domingo, 31 de mayo de 2026

Maldivas, Día 3: playas perfectas, cartas extraviadas




Hola otra vez. Una vez descubierto el paraíso de Isla Rica en las Maldivas, estaba claro cuál era la prioridad para nosotros. Estaba claro que no nos podíamos quedar por ahí escondidos porque la isla es como un bunker militar y fijo que nos habrían encontrado y probablemente deportado, así que pedimos amablemente que nos dejaran un poquito más, como cuando te despiertas para ir al cole y no te sale de los huevos ir a ningún sitio. Por cierto, cómo mola que suena la alarma y descubras que es sábado. Ah, qué sensación, esa de decir, tengo que irme a NOOOOOOOOO HOY NOOOOOOOOOO.

No es el caso, vaya. Fueron muy amables con nosotros y nos dejaron quedarnos cuatro horas más de lo permitido, hasta las 16:00. De hecho, encontré una buena oferta para quedarnos una noche más pero decidimos no aceptarla por dos motivos principales. Primero, que para que las cosas sean especiales se tienen que tener en pequeñas dosis. Y segundo, porque Mohamed estaba preocupado en Isla Pobre pensando que nos habían secuestrado, o que nos había devorado una jauría de tiburones, o algo así. Me lo imaginaba llorando al lado de la chimenea, sudando como un cabrón porque a quién se le ocurre poner la chimenea con el calor que hace en las Maldivas. En fin.





Hicimos lo correcto en una situación así. Teníamos el desayuno pagado pero no el almuerzo: esta gente son generosos pero no son gilipollas, así que hicimos unos bocatas para luego. Decidimos darle una oportunidad a la playa que había justo al lado del restaurante donde desayunamos y resultó ser ESPECTACULAR. Aguas turquesas, arena fínisima, garzas pululando por ahí, peces grandes... una auténtica pasada. Quizás mejor que la lengua de arena, que era más bonita pero hacía mucho más viento. Creo que Playa Desayuno es de las mejores playas que hemos visto en nuestras viajeras vidas, ahí arriba con Cape Tripulation en Cairns, Ses Illetes en Formentera y Oludeniz en Turquía, así a bote pronto.

Nos fuimos andando con calma hasta la lengua de arena, era un paseo largo pero no teníamos ninguna prisa. Lo típico que te paras, porque hay tumbonas por todas partes, te bañas, sigues, te echas unas risas, y así hasta llegar. Uno de esos paseos que se recuerdan toda la vida. Para el recuerdo fue una parada que hicimos en una de las piscinas a medio camino entre Playa Desayuno y la lengua de arena. Un bañito, los bocatas y una partida de cartas. La buena vida.






Al final nos cansamos, porque la isla de larga, y usamos el carrito de golf, medio oficial de transporte de Aventura Global, hasta el sandbank, la lengua de arena. Estoy intentando no utilizar anglicismos e igual estoy haciendo el gilipollas, pero creo que es menos pedante, la verdad. Lo increíble es que llegamos al final de la isla, a la punta de la lengua de arna, miramos para atrás y estábamos completamente solos, ni un alma. El día anterior había una rusa operadísima que nos hizo el reportaje fotográfico que usamos en la felicitación navideña. Encantadora, la verdad. Esta vez estábamos solos y creo que no se me olvidará fácilmente la sensación de paz que sentí. Los dos trabajamos muy duro, con mucho estrés, y tener esos momentos de privilegio absoluto, de paz total, no es fácil, pero desde luego es merecido.



Aproveché las circunstancias para cagar en el mar por primera vez en mi vida. Hey, ya que no había nadie, cuándo iba a tener una ocasión así. Esto os lo podéis creer o no, claro. Igual os estoy vacilando. Igual no.





Esperamos a que llegase el carrito de golf y fuimos de punta a punta de la isla hasta la recepción. Al llegar tenían nuestras bolsas, bueno, todas menos una. Había una bolsa de Primaprix que no estaba, así que pedimos que la trajeran. Esto retrasó nuestra salida de la isla durante más o menos media hora. Nos dijeron que no la encontraban, que sería muy poco probable, pero al final apareció. La bolsa del Primaprix no tenía nada de verdadero valor dentro, lo cual hizo que la situación fuese aún más ridículo. Era una bolsa con un color muy cantoso, era imposible no verla, yo creo que se veía desde Isla Pobre.







Cogimos el ferry ese de los dos minutos hasta llegar a Isla Pobre, donde nos esperaba Mohamed con visibles signos de preocupación, cual padre cuando su hijo mayor sale de noche por primera vez, le dice que vuelva a las 12, son las 3 de la mañana y el hijoputa del niño todavía está pegando saltos en la discoteca de turno. Estábamos disfrutando del atardecer en Isla Pobre cuando nos dimos cuenta de algo: nos habíamos olvidado las dos barajas de cartas en la piscina de Isla Rica. Mierda, y ahora qué hacemos. Fuimos a un Todo a 100 Rupias a ver si encontrábamos algo, qué íbamos a hacer sin las putas cartas, era un desastre. La dependienta nos dijo que no había... pero encontramos dos barajas de cartas. Espero que la pava no se encargue del inventario nuclear de Corea del Norte, porque si no, vamos jodidos.

Tras cenar en el Lemon Drop, fuimos un rato a la playa y vimos Isla Rica en la relativa lejanía, porque está cerca: ahí es donde descubrimos que llegaba el wifi. Lo pasamos bien en Isla Rica, pero Isla Pobre nos iba a sorprender muchísimo. La combinación de las dos cosas, como dijo Belén, fue perfecta. Os dejo con mi vídeo favorito del día. ¡Disfrutad!

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