercados, concretamente había uno a menos de cinco metros de recepción.
+ Amigo, se coge antes a un mentiroso que a un cojo. ¿Qué necesidad tienes de ser tan hijo de puta?
- Erm, yo... me van a disculpar, que me he dado cuenta que tengo los tobillos por debajo de las rodillas.
- ¿El qué? Ah, qué cabrón.
Total, compramos las típicas 1245 botellas de agua que necesito en cada sitio porque bebo mucho de noche... y una botella de ginebra con cuatro tónicas - luego nos dimos cuenta que era soda y el gin-soda es un asco. Volvimos a entrar en el hotel y nos llegó el típico imbécil con una chapa que te para.
- ¿Son ustedes clientes del resort?
+ En efecto, amigo, estamos aquí alojados con mi Tía Jacinta, que falleció en 1986, y su prima la menor.
- Pues no pueden pasar la botella de ginebra.
+ Oiga, que somos clientes de verdad, que ni siquiera tengo una Tía Jacinta, no me toque los cojones.
- No pueden pasar con la botella.
Este mamón con chapa no sabe con quién coño están hablando. Dale una placa a un tonto y la combinación es letal.
Total, que nos negamos a entrar y fuimos a la otra entrada del hotel, pero el tipo ya estaba hablando por un walkie-talkie así que usamos la entrada de servicio, un camino de tierra que llegaba al resort, y hemos conseguido colar la botella. Igualmente, hemos burlado la prohibición de YouTube con una VPN. Si no nos jodieron en Pekín no nos van a joder estos, coño. De hecho, hemos contratado una motillo que nos lleve a ver unas cataratas famosas que hay aquí, donde te puedes bañar. Es lo único que vamos a ver fuera del hotel. Hoy hemos cenado en un buffet del hotel lleno de chinos en lo que hemos podido ver lo peor del ser humano - una docena de clientes rodeando el stand de los postres cinco minutos antes de que abriese.
Sí, esto es el totalitarismo. Sí, utilizan métodos lamentables para que te quedes... pero coño, qué bien se está en este hotel. Puedo pasar por el aro un par de días y pretender que no pasa nada. De hecho, anuncio que haremos un blog más desde Siquijor, mañana no habrá entrada... salvo que la conspiranoia aumente y encuentre un significado extra a tanto control que no sea sacarnos cuanta más pasta.... mejor. Llegaremos al fondo del asunto.
PS: Podéis saber más del Mugronets Market y de las cosas buenas que hacen en su página de Facebook: https://www.facebook.com/mugronetsmarket/
Hola a todos en nuestro últmo día completo en Bohol - mañana cogemos el petate y nos vamos a otra isla filipina, Siquijor, entrando en la recta final de nuestro viaje. ¡Qué pedazo de día, de verdad, ha tenido de todo! Ha sido un dia completísimo en el que hemos hecho de todo y nos van a faltar palabras para expresar todo lo que hemos vivido. Teníamos claro que íbamos a coger una excursión al interior de la isla, viendo todos sus atractivos turísticos, y Belén encontró una por 1790 PHP por persona - unos 30 EUR - que incluía el almuerzo y un conductor que te llevaba donde tú quisieses, no dónde te dicen que tienes que ir. Por ejemplo, la mayoría de las excursiones incluyen una visita a la mayor serpiente pitón del mundo, pero no le veo interés a hacerme una foto con un bicho enorme y extremadamente drogado.
Nuestro conductor se llama Alan Talo, que es un nombre cojonudo, y es un gran fan del baloncesto, su jugador favorito es LeBron James pero dice que juega al estilo de Kyrie Irving - mucho dribbling y hacer jugar. Me han dado ganas de irme a jugar con él esta tarde pero tenía otros planes, vaya. Nuestra primera parada ha sido una estatua que representa el pacto de sangre realizado el 16 de marzo de 1565 entre el explorador español Miguel López de Legazpi y Datu Sikatuna, jefe de Bohol, para sellar su amistad siguiendo la tradición tribal. Fue el primer tratado de amistad hispano-filipina y se trato de una ceremonia tela de asquerosa, echando sangre de uno en la copa del otro para luego bebérsela. Bueno, eran otros tiempos. A partir de ahí, por supuestos, los españoles aportaron cultura, religión y costumbres y a cambio robaron y follaron todo lo que pudieron. La historia de nuestro país ha tenido tiempos más canallas, aunque parezca increíble.
