sábado, 30 de mayo de 2026

Maldivas, Día 2: de Isla Pobre a Isla Rica



Hola a todos. Tras dormir 13 hora seguidas para superar el jet lag rápidamente, llegó el momento. Belén tomó una decisión que sería clave en nuestro viaje: pasaríamos la semana en Maldivs en una isla local, con playas espectaculares pero en contacto con la cultura local. Eso sí, una noche, solo una, rollo Cenicienta, nos iríamos a la isla resort de enfrente, Kuramathi, un pequeño paraíso en el que celebraríamos su cumpleaños. Decidimos dejar las cosas en el Beach Cottage sin decirle a Mohamed que nos íbamos a la otra isla. Al volver estaban superpreocupados de que nos hubiese pasado algo. Cosas que pasan.





Tras pasar por la ducha open air y mear con un poco de miedo a que me picase un mosquito en algún sitio incómodo como, no sé, la punta de la polla... Nos dirigimos hasta el puerto de Rasdhoo para coger el ferry. Dimos mil vueltas hasta que un jipo nos orientó un poco. Resultó que el sitio donde había que coger el barco estaba al lado del Lemon Drop, así que fuimos a desayunar y echar una rápida partida de cartas. Por fin llegó el ferry, que habíamos pagado por adelantado con un poco de descuento, 25 dólares por persona. Tardamos dos minutos en llegar. Dos minutos, 50 pavazos. No es mal negocio.










Llegamos a Kuramathi, la isla resort. Es exactamente así, toda la isla es un resort. Pasé el resto del viaje pensando cómo mierda podría volver sin que se diesen cuenta, porque creo que se puede llegar nadando, y llegué a la conclusión que era más fácil escapar de Alcatraz que meterte en esta isla sin pagar. Llegamos a la recepción, donde todo era amabilidad. Tengo que decir que el precio de una noche en este resort era más que una semana en Isla Pobre, así que más vale que fuesen amables. La recepción era algo así como un búnker de ricos. Nos explicaron que la isla estaba dividida en tres áreas, con tres piscinas y tres restaurantes, los tres con el mismo catering. Te podías mover por donde quisieras, ya fuese andando o en carrito de golf, históricamente el medio de locomoción favorito de Aventura Global.





Isla Pobre es musulmana y el alcohol está prohibido. Isla Rica, en cambio, tenía un culto muy fervoroso al dinero y podías beber lo que quisieras. Nuestro régimen era de pensión completa, pero había que pagar las bebidas a precio de Isla Rica, o sea, rozando lo astronómico. Pero qué coño, estábamos de vacaciones y habíamos volado gratis, así que no había problema. Además, Belén había conseguido un precio muy competitivo en ambas islas a base de perseverar durante meses, así que todo bien, no vamos a ir haciendo el rata en las Maldivas, pero quién os pensáis que somos, coño.




Tras dejar las maletas en la espectacular habitación que nos dieron, fuimos a la playa de al lado. Todas las habitaciones tienen una playa al lado. Obviamente, cuanto más cara es la habitación, más chachi es la playa de al lado. La nuestra estaba prácticamente en medio de la jungla, con muchos cangrejitos pequeños que pesarían poquísimos gramos deslizándose por la playa a una velocidad espectacular, como si se los llevara el viento, pero controlando. Comimos en el buffet, que tenía de todo (volvemos a las restricciones de Isla Pobre, en la que no había nada que tuviese cerdo).






>br>Pillamos el carrito de golf, coche oficial de Avantura Global, en este casi tripulado por los locales, y nos llevaron al sunbank, la playa más bonita de la isla, una lengua de arena que se acababa en el mar, una maravilla absoluta, con aguas truquesas a la temperatura perfecta. Al llegar vimos que había un inmenso triángulo, y aquello fue un momento mágico. Habíamos grabado unos vídeos en Barcelona para hacer una felicitación navideña graciosa. Parte de la decoración navideña de la Gran Vía incluye figuras geométricas iluminadas, y había un triángulo. Simulamos que era un triángulo mágico que nos teletransportaba a las Maldivas. Cuando vimos el triángulo justo en la playa, hicimos vídeos para que fuese el punto de salida. La felicitación navideña quedó increíble y la podéis ver aquí:




Pasamos un buen rato en la playa, que estaba decorada con motivos navideños. Luego fuimos a una de las piscinas de la isla a beber una cerveza y una copa de vino blanco que nos supo a gloria. Belén había encargado un pastel sin azúcar para la cena y nos costó hacernos entender, pero en el resort cumplieron con su palabra y Belén pudo festejar su cumpleaños con un pastel. Hasta le cantaron el Happy Birthday con más arte que Carmen de Mairena (bueno, no). Volvimos al bungalow con su cama gigante y su jacuzzi que no funcionaba, no hubo manera de que hiciese lo que tenía que hacer.





Fue el mejor cumpleaños que recuerdo. No solo de Belén, de cualquier persona que conozca. Llevábamos dos días en Maldivas y ya teníamos recuerdos como si llevásemos allí un mes.

Y lo mejor estaba por llegar...

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