Hola a todos desde Barcelona. Estamos a cuatro días de irnos a Croacia, pero nos queda pendiente nuestra interesante visita a Bosnia y Herzegovina para la boda de nuestros amigos Selver y Jasmina. Pensábamos hacer una sola entrada de blog pero nos han pasado muchas cosas y al final hemos decidido hacer tres: una con lo que pasó antes de la boda que saldrá hoy lunes, otra con la boda en sí que saldrá el martes y otra con lo que hicimos después de la boda - ir a Mostar y luego a Zagreb - el miércoles. La verdad es que lo hemos pasado muy bien y Sarajevo ha superado nuestras expectativas. A ver si soy capaz de acordarme de todo.
El vuelo de ida fue un poco raro por varios motivos. Primero, nos fuimos el jueves por la tarde para llegar de madrugada a Sarajevo, cosa poco habitual en nosotros. Segundo, viajábamos con varios compañeros de EuroLeague, lo cual fue una novedad refrescante, especialmente en un vuelo con tránsito. Quedamos directamente en el aeropuerto y en la cola de facturación, nuestro amigo Dani nos pidió meter sus bonitas zapatillas de baloncesto color amarillo fluorescente en nuestra maleta.
- ¿Puedo meterlas en vuestra maleta? Es que no facturo y así no cargo con ellas.
- iiihh....
Normalmente cuando digo "iiihh" quiere decir, "no, ni de coña, qué cojones, con lo que me ha costado cerrar la maleta, que la llevo a tope". Sin embargo, Belén es un alma cándida y caritativa y accedió a abrir parcialmente la maleta y meter las bambas en la mochila, casi a hostias. Es un detalle importante. Fuimos al Duty Free, compramos dos botellas de Tanqueray por 13.5 EUR cada una y embarcamos en nuestro primer vuelo del día, Barcelona - Zagreb.
El vuelo a Zagreb fue bien, la mar de espacioso, eso sí, estuvimos haciendo cosas que si nos las hacen desconocidos a nosotros nos hubieran irritado más que meternos una guindilla por el culo. Jugar con niños, gritar por los pasillos del avión y cosas así que seguro que llevaron a algún viajante solitario a cagarse, con razón, en nuestra puta madre. El aterrizaje en Zagreb fue muy especial, con un tiempo enrarecido, atardecer antes de una tormenta que descargó justo al aterrizar. Cayó un relámpago brutal a 500 metros del avión mientras aterrizamos - si llega a darnos, rompe el puto avión por la mitad.
Dani compró un par de cervezas que debían estar a unos 30 grados centígrados cuando de repente, suena mi nombre en megafonía. Señor Gancedo Navarro, acuda a la puerta 23. Llegué en un minuto pero allí no había nadie. Esperé, pero no aparecía nadie, así que me fui a buscarlos y fue entonces cuando llegaron. Cuando volví, me encontré con una chica de Croatia Airlines y con Belén: una de nuestras maletas estaba rota y teníamos que comprobar si estaba todo allí. Estuvo muy bien porque la azafata nos llevó a la sala de máquinas del aeropuerto, algo que los pasajeros no pueden ver, incluido hicimos alguna foto de tapadillo. Lo que había pasado fue que al meter los zapatos de Dani a presión en la maleta, la cremallera había petado y se habían caído cosas. Afortunadamente estaba todo: sacamos los zapatos y cerramos la maleta sin problemas. Volvimos a la zona de embarque.
- Dani, no te lo vas a creer, tío: tus zapatillas han disparado una alarma química. Había dos perros oliéndolas y ladrando, so cabrón.
+ ¿En serio? ¡Joder!
- Que no, hombre, pero nos han petado la maleta, mamonazzo.
El segundo vuelo fue de hélices pero la verdad, me quedé sopa todo el camino. Mejor, porque esa mierda se suele mover más que un garbanzo en la boca de un viejo. Selver, Jasmina y algún otro amigo (Goran, recuerdo) vinieron a recogernos, pero nosotros teníamos nuestro propio transporte: el mismo tío que nos alquiló el apartamento se ofreció a buscarnos, llevarnos y darnos las llaves. Todo bien en el apartamento con un pequeño problema: no había persianas, solo una cortina ridícula que no tapaba nada de nada. Menos mal que somos viajeros profesionales y llevábamos antifaces. Al día siguiente forramos la ventana de bolsas de basura negras.