De ahí nos fuimos a Baclayon, apenas a un kilómetro de la estatua de López de Legazpi, ese gran hijoputa. Visitamos la iglesia católica de Baclayon, que es bastante espectacular si la comparas con las demás que hemos visto, de pasada, en la isla. La iglesia estaba cerrada pero pagando 50 pesos, menos de un euro, podías acceder al museo y al interior del templo. El museo era una colección de retales de la época de los españoles sin gran valor arquitectónico. Aparte, estaba en un primer piso con un suelo de madera en el que se podía intuir el vacío entre las crujientes tablas. Un espanto, íbamos andando por encima como el que anda por encima de las brasas. El interior de la iglesia sí estaba bastante bien. Da la sensación de ser como una catedral, en el sentido de que está mejor construido e impone más que los edificios adyacentes.
En vez de ir a ver a la pitón asquerosa esa decidimos cambiárselo a Alan por una visita a un mercado y otro a cualquier cancha de basket. Encontramos una cancha de basket que estaba en una escuela, pero no lo sabíamos. Bajamos a hacer dos o tres fotos de los aros, que estaban muy castigados, y salieron un montón de niños pequeños a saludar. Fue bonito, aunque a mí me dio una vergüenza que me moría, no me gusta molestar y menos en una escuela. El mercado estaba allí mismo, al lado de la iglesia. El sitio se caía a trozos pero vendían muy buen producto. Insistimos: es importante visitar los mercados de los países a los que vas, porque a menudo se aprende más sobre ese lugar que en los sitios más turísticos. Compramos un poco de fruta y Belén encontró una bebida que nuestros amigos Pablo y Owen le recomendaron para el Reto, así que lo hicimos allí mismo.
De ahí cogimos carretera y manta hacia los dos platos fuertes del día: una reserva de monos, los Tarsiers, que son los primates más pequeños del mundo, del tamaño de una bola de béisbol, más o menos. Los Tarsiers son criaturas que viven fundamentalmente de noche, odian las multitudes, no les gustan que les toquen y tienen tendencias suicidas cuando están encerrados. Vamos, que son exactamente como yo cuando la temporada de EuroLeague llega a Enero, más o menos. Intentamos verlos pero nos cayó un chaparrón espectacular. Teníamos unos chubasqueros que nos dieron, de usar y tirar, en el Hua's de Pekín, el restaurante. Dos semanas cargando con la mierda del chubasquero y tardé tres segundos en romperlo. Me cago en todo. Al final escampó rápidamente y pudimos ver a los monos, de ojos saltones y muy pequeño tamaño. Alan nos dijo que tardan dos segundos en follar y correrse. Mira, otra coincidencia con el mono, al final vamos a ser hermanos.
(nota del autor: estoy exagerando un poco, no tengo tanto en común con el mono, que la gente se preocupa por gilipolleces)
El punto central de la excursión eran las Chocolate Hills, unas colinas de color marrón que parecían bolas de helado de chocolate. Es una putada que haya dejado de contar pasos, porque hemos subido una escalera larguísima como si nada hasta un mirador en el que se veía todo de forma espectacular. Había dejado de llover pero las nubes tocaban a algunas de las colinas. De esos momentos que el tiempo se para y puedes disfrutar de una vista única. Os lo recomendamos al 100% si venís por esta parte del mundo alguna vez. Conocimos a una pareja de cordobeses que luego irán a Siquijor, igual quedamos a tomar algo. Han tenido los santos cojones de alquilarse una moto e ir por todas partes con ella, sin indicaciones, con el tráfico de mierda que hay aquí. Espero ver a Pablo y Laura, que así se llaman, pronto. Empezamos a hablar porque todos nos reímos al ver la palabra "Filemón" escrita en una piedra. Lo de los nombres aquí tiene su gracia, y hemos hecho un vídeo que lo demuestra.
El momento más surrealista del día llegó con una especie de santuario de mariposas que estaba en el itinerario. Fueron 15 minutos, pero quizás los más divertidos de todo el viaje. Nuestro guía, abrumadoramente gay, hablaba un poco de español. Nos hizo abrir sobres con mariposas dentro y cuando pasamos al salón principal, empezó a decir... "Maripooosaaaaa! Maaaricoooonaaaa! Mariposóoooon!" - y lo mejor, lo tenemos grabado el vídeo. Si solo veis un vídeo de los cientos que hacemos en este viaje, que sea ESTE. Ya nos tenía ganado pero mucho más cuando empezó a hacer fotos artísticas con mariposas disecadas estratégicamente colocadas para hacer efectos ópticos. Una delicia de momento, de verdad.
De ahí nos fuimos a comer - en un barco que daba una vuelta por el río. Durante el trayecto había un tío cantando canciones pop y country con una guitarra acustica y a mitad de camino paraban en un sitio en el que dos docenas de mujeres tocaban el ukelele con cierta gracia mientras otras bailaban un baile tradicional que se parecía a cuando yo bailo sevillanas. Aquí en Filipinas tendrá su gracia pero de verdad, parecían pardillos bailando sevillanas. Nos tocó al lado de una familia indonesia que, sin exagerar, se hicieron 80 selfies cada uno durante el trayecto. Algo verdaderamente estomagante.
Esto me lleva a pensar en voz alta. Todos hacemos selfies, qué le vamos a hacer, si vas en pareja y nadie te hace fotos, es lógico hacerte tú alguna tirando de la nueva tecnología, pero hacerse un selfie cada dos minutos es una estupidez. La humanidad ha avanzado gracias a su curiosidad por resolver preguntas que estaban en el aire, eso nos ha hecho progresar durante siglos. De repente, prácticamente cada persona en el primer mundo tiene un superordenador en la mano con acceso a todos los datos que uno pueda imaginar, con respuestas a todas las preguntas. Es perfecto para alimentar esa curiosidad que ha hecho que el ser humano progrese, pero la mayoría de la gente lo utiliza para hacerse selfies y alimentar su ego en redes sociales. Es algo terrorífico si lo pensáis - sin esa curiosidad, difícilmente progresaremos más.
Nos despedimos de Alan y tras estar un rato en el hotel fuimos al Pearl Restaurant, donde habíamos quedado con nuestro amigo Juan Carlos, gran viajero madrileño de mordacidad imbatible y sentido del humor deliciosamente ácido. Vino con sus dos compañeros de viaje, Manuel y Silvia, con los que ha hecho varios viajes alrededor del mundo. Llegamos con hora y media de adelanto y unos chicos de menos de 10 años se pusieron a hablar con nosotros y a jugar con Belén. Al final les invitamos a un batido a cada uno y se sentaron con nosotros, algo impensable en otra cultura. El que menos tenía cuatro hermanos y la única chica, que debía tener seis años, hablaba un inglés bastante bueno. Una vez que llegó Juan Carlos en un triciclo como si fuese Julio César, pasamos a cenar. La cena estuvo bastante bien y nos echamos unas buenas risas hablando de todo un poco. Volvimos andando hacia nuestro hotel - han perdido sus maletas, que llegarán mañana, y Juan Carlos necesitaba un poco de paracetamol. Otra cosa no, pero somos una farmacia ambulante.
Próxima parada, Siquijor. Nos vemos allí
PS: Hicimos una broma en el parque natural de los Tarsiers, pretendiendo que habíamos visto uno pero era mentira. Quedó este divertido vídeo.
PS2: Mal karma para Belén con las bebidas en Filipinas...