Nuestro primer día en Sarajevo fue un poco de reconocimiento. Fuimos a un supermercado a comprar de todo y de camino vimos un parque de homenaje a los menores de edad que murieron en Sarajevo durante la guerra de los Balcanes. Terrorífico es poco. También había un monumento de un señor gritando que recuerda una historia real. Un padre gritándole a su hijo que los serbios no le iban a hacer nada - y los cuerpos de padre e hijo aparecieron en una fosa común una década después. ¿Se nota el horror de una guerra tan reciente? Sí, sobre todo en el ánimo de la gente, que no necesita ni dos palabras para hablar de ello. Hay tiros en algunos edificios y el ambiente se va normalizando pero aún es un poco raro.
Decidimos coger un largo teleférico a la zona olímpica de Sarajevo - juegos olímpicos de invierno, 1984. Claro, ha habido una guerra brutal y la menor de las prioridades era cuidar aquello, pero aún así es un sitio curioso. Fuimos al tubo de bobsleigh, hoy lleno de grafittis, y dimos una vuelta con muchos de nuestros amigos de EuroLeague, que llegaron un poco después y los vimos subir en el teleférico. ¡Momentazo! Después nos fuimos todos a comer juntos a un sitio de cevapi, a saber: una especie de pan de pita hueco lleno de salchichas de cordero (5, 10 o 15) y una salsa llamada kaimak, muy buena, que es mitad yogur mitad queso. Lo siguiente, claro está, fue una siesta apocalíptica de casi tres horas.
He hecho el numerito del triple en tierra extraña. Sí, otra vez, desde Sarajevo. pic.twitter.com/VA0Sgaw7DO
El primer acto oficial del finde de la boda fue un partido de baloncesto con Selver de homenajeado. Selver mide 2.04 y se mueve bien, así que si no se ha decidado profesionalmente al basket es porque o ha tenido mala suerte o, lo más probable, es muy penco. Nada, fue una pachanga sin más. Yo tenía un pie lesionado y jugué poco y mal, pero me dio para hacer meter un triple, que Belén lo grabara y colgarlo en Twitter. Más de 90,000 reproducciones para ver a un tipo gordo decir tres tonterías delante de una cámara y luego meter un tiro que metería cualquiera. La gente está mal de la cabeza... :) Tras una cena todos juntos nos fuimos unos cuantos a nuestro apartamento a beber gin-tonics y fundirnos las dos botellas de Tanqueray. No lo hicimos porque se nos acabó la ginebra. Fue un buen rato y conocimos a algunos de los invitados un poco mejor.
Y al día siguiente fue la boda, pero de eso ya hablaremos mañana...
Lo prometido es deuda. Antes de centrarnos en el viaje largo de este año, toca hablar de las dos últimas escapadas de fin de semana, que estuvieron bastante bien. Primero fuimos a Oporto para Sao Joao con nuestro amigo Ferrán y luego a Londres con otro buen amigo, Luis. El objetivo de estos dos viajes no era hacer turismo precisamente, solo relajarse y desfasar un poco. Al final siempre terminas viendo cosas que te llaman la atención y que justifican el viaje de una forma u otra, pero qué coño, fuimos a pasarlo bien y vaya si lo hicimos. Después de estos dos fines de semana, sigo pensando que Londres y Oporto son las dos ciudades que elgiría para vivir si tuviese que vivir en Europa fuera de España. Londres tiene una oferta cultural increíble y Oporto... Oporto es mucho Oporto. Nunca una ciudad tan pequeña tuvo tantas cosas interesantes y tanta buena gente.
Es cuestión de tiempo que la gente se de cuenta que Oporto es un sitio de puta madre, así que nos consideramos afortunados de poder haber ido dos veces antes de que se descubra el pastel. Nuestra primera parada fue en un mercadillo local para hacer tiempo. Acabamos pidiendo tres copas de Oporto y nos dejaron llevarlas por todo el recinto. Las viejas nos miraban como si fuésemos unos degenerados y bueno, algo había de eso, la verdad - no eran horas para beber vino, pero qué coño, era lo que nos apetecía. Teníamos un objetivo muy claro cuando llegamos a Oporto - volver a las Taberna Dos Mercadores, un pequeño restaurante de unas seis mesas en el que se come como en ningún sitio. El año pasado lo disfrutamos bastante, aunque nos jodió bastante probar el plato de los vecinos CON TODO EL MORRO DEL MUNDO y darnos cuenta que lo que estaban comiendo estaba 10 veces más bueno que lo que teníamos nosotros. Tras dar un paseo por la ciudad, fuimos directamente al grano: arroz de pulpo y marisco al horno.
Y qué maravilla, oigan. El arroz estaba para ponerle un piso y fregarlo cada día de cabo a rabo.
Claro, un plato así no se disfruta sin un buen vino. Al final cayeron dos botellas y luego nos pasamos al Oporto, porque joder, ya que estás allí, lo suyo es beberlo en los postres. La Taberna dos Mercadores está en un sitio lleno de cuestas así que tomamos la muy meditada y sabia decisión de pillar un Cabify. Lo meditamos durante unas dos décimas de segundo, más o menos. Llegamos al apartamento y nos pegamos una siesta apocalíptica, de esas que te despiertas y no tienes ni puta idea de dónde estás, quién eres o si estás vivo o no.
Fuimos a cenar una hamburguesa y había un chico cantando canciones indies en la esquina. Cuando llegamos estábamos solo nosotros viéndole. A la que tocó Wonderwall de Oasis, Hallelujah de Leonard Cohen y Seven Nation Army de The White Stripes tenía a 100 guiris alrededor suya cantando bajo la lluvia. Mojarnos no es nuestro rollo, así que nos fuimos a The Royal Cocktail Club, la mejor cocktelería de la ciudad. Impresionante. Los seis cócteles que pedimos - dos cada uno, no seáis capullos - fueron a cual mejor, aunque Belén pidió el mejor de todos. Recomendadísimo.
Al día siguiente fuimos a hacer algo fundamental en Oporto: una cata de vinos. Esta vez fuimos a la Bogeda Cálem, donde un chico español llamado Natxo nos explicó como se hace el oporto. Básicamente, es un vino que dura mucho porque le echan aguardiente, por eso es tan fuerte y deja una resaca tan hijoputa, como la que teníamos en ese momento tras 24 horas en la ciudad. La cata vale 16 EUR e incluye un tour por las bodegas, explicación de cómo se hace el vino y probar tres de los productos - un Oporto blanco, uno Ruby (tinto joven) y otro Tawny (tinto más maduro). Tras el festival nos fuimos a comernos una francesinha, que es un sandwich local con de todo, un huevo encima y una salsa especial. Lo ves y piensas que es una puta guarrada y que no tiene pies ni cabeza pero cuando lo acabas piensas "joder, estos tipos saben lo que hacen".
Llegó la noche de Sao Joao. La noche anterior habíamos reservado una mesa en un restaurante al lado del río para ver los fuegos artificiales. Lo más particular de Sao Joao es que casi todo el mundo lleva un martillo de juguete y esa noche está permitido pegarle con él en la cabeza a quien quieras. Lo suyo es hacerlo suavemente, pero Ferrán se tomó la justicia por su mano, sobre todo en la segunda parte de la noche, y estuvo cerca de que le arrearan dos hostias por los martillazos que pegaba. También es típico comprar farollilos de papel y que suban alto, muy alto hasta el quinto coño, pidiendo un deseo. Donde fueres, haz lo que vieres, y la verdad es que verlos subir es muy divertido. Conseguimos llegar allí y nos bebimos tres botellas de champagne, cortesía de Ferrán. Nunca bebo champagne y acabé bastante perjudicado. Tanto, que tuve que volver a nuestro AirBNB antes de tiempo - Belén se vino conmigo muy galantemente y dejamos a Ferrán en la inmensidad de la noche, pegando porrazos a diestro y siniestro.
Dedicamos nuestra última mañana en dar una vuelta por el centro y coger un barco turístico que daba un tour de una hora por el Río Duero, explicando muchas cosas sobre los puentes de la ciudad que realmente no le interesaban a nadie. Aún así mereció la pena porque hacía un día estupendo. Es fácil llegar al aeropuerto de Oporto en transporte público, los taxis y Cabifys son baratos, se come bien... Es curioso, Ferrán tenía un viaje sorpresa el siguiente fin de semana, de esos que se compran sin que se sepa dónde vas... y le tocó Oporto. Dos findes seguidos, y no puso ninguna pega porque a Oporto siempre hay que volver.
Para ese finde de semana ya estábamos en Londres. El viaje de ida fue un poco coñazo porque nos pasaron un par de cosas desagradables o, en mi caso, absurdas. Cuando iba a pasar el control en el aeropuerto me llegó una señora de 50 años:
- COME JIAR, WITH DE DE ENE I! (todo esto a gritos)
+ Vamos a ver, buena señora. Si sabe que tengo DNI, ¿por qué no me habla en castellano? Es la lengua de Cervantes, de Lope de Vega, de Garcilas...
- (interrumpiendo) PUT DE DE ENE I INTO THE MACHÍN!
+ Oiga, pero ¿por qué me habla en inglés de mierda? ¿Cumple usted algún cupo de algún tipo? ¿Desgrava de alguna manera?
- BAI BAI, ZENK LLU.
De todos modos esto no fue nada comparado con el vuelo, lleno de estudiantes que iban a Inglaterra a aprender inglés. A algunos de ellos les vendría bien también aprender un poco de educación, respeto y disciplina, más que nada por su propio bien. Creces sin respetar a la gente, sin tener la más mínima empatía, y cuando te das cuenta han pasado 20 años y no solo no has aprendido inglés, también resulta que eres un hijo de la gran puta. A Belén le fueron pegando en el respaldo del asiento la primera mitad del viaje, entre risas. Claro, no sabían con quién se metían. Belén se las arregló ella sola para que les cayera una reprimenda por parte de los monitores.
No hicimos gran cosa en Londres. Llegamos con tiempo de dar una vuelta por el Borough Market, pero ha perdido casi todo su encanto desde que lo renovaron y estaba petado de gente. El sitio no es lo mismo desde que salió en la saga de Bridget Jones, la verdad, hay peña por todas partes. Nos fuimos a nuestro airBNB atravesando un mercadillo que parecía que estábamos en Nueva Delhi - cachivaches, cosas por los suelos, frutas exóticas y en general todo tipo de mierdas que no comprarías ni borracho.
Una vez que vino Luis y tras descansar un poco, nos fuimos directamente a Brixton para el concierto de Weezer, que era en la icónica Brixton Academy, una de las mejores salas del mundo. Eso sí, sin aire acondicionado, pero a eso ya llegaremos. Fuimos a una pizzería excelente llamada Canova Hall, con precios muy competitivos y una cocina a la vista con unos pizzeros muy graciosos. Quizás demasiado graciosos, para mí que iban un poco puestos - eso sí, las pizzas estaban de puta madre. No queríamos beber mucho dentro del Brixton Academy pero Belén apareció con un vaso de dos pintas, más de un litro de birra. Al probarla, la suya estaba buena pero la mía sabía a rayos. Belén fue a reclamar y paso lo siguiente: la probó el encargado, también su jefe, decidieron que eso no era vendible y nos devolvieron el dinero de las dos birracas. Gratis total. Impensable en España.
Weezer estuvieron bien, de menos a más. Empezó sonando como el culo y acabó arriba del todo con dos de sus canciones más populares, Beverly Hills y Say It Ain't So, a toda tralla. Siempre es un placer volver al Brixton Academy, cuyo público es de lo mejor que hay en el mundo - entregado incluso en los momentos que Weezer no daban con la tecla adecuada respecto al sonido. Eso sí, la salida del concierto fue agobiante, por un único pasillo estrecho en el que podríamos tener 60 grados o así. Una puta sauna improvisada. Todos sudando como pollos.
De ahí nos fuimos a una fiesta indie, o eso decía Internet. Club de Fromage prometía temazos indies, confetti, concursos y de todo en el O2 Islington Academy. Llegamos y vale, la sala estaba bien - y se estaba fresquito - pero estaban poniendo Britney Spears, ABBA, música disco setentera y tal. Hicieron un concurso de hula-hop, otro de baile y cuando nos dimos cuenta, aquello parecía Magaluf, todo lleno de ingleses borrachos haciendo el gamba. Me fui a mear y escuché por algún sitio a Franz Ferdinand, así que mandé a la agente Belén a investigar. Belén volvió a los dos minutos - había otra sala, y estaban poniendo otro tipo de música. Nos fuimos de Magaluf y aparecimos en Manchester - una pista semivacía con un DJ poniendo temazo tras temazo. Lo pasamos cojonudamente, la verdad, que era de lo que se trataba.
Y el domingo, aparte de desayunar en un sitio estupendo llamado Hej Coffee e irnos de shopping, no recuerdo que hiciésemos nada más. Yo fui a mirar discos y Belén a sus tiendas favoritas - la mayoría no están en Barcelona, no porque sean exclusivas, simplemente porque no están, como Forever 21. Ya lo sé, nada de Buckingham Palace, o el Big Ben, o la Abadía de Westminster o el Museo Británico o su puta madre, pero ya volveremos. Siempre volveremos, a no ser que el Brexit lo impida.
Este fin de semana vamos al VIDA Festival y el siguiente estaré en el Mad Cool para ver a The Cure. Después, del 18 al 22, vamos a Bosnia a la boda de un amigo. Seguramente eso sí que nos proporcione una buena entrada de blog. Permanezcan atentos. ¡Y en nada nos vamos a Croacia!
Hola a todos desde Barcelona. Volvimos hace un par de semanas de Biarritz y tuvimos un gran Primavera Sound. Aún nos quedan poco menos de dos meses para las vacaciones, pero tenemos muchos planes. De hecho, en esta entrada de blog os contaremos qué tal nos fue en Biarritz y alrededores, en la siguiente hablaremos de la fiesta de San Joao en Oporto y de una escapada que haremos a Londres para ver a Weezer, y ya entraremos en materia con el viaje de este año. Ya estamos viendo qué hacer en Hvar y también en Escocia - de hecho, hemos sacado unas entradas para ver a Madness en Edimburgo y de renbote nos han metido de teloneros a The Lightning Seeds, que me gustan mucho más. Es como si un fan del rock duro va a ver a Europe y le meten de telonero a Metallica. Algo cojonudo.
Lo único malo de ir a Biarritz es que el vuelo de ida - hasta San Sebastián - fue a las 6 de la mañana, con sus muertos todos. El madrugón fue bestial pero conseguimos dormir en el avión, que iba medio vacío. El aeropuerto de San Sebastián es muy pequeño y bastante retirado de la ciudad, pero pegado a ciudades como Irún y Hendaya. De hecho, el aeropuerto hace frontera con Francia - hay un río, y detrás está Francia. Se podría ir en barco desde Francia al aeropuerto, lo cual estaría bastante guay pero no sé por qué, no lo hacen. Bueno, sí lo sé, porque el aeropuerto es una tartana que solo sirve vuelos a Madrid y Barcelona. Fuimos directamente a desayunar a Irún, a un sitio cojonudo, lleno de gente local, que hacían croissants con nata y un café buenísimo. Claro, este tipo de sitios deberíamos apuntarlos y ponerlos en el blog para que la gente se acuerde. Pero no nos llegamos a acordar que se llamaba Gaxen kafetegia y estaba en la calle Zuloaga Kalea, 8 de Hondarribia. Mala suerte, oigan.
Una vez que desayunamos, decidimos ir a Biarritz directamente, que está a pocos kilómetros, a menos de una hora de coche. Daba lluvia toda la mañana pero el pronóstico estaba equivocado, y más o menos a las 12 había un sol bastante guapo. Tras localizar dónde estaba la sala del concierto de Courtney Barnett, el muy coqueto Atabal, fuimos a un supermercado a comprar de todo, llamado E.Leclerc. Resulta que tenían unas galletas y mermeladas brutales, y compramos para hacernos un buen bocata para el concierto y mogollón de cosas que pensaba que durarían meses en casa, pero ya no los hemos comido todo. Heh.
De ahí nos fuimos al Faro de Biarritz, situado en una de las zonas más pijas que he visto en mi vida. Vaya sitio bonito, de verdad, un faro de hace 200 años completamente cuidado, con unas vistas maravillosas de la playa y el Mar Cantábrico. Claro, con 20 grados, sin lluvia y el cielo despejado es un sitio cojonudo, pero estos sitios hay que imaginarnos en Enero, con 10 grados bajo cero, un viento del copón y un frío que se te cala en los huesos. Tiene que ser maravilloso. Fuimos a la Catedral a tomar un café y de ahí nos fuimos a comer a un sitio cerca del Atabal, sencillo y buenísimo. Y de ahí, claro, fuimos al hotel y nos pegamos un siestorro de mil pares de cojones. Ah, qué gustito.
El concierto de Courtney Barnett fue brutal, tocando todas sus mejores canciones y dándolo todo en el escenario con sus dos lugartenientes, Bones y Dave, su bajista y batería, que son dos músicos brutales. Rock de verdad, sin autotune, y un público muy respetuoso - el silencio era total en las baladas, y muy poca gente grababa cosas con el móvil. Yo siempre llevo mi cámara, que molesta menos, y grabé algunas canciones. Courtney estuvo simpática en el escenario y el grupo que tenía de teloneros, Our Girl, también estuvo espectacular. La esperamos fuera del Atabal durante más de una hora junto con unos chicos que habían venido de Zaragoza, Soria y Bilbao y con los que seguimos en contacto. Cuando por fin salió - me pregunto qué hizo durante más de una hora en el backstage de una sala de mierda - estuvo muy amable con nosotros, hablando con nosotros durante un buen rato, haciéndose las fotos que hiciesen falta y firmando lo que tuviese que firmar.
Por la mañana nos fuimos a Bayona, que está a apenas 5-10 kilómetros de Biarritz. Bonita ciudad, espectacular catedral con un claustro muy curioso y tiendas bastante interesantes. Había un sitio que era mitad restaurante mitad tienda de discos que era una pasada. Ahora, cuando vimos que no les íbamos a comprar nada, nos miraron como diciendo "vaya, más españoles sin un puto duro, qué pena de gente". Bueno, qué le vamos a hacer, cojones. También fuimos a San Sebastián, a unos 50 kilómetros y tras pasar unos tres millones de puestos de peaja. Por Dios, qué hijos de puta. Estábamos a 25 grados y pudimos disfrutar de sus pintxos y ver la Playa de la Concha desde la distancia. También quedamos con un amigo georgiano, Beqa, jugador profesional de baloncesto, al que le esperan grandes cosas. Es un crack, con los pies en el suelo y listo para dejarse el alma en la pista.
Respecto al Primavera Sound, lo pasamos bastante bien y destacamos cuatro conciertos. Courtney estuvo bien, pero la magia de un concierto en una sala de 400 personas no es lo mismo que tocar en un megafestival delante de 20,000 jipis. Aun así fue de lo mejor del festival y dio una auténtica lección de rock. Stereolab, que volvían tras muchos años sin tocar, sonaron muy potentes. Lizzo, en el escenario de la playa al final del festival, en la zona electrónica, donde Cristo perdió el machero porque al muy carajote se le cayó en la arena de noche cuando estaban los focos apagados... Pues ahí tocó Lizzo, en el mismísimo quinto coño, dando un recital tremendo. Deerhunter completarían el poker de ases.
Es todo lo que tenemos por el momento, que no es poco. ¡Nos vemos cuando volvamos de Londres! Sospechamos que el concierto de Weezer va a ser una mierda, pero esperamos equivocarnos